Google ha dado un giro significativo en su política de desarrollo de inteligencia artificial (IA), eliminando su compromiso anterior de no participar en la creación de tecnologías peligrosas, incluidas las armas.
Este cambio se produce en un contexto donde la empresa había prometido, en versiones anteriores de sus principios de IA, que no desarrollaría tecnología cuyo principal objetivo fuera causar daño a las personas o facilitar la vigilancia que violara normas internacionalmente aceptadas.
Google obligada a apostar por el negocio, en contra de sus valores fundacionales
En 2018, Google rechazó renovar su contrato con el gobierno para el ‘Project Maven’, que se centraba en el análisis de vigilancia de drones, y no participó en un contrato de nube relacionado con el Pentágono, citando preocupaciones éticas.
Sin embargo, en 2022, se descubrió que la participación de Google en ‘Project Nimbus’ había suscitado inquietudes sobre la posible facilitación de violaciones de derechos humanos, lo que llevó a tensiones internas y protestas entre los empleados de la compañía.
El CEO de Google DeepMind, Demis Hassabis, ha afirmado que las democracias deben liderar el desarrollo de IA en un entorno donde se teme una carrera armamentista.
Su declaración se produce en medio de temores de que la tecnología de IA pueda ser utilizada en conflictos bélicos, como en la creación de supersoldados, lo que resuena con la idea de un posible enfrentamiento mundial, especialmente entre Estados Unidos y China.
A medida que el gobierno de Estados Unidos busca asociarse más con gigantes tecnológicos para mejorar su capacidad militar, se cuestiona si la tecnología debería centrarse en la mejora del mundo o en maximizar los beneficios a través de contratos gubernamentales.
Mientras Google busca nuevas oportunidades en este campo, la comunidad internacional observa con recelo las implicaciones éticas y sociales de estos desarrollos.