Para Skydance, una empresa que acaba de formarse de la fusión de dos grandes como Warner y Paramount, ganarse titulares como “3000 despidos” no es precisamente positivo. Por eso, tratando de evitar las quejas en redes sociales y las crisis reputacionales, el conglomerado ha dado con la clave para despedir sin hacerlo realmente: aumentar los problemas dentro de la empresa y ofrecer como única solución marcharse con viento fresco.
Se acabaron los privilegios
La empresa está ofreciendo a los empleados, solo por una vez, dinero a cambio de que se vayan de manera voluntaria. Cada uno tendrá unas condiciones diferentes, y tendrá un periodo de tiempo para aceptarlas o no, a sabiendas de que después puede llegar la espada de Damocles y cortarle la cabeza sin mayor problema. David Ellison lo está vendiendo como una gran oportunidad, pero realmente es una manera de evitar problemas futuros.
Pero claro, es difícil convencer a gente que lleva veinte años trabajando en un mismo puesto que coja las maletas y se vaya, así que Skydance ha decidido poner palos en las ruedas para obligar a gran parte de la empresa a marcharse: obligar a retomar la presencialidad cinco días a la semana. Claro está, a los padres y madres solteros no les ha sentado nada bien, y los que viven lejos del estudio probablemente se estén replanteando sus prioridades. Un movimiento maestro y maquiavélico por parte de la empresa: añadir pegas para que renunciar sea más sencillo.
“Por favor, tened en cuenta que no nos tomamos nada de esto a la ligera. Tenemos claro lo que estamos construyendo: una empresa que cuenta las historias que la gente ama alrededor del mundo, abraza nuevas maneras de conectar con el público y lidera la próxima era del entretenimiento mediático. Tenemos el talento, la fuerza creativa y la ambición para hacerlo, y lo conseguiremos juntos“, han dicho en un comunicado donde no explican que la gente que se vaya no podrá volver a trabajar para una producción de Skydance en al menos 36 meses. Evitarán los titulares, pero no la vergüenza.