La miniserie de TNT High Value Target: The Hunt for Saddam cierra sus ocho episodios con una imagen partida en dos. En Washington, John Nixon vuelve para rendir cuentas ante el presidente George W. Bush. En Irak, Saddam Hussein se enfrenta a su ejecución después de haber sido capturado. Ese remate le da a High Value Target: The Hunt for Saddam un cierre que va más allá de la persecución en sí: deja planteada, con toda claridad, su gran pregunta política, la de cómo se venden ante la opinión pública las llamadas “guerras por decisión política”.
Con Joel Kinnaman al frente, High Value Target: The Hunt for Saddam toma como base el libro de memorias Debriefing the President y lleva a la ficción la búsqueda y el interrogatorio de Saddam Hussein tras su captura en diciembre de 2003. Pero el interés de la serie no se queda en el suspense histórico. También apunta a los fallos de inteligencia que marcaron la invasión de Irak, en especial la búsqueda fallida de armas de destrucción masiva. Visto así, el desenlace deja de ser solo un cierre narrativo y pasa a enlazar el trabajo sobre el terreno con las decisiones que se tomaban en la cima del poder estadounidense.
En la recta final, la historia termina de cerrar el recorrido de John Nixon, tanto como analista como en su papel de testigo directo de uno de los capítulos más discutidos de la política exterior de Estados Unidos. Su regreso a la capital para reunirse con George W. Bush refuerza ese vínculo sin intermediarios entre inteligencia y poder. Al mismo tiempo, el destino de Saddam Hussein en Irak devuelve al primer plano el coste humano y simbólico de la guerra. Buena parte de esa tensión, además, la ha levantado la serie a través de las conversaciones entre John Nixon y el exdictador. Ahí es donde el drama encuentra su punto más fuerte para indagar quién era Saddam Hussein y qué entendió, y qué no, Estados Unidos antes y durante la guerra.
Joel Kinnaman compone a John Nixon como un especialista en Irak que sabe más de lo que muchos a su alrededor quieren oír. A lo largo de la temporada, el personaje pasa de una mirada más seca y concluyente a una comprensión bastante más compleja de Saddam Hussein, alejándose así de una idea puramente simplista del enemigo. El propio Joel Kinnaman ha contado que pasó bastante tiempo con el verdadero John Nixon para captar su manera de pensar, su personalidad y también su vida interior.
Una de las pistas que más le sirvieron a Joel Kinnaman fue fijarse en la relación de John Nixon con su esposa y en el grado de entrega que mostraba hacia ella, un rasgo que, según el actor, dejaba ver con bastante nitidez quién era en el fondo.
La lectura política de High Value Target: The Hunt for Saddam cuesta esquivarla. Joel Kinnaman ha relacionado la vigencia de la serie con debates que siguen abiertos sobre el intervencionismo de Estados Unidos, al sugerir que el relato se pregunta por qué vuelven a repetirse guerras trágicas y de qué manera se fabrican los relatos que luego sirven para justificarlas. Para muchos analistas e historiadores, la invasión de Irak sigue siendo el ejemplo contemporáneo más claro de una “guerra de elección”.
La crítica ha estado dividida. Varias reseñas señalan las escenas de interrogatorio y el trabajo de Waleed Zuaiter como Saddam Hussein entre lo mejor de la miniserie. Otras, en cambio, se han detenido en el ritmo, en la duración y en que la serie no entra lo suficiente en la complejidad política de la región. A eso se suma una observación que aparece una y otra vez en esa cobertura: la falta de perspectivas iraquíes y, en general, de voces de Oriente Medio.
Aun con esas objeciones, High Value Target: The Hunt for Saddam llega al final con una ambición muy concreta: convertir un episodio todavía cercano de la historia en una reflexión incómoda sobre el poder, la propaganda y la responsabilidad.