Babylon 5 se estrenó en 1994, pero en 2023 volvió a ganar impulso con el estreno de la película animada Babylon 5: The Road Home y con los intentos de su creador, J. Michael Straczynski, junto a Warner Bros. Television, por sacar adelante un reboot en una nueva plataforma.
Tantas décadas después de aquel debut, Babylon 5 sigue apareciendo una y otra vez cuando se habla de ciencia ficción televisiva. Triunfó en su momento, sí, pero además acabó marcando el rumbo de buena parte del género.
Creada por J. Michael Straczynski, Babylon 5 convirtió una estación espacial en el centro de una historia enorme sobre guerra diplomacia, religión y destino. La idea de Straczynski reunía dos pulsiones que rara vez conviven tan bien: por un lado, un asombro científico muy cercano al espíritu de Carl Sagan, con curiosidad, cierta sensación de realismo y fascinación por lo desconocido; por otro, una construcción mítica que muchos han comparado con J.R.R. Tolkien, con civilizaciones antiguas, profecías, conflictos entre eras y un relato de escala casi legendaria.
De ahí salió una serie con una personalidad muy distinta a la de otras ficciones espaciales de los 90. Más que plantearse como una aventura semanal, Babylon 5 quería contar la historia de un universo que estaba cambiando, y lo hacía como una “novela para televisión”, con un arco argumental pensado para cinco temporadas completas. En aquella época, dominada por episodios cerrados, eso no era precisamente lo normal.
Y se notó.
La serie construyó una narrativa de largo recorrido en la que decisiones que parecían menores acababan teniendo consecuencias años más tarde. Personajes, alianzas y traiciones no se quedaban quietos, sino que evolucionaban con el tiempo. Hoy eso puede parecer de lo más habitual; entonces, en cambio, ayudó a abrir camino a otra manera de hacer televisión.
Parte del legado de Babylon 5 también está en los temas que se atrevió a tocar, y con una ambición poco frecuente: la guerra y la paz, el auge del autoritarismo, el choque entre religión y poder, el libre albedrío y, al final, la propia condición humana. Todo eso tomaba forma dentro de un universo interestelar levantado con mucho cuidado, lleno de historias antiguas, tensiones diplomáticas y arcos emocionales que hacían que sus conflictos pesaran de verdad.
Había naves, claro, pero Babylon 5 iba bastante más allá de eso. Era también una reflexión sobre cómo las sociedades se destruyen, se reinventan y recuerdan. A eso se suma que fue pionera en el uso de CGI para efectos visuales en televisión a comienzos de los 90, una apuesta que ayudó a modernizar la imagen de la ciencia ficción en la pantalla pequeña y que terminó acompañada por dos premios Hugo y un premio Saturn.
Su influencia se deja ver después en producciones como Lost, Battlestar Galactica y The Expanse, herederas en distinta medida de su forma de entender la serialización y de su complejidad política.
Ese nuevo impulso también ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre el legado de Babylon 5, todavía muy concentrado en Estados Unidos y Reino Unido, mientras que su recepción global, sus lecturas filosóficas y económicas o su papel pionero en la relación en línea entre creador y fans siguen bastante menos explorados. Lo que todavía no se sabe es cuándo llegará ese reboot de Babylon 5 a una nueva plataforma.