Apple y el supuesto “iPhone Duo”: no hay reemplazos por fallos de bisagra

Apple no vende hoy, ni respalda de forma oficial, ningún dispositivo llamado “iPhone Duo”. Eso es lo que muestran tanto su catálogo oficial como sus canales públicos de soporte, aunque en estos días haya empezado a moverse con fuerza un informe sobre un supuesto programa de sustitución por fallos de bisagra. Así que conviene leer todo esto con cuidado: ese producto no figura en el catálogo oficial de la compañía.

Dicho de otra forma, Apple no comercializa ni da soporte oficialmente a ningún equipo con ese nombre. Tampoco ha hecho anuncios públicos sobre un programa de reparación o reemplazo ligado a ese supuesto iPhone Duo. Con ese punto de partida, cualquier versión sobre sustituciones a gran escala, directrices internas o un reconocimiento formal del fallo merece bastante cautela.

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La propia base de la historia ya hace saltar una alarma. El caso se cuenta como si Apple hubiera lanzado hace poco un iPhone plegable, o de doble pantalla, y los problemas hubieran aparecido ya en su primer fin de semana de uso. Eso, tal como está planteado, no encaja con la situación real del mercado.

Según ese reporte, algunos usuarios se habrían encontrado con fallos en la pantalla interior nada más abrir el dispositivo. Entre los síntomas citados aparecían líneas verticales y horizontales en la parte derecha del panel interno, a veces sin golpes previos y sin un uso especialmente brusco.

También se decía que varias unidades de demostración en tienda habían mostrado el mismo comportamiento. Ese detalle reforzaba la idea de que podía haber un problema de diseño o fabricación.

Hay otro matiz dentro del propio relato. Las unidades enviadas para análisis y reseñas, siempre según esa versión, no parecían sufrir ese defecto. Eso apuntaría más a una tanda de fabricación concreta que a un fallo generalizado, claro, siempre partiendo de una hipótesis previa: que el producto existiera de verdad.

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La explicación técnica que acompañaba al rumor colocaba la bisagra en el centro de las sospechas, sobre todo en la zona de transición entre el hueco del cable flexible y el soporte central.

La teoría decía que en ese punto coincidían varios bordes estructurales capaces de ejercer presión sobre la pantalla interna. Como idea, suena plausible en cualquier dispositivo plegable, porque la durabilidad del mecanismo y del panel flexible sigue siendo uno de los grandes problemas de esta categoría. Pero aquí falta la pieza principal: no hay constancia pública de que Apple haya lanzado el producto al que se le atribuye ese fallo.

La confusión más probable apunta a Surface Duo, la familia de dispositivos de doble pantalla de Microsoft, que debutó en 2020 y tuvo una segunda generación en 2021. Aun así, eso tampoco significa que los problemas descritos encajen del todo con ese equipo. Las quejas de hardware más conocidas sobre Surface Duo se centraron, sobre todo, en grietas del marco de plástico alrededor del puerto USB-C, no en un supuesto panel plegable de Apple dañado por la bisagra.

Apple lleva años apareciendo en rumores y patentes relacionados con pantallas flexibles. Justamente por eso historias como esta prenden tan rápido: mezclan un dispositivo muy esperado con un tipo de avería que la industria todavía no ha terminado de resolver. A día de hoy, no hay pruebas sólidas de que Apple esté sustituyendo un “iPhone Duo” defectuoso, por una razón bastante simple: oficialmente, ese dispositivo no existe.

iPhone X cumple hoy nueve años: el iPhone que redefinió el smartphone moderno

Apple puso a la venta el iPhone X el 3 de noviembre de 2017, después de enseñarlo el 12 de septiembre como el modelo conmemorativo del décimo aniversario del iPhone. Nueve años más tarde, sigue apareciendo en cualquier repaso serio a la historia de Apple. Y no por nostalgia. Aquel lanzamiento cambió la forma de entender el smartphone moderno: pantalla casi sin marcos, navegación por gestos, reconocimiento facial en 3D y un precio de entrada de 999 dólares que arrastró a todo el mercado hacia una gama alta mucho más cara.

Con el iPhone X, Apple dejó atrás la estética clásica que había acompañado al iPhone durante diez años.

