¿Qué pasa cuando un niño grande con claras carencias emocionales tiene todo el dinero del mundo? Pues que se comporta como un malcriado. Como podréis adivinar, hablo de Elon Musk, el magnate que controla Tesla, SpaceX y Twitter, pero no su propia vida. Y es que después de apoyar a Donald Trump e insinuar que en este mundo con un fajo de billetes puedes hacer lo que quieras (tiene razón, tristemente) ahora amenaza con hacerse con todo aquello que le molesta mínimamente. En este caso, el juego de rol más famoso de la historia.
Dragones y mazmorras, versión woke
Una riña de colegio donde Musk se ha empeñado en tener razón (a pesar de que no la tiene en absoluto) puede ser el motivo por el que acabe comprando la empresa juguetera más potente del mundo. Os cuento: todo empezó con un libro sobre cómo se hizo Dungeons & Dragons para celebrar su 40 aniversario, en el que Jason Tondro se distancia de su creador original, Gary Gygax.
Concretamente, lo que escribe en el prólogo es que el lenguaje original de Dungeons & Dragons (cuya primera edición fue publicada en 1974) es “insensible y despectivo, con palabras que pueden hacer daño a gente con discapacidad física o mental, o que sea viejo, gordo, no atractivo de forma convencional, indígena, negro o mujer”. También aclara que era lógico, dado que fue escrito por dos hombres para un público eminentemente masculino, blanco y de clase media. Y tiene sentido.
A Elon Musk y su séquito de lamebotas no le ha gustado nada este prólogo, y ha respondido afirmando que “Nadie, y digo nadie, tira a la basura a E. Gary Gygax y los genios que crearon Dungeons & Dragons”. ¿Y en qué ha acabado la cosa? En Musk preguntando si podría comprar Hasbro, y con ella D&D, Magic y cientos de licencias más a los que podrá quitar cualquier tipo de avance social que haya ocurrido en los últimos 50 años. Por surte, probablemente se olvide de sus intenciones en cuenta vea una piruleta que le guste más y a la que poder acusar de woke desde su red social moribunda. Para lo que hemos quedado.