Kim Sung-soo, director del éxito surcoreano 12.12: The Day, contó hoy en el Asian Contents & Film Market del Festival Internacional de Cine de Busan que ha pasado de ver la inteligencia artificial como una amenaza para la industria a incorporarla a su propio proceso creativo. El cineasta surcoreano admitió ese cambio de postura en Busan, así que este giro en su discurso no aparece precisamente de la nada.
Que Kim, una presencia sobradamente asentada en el cine coreano, hable de ese viraje en Busan dice bastante. Las herramientas generativas ya no se están viendo como una simple rareza técnica, sino como una pieza cada vez más visible dentro de los flujos de trabajo profesionales. Su intervención llegó en una sesión organizada por Kling, una plataforma generativa desarrollada en China que ahora se está promoviendo para usos profesionales en producción audiovisual.
Kling asegura que ya suma más de 100 millones de usuarios en todo el mundo, una cifra que ayuda a entender por qué este tipo de herramientas ocupa ya un lugar visible en uno de los mercados más importantes de Asia. Y eso va bastante más allá de la foto del evento. En Busan se está tratando esta tecnología como una herramienta seria para desarrollar historias, preparar rodajes y acelerar procesos que antes exigían equipos más grandes, más tiempo y más dinero.
Kim Sung-soo no se quedó en lo teórico. El director trabaja ahora mismo en Worm Train, un cortometraje creado con inteligencia artificial e inspirado en La metamorfosis de Franz Kafka. El proyecto sirve como prueba concreta de que su interés ya no es solo exploratorio, sino práctico. En el caso de un cineasta con su trayectoria, adoptar estas herramientas no implica únicamente probar con imágenes o conceptos visuales; también abre otras formas de adaptar obras literarias, ensayar tonos narrativos y dar forma a ideas en las primeras fases del desarrollo.
La expansión de estos sistemas también pasa por una cuestión económica. Distintos estudios del sector apuntan a que los flujos de trabajo integrados con inteligencia artificial pueden recortar entre un 25% y un 35% los tiempos de preproducción y reducir entre un 20% y un 35% los costes de efectos visuales.
Algunas estimaciones van incluso un poco más lejos y plantean que el presupuesto total de un largometraje podría caer entre un 30% y un 40%. Ahí se entiende por qué cada vez más grandes compañías siguen esta transición tan de cerca. En el mercado de Busan también están presentes actores como Google DeepMind y Eyeline Studios, de Netflix. Además, Netflix habría usado herramientas generativas en unos 300 títulos durante la primera mitad de 2026, sobre todo en procesos de posproducción.
Aun así, el avance de esta tecnología sigue rodeado de polémica. Quienes defienden la inteligencia artificial generativa sostienen que rebaja barreras de entrada y amplía las opciones de creadores independientes que antes no podían aspirar a ciertos acabados visuales. Sus críticos, en cambio, ponen el foco en los problemas de copyright, los deepfakes, la pérdida de empleo y la necesidad de entrenar estos sistemas con datos obtenidos bajo licencia.
Las palabras de Kim Sung-soo condensan bien ese momento de fricción: la industria ya no está discutiendo si esta tecnología acabará entrando en el cine, sino de qué manera va a convivir con él. Lo que todavía no está claro es cómo se terminará fijando ese equilibrio dentro de los flujos de trabajo del sector.