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Desapareció el botón Home, una de las señas de identidad del dispositivo desde 2007, y en su lugar apareció una interfaz basada en gestos que hoy, dentro de iOS, ya se siente de lo más normal.

También fue el estreno de la pantalla OLED Super Retina, de borde a borde. El teléfono se veía más avanzado, sí, pero además marcaba bastante bien por dónde iban a ir los móviles premium en los años siguientes.

El otro gran estreno fue Face ID.

Apple cambió Touch ID por Face ID, un sistema de autenticación facial apoyado en la cámara TrueDepth, con sensores infrarrojos y un proyector de unos 30.000 puntos capaz de generar un mapa facial en 3D, según la propia Apple.

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Al principio hubo recelo, sobre todo por la desaparición del lector de huellas. Aun así, Face ID acabó asentándose como una de las funciones centrales del ecosistema iPhone y terminó reforzando una idea que entonces todavía generaba dudas: que la biometría facial podía ser lo bastante segura para desbloquear el teléfono, autorizar pagos y abrir aplicaciones sensibles.

Y luego estaba el notch, el recorte superior donde iba alojado todo el sistema TrueDepth.

En su estreno recibió críticas por todas partes, pero con el tiempo influyó en un buen número de fabricantes Android y Apple acabó reconvirtiendo esa pieza en lo que hoy conocemos como Dynamic Island.

El iPhone X también llegaba con el chip A11 Bionic y arrancaba en 999 dólares. Fue el primer iPhone en tocar ese precio de salida, una cifra que después se convirtió en referencia para una gama premium que hoy se mueve con bastante naturalidad por encima de los 1.000 dólares.

Pese a las dudas iniciales por el precio, el iPhone X funcionó muy bien en ventas.

En el primer trimestre de 2018 se convirtió en el smartphone más vendido del mundo, con unos 16 millones de unidades enviadas, según Counterpoint Research. A finales de agosto de ese mismo año, sus envíos acumulados rondaban ya los 63 millones, también según Counterpoint Research.

Su peso histórico, de todos modos, no se explica solo por esas cifras. Muchos analistas lo ven como el dispositivo que marcó la dirección del smartphone moderno: más pantalla, menos marcos, controles gestuales, autenticación facial y una política de precios cada vez más ambiciosa.

Apple clasificó el iPhone X como producto vintage en 2024 y, de acuerdo con informes recientes, el modelo ya está entrando en la fase final de su ciclo de soporte.

Cuándo cerrará del todo esa etapa todavía no se sabe, algo bastante habitual en Apple. Más aún ahora, cuando la compañía ya tiene la vista puesta en el esperadísimo iPhone del 20.º aniversario previsto para 2027.

Las hojas caídas pueden dañar tu coche en 24 a 48 horas

En otoño, hojas caídas pueden estropear la pintura de un coche en solo 24 a 48 horas si se mojan y empiezan a pudrirse. Dejar el coche bajo un árbol puede salir bastante más caro de lo que parece. No es solo una cuestión de suciedad: incluso una acumulación pequeña puede acabar en humedad, moho, fallos eléctricos o, ya en marcha, más riesgo al volante.

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Uno de los daños más rápidos aparece en el capó, el techo o el maletero. Cuando las hojas se descomponen, sobre todo si están mojadas, sueltan ácido tánico y otros compuestos ácidos que van atacando la laca y la pintura.

Ese contacto de las hojas húmedas con la carrocería deja manchas muy visibles, a veces con la forma exacta de la propia hoja, los famosos “tatuajes” de hojas. Si lo pillas a tiempo, puede bastar con un buen lavado. Si dejas pasar uno o dos días, en cambio, la marca puede quedarse fijada y tocará pulir a máquina para recuperar la superficie.

Hay otra zona delicada: la base del parabrisas, el área del cortafuegos y los desagües del techo solar. Cuando se juntan hojas ahí, el agua deja de evacuar como debería y puede acabar entrando en el habitáculo.

Y ahí empiezan otros problemas. Si entra agua en el interior, aparecen óxido, malos olores, moho, tapicerías húmedas y daños en componentes eléctricos. En los coches modernos, además, muchos módulos y conexiones van repartidos por zonas bajas del vehículo, así que una obstrucción de lo más simple puede terminar en una reparación cara.

Las hojas también tapan entradas de aire y saturan los filtros, tanto el del motor como el del habitáculo. El resultado se nota: el coche ventila peor, calienta menos, puede rendir menos y gastar más. A veces incluso sube la temperatura más de la cuenta.

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Cuando limpies, merece la pena abrir el capó y mirar si se han quedado restos acumulados cerca del motor. Si quieres ir sobre seguro, revisa también el filtro de aire del motor y el del habitáculo. Y si no sabes cómo hacerlo, mejor dejarlo en manos de un profesional.

En carretera, además, las hojas mojadas se parecen bastante al hielo. Quitan tracción y facilitan los derrapes, sobre todo al frenar o al girar. También pueden tapar marcas viales y esconder baches.

Para quitar las hojas del capó y del parabrisas, lo más seguro suele ser hacerlo a mano, así no las empujas hacia los desagües o las tomas de aire. Un soplador puede servir si lo usas a baja potencia, pero con hojas mojadas funciona peor y además puede mover residuos hacia zonas sensibles.

Lo más sensato es no dejar que se acumulen. Retira las hojas a menudo, lava el coche y aplica cera para crear una barrera frente a esos residuos ácidos. Si puedes evitarlo, no aparques bajo árboles. Y hay dos riesgos extra que conviene no perder de vista: las hojas secas que quedan bajo el coche pueden tocar partes calientes del escape y, en algunos modelos, también pueden llegar a tapar cámaras o sensores de ayuda a la conducción.

Binance ya sufre retiradas de 3.600 millones tras el mayor robo cripto

Binance, el mayor exchange de criptomonedas por volumen, acumula una salida neta de unos 3.600 millones de dólares desde que reabrió los retiros el 1 de noviembre, después del hackeo del 29 de octubre. Los datos que han ido publicando analistas y firmas de análisis on-chain apuntan a lo siguiente: los clientes retiraron cerca de 4.600 millones de la plataforma, mientras que los depósitos se movieron en torno a 1.000 millones.

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El golpe a la confianza ya aparece, negro sobre blanco, en las cuentas de Binance.

Todo esto ocurre apenas unos días después del robo de entre 6.300 y 6.400 millones de dólares. Para analistas y empresas de análisis en cadena, ya no hay mucha discusión: sería el mayor hackeo visto hasta ahora en la historia del sector cripto, muy por encima del asalto de 1.500 millones sufrido por Bybit en febrero de 2025.

Con las cifras sobre la mesa, la salida neta representa alrededor del 2,1% de los 171.000 millones en activos bajo gestión que tenía Binance. No es un porcentaje que apunte a una retirada masiva total, pero sí deja ver el nerviosismo de una parte de los usuarios después del incidente.

Binance ha tratado de contener esa inquietud con un mensaje muy claro: los clientes no cargarán con el coste del robo.

La compañía asegura que ya ha repuesto la mayor parte de los fondos sustraídos con su fondo SAFU y con recursos propios. Distintos informes sitúan esa cobertura ya ejecutada entre el 90% y el 95%, y directivos de Binance han dicho además que el resto de las pérdidas también se absorberá dentro de la propia empresa.

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La investigación dio un giro importante cuando el FBI atribuyó el ataque a TraderTraitor, un grupo vinculado a Corea del Norte y relacionado con Lazarus, una organización que ya había sido señalada en otros robos multimillonarios de criptomonedas. Esa conclusión vino a confirmar lo que varios investigadores privados y especialistas en ciberseguridad ya sospechaban.

Al mismo tiempo, Binance, sus socios dentro del ecosistema blockchain y las fuerzas de seguridad consiguieron congelar una parte relevante de los activos afectados. Varios informes sitúan esa cantidad en unos 3.000 millones de dólares, con más de 1.560 millones en USDT bloqueados por Tether y más de 800 millones en USDC inmovilizados por Circle.

Después de suspender inicialmente los retiros, Binance fue reactivando el servicio por fases, según la red y el tipo de activo. Primero volvieron Ethereum, USDT, USDC, los activos de BNB Smart Chain, Dogecoin y Avalanche. Para el 2 de noviembre también se habían restablecido los retiros en dólares.

Sobre el origen de la intrusión, las primeras informaciones publicadas apuntaban al portátil comprometido de un ingeniero de DevOps como puerta de entrada desde la que se autorizaron retiros fraudulentos. Más tarde, sin embargo, la propia Binance señaló que la investigación había detectado puntos de acceso adicionales, algo que apunta a una operación bastante más compleja. Por ahora no hay indicios públicos de una filtración de claves privadas de monederos.

El caso ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la seguridad de los grandes exchanges y hasta qué punto hace falta una supervisión más estricta. Varios analistas y reportes del sector sostienen que los reguladores de Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos y Corea del Sur siguen el incidente de cerca. A la vez, distintos especialistas insisten en la misma idea: el problema vuelve a estar en los procesos internos y en la seguridad operativa, más que en la tecnología blockchain en sí.

Mientras tanto, Binance ha seguido reactivando los retiros por etapas y trabajando con socios del ecosistema blockchain y con las fuerzas de seguridad para inmovilizar parte de los fondos afectados.

WhatsApp despliega ya acciones de texto: atajos para teléfonos, fechas y direcciones

WhatsApp ha empezado hoy, por lo que se sabe hasta ahora, a activar en Android y en iOS una nueva función llamada acciones de texto en los mensajes. La idea es bastante directa: si la app detecta dentro de un mensaje algún dato que puede servir para hacer algo útil, te enseña un atajo en ese mismo momento para que no tengas que dar más vueltas. Todo eso, además, sin tocar el cifrado de extremo a extremo, porque la detección ocurre en el propio dispositivo.

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En el uso diario, la diferencia es clara. Ya no haría falta copiar y pegar un número de teléfono, una dirección o una fecha en otra aplicación para hacer algo con esa información. A simple vista parece un cambio menor, pero apunta justo a esa clase de comodidad que se nota mucho en conversaciones donde se comparten planes, ubicaciones o contactos todo el tiempo.

La función reconoce de forma automática ciertos formatos de texto, tanto en mensajes recibidos como en los que uno mismo envía. En concreto, WhatsApp identifica números de teléfono, fechas y horas, direcciones físicas y correos electrónicos, y los marca con un subrayado punteado. Al tocar cualquiera de esos elementos, aparece una ventana emergente con el fragmento exacto que la aplicación ha detectado y varios accesos directos relacionados. Si el usuario no quiere hacer nada, puede ignorar la sugerencia y seguir chateando como siempre.

El atajo cambia según el dato que encuentre. Si es un número de teléfono, WhatsApp puede dar la opción de guardarlo en contactos, llamar directamente o copiarlo. Si detecta una fecha o una hora, la app puede llevar a crear un evento en el calendario. Con una dirección, lo esperable es que abra la ubicación en la aplicación de mapas para consultar indicaciones, y si lo que reconoce es un correo electrónico, el sistema puede abrir el cliente de correo predeterminado para redactar un mensaje. En conjunto, no son acciones nuevas en sentido estricto, porque ya estaban ahí de una forma u otra, pero ahora quedan bastante más cerca.

La parte delicada aquí es la privacidad, y WhatsApp ha planteado esta novedad justo por ese lado. Con la información que hay, la detección del texto se hace en el propio dispositivo mediante reconocimiento de patrones, por ejemplo usando expresiones regulares, sin que el contenido del mensaje tenga que salir hacia los servidores de Meta. Eso significa que el cifrado de extremo a extremo no cambia con la llegada de esta función: las conversaciones siguen protegidas y los atajos se generan de manera local para ofrecer esa capa extra de comodidad.

Estas acciones de texto acercan WhatsApp a una experiencia que muchos ya han visto en otros entornos, como la detección inteligente de datos en iMessage de Apple, con una diferencia obvia: aquí hablamos de una plataforma multiplataforma y con un alcance mucho mayor. También encaja bastante bien con otras mejoras recientes de WhatsApp apoyadas en funciones locales del dispositivo, como la traducción de mensajes o algunas herramientas pensadas para frenar estafas.

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Como suele pasar con WhatsApp, el despliegue parece ir por fases, al menos de momento, y todavía hay muy poca información sobre qué países lo están recibiendo antes, cómo rinde según el idioma o qué primeras reacciones está dejando entre los usuarios. Cuánto tardará esta actualización en llegar a más cuentas sigue siendo, por ahora, difícil de anticipar.