Puede que no haya nadie en el mundo que odie más la IA que Guillermo del Toro. El director de Pinocho, El laberinto del fauno y La forma del agua, entre muchas otras, aborrece con tanta fuerza la IA Generativa que no pierde ocasión de ponerla a parir. No le faltan razones: además del impacto medioambiental, Del Toro, que se considera un artista puro (porque, bueno, lo es) no está dispuesto a vivir subyugado a lo que le apetezca a una maquinita.
IO odio la IA
Aunque nos prometieron que nos iba a cambiar la vida y a despedirnos a todos de nuestros puestos de trabajo, de momento la IA Generativa lo que más ha creado han sido terribles pósters marrones símbolos de una imaginación cercana a la nada más absoluta. Y Del Toro no está dispuesto a dejarse llevar por el mensaje triunfador de los oligarcas, especialmente si eres un artista.
“La IA te ayuda a llegar a la mitad de una buena idea realmente rápido, pero hay una dialéctica con el proceso que te va a llevar al 10% superior. La triangulización con la que he llegado a algunas de mis mejores ideas solo han ocurrido porque he pasado un mes o dos viviendo con ellas. Y no son lineales. La IA es un motor super-rápido que hace permutaciones semi-conscientes de cosas que ya existen. La creación son cosas que nunca han existido, pasando a existir”, ha dicho, con toda la razón del mundo. Vete a decirle a Guillermo del Toro que use ChatGPT, anda.
Es más, el autor ha declarado que “La otra cosa es la pérdida del aprendizaje que uno tiene como aprendiz. Nunca eres un maestro, eres siempre un aprendiz. Y vas a descubrir que el 30% de una gran imagen ocurre de manera accidental. Una gota de agua pega con la lente, o la cámara se mueve. Como me dijo James Cameron, ‘el público cree que una imagen es real si pones un accidente en ella’. Es cierto. Y estoy de acuerdo. El accidente es vital. Y los mejores accidentes son cosas con las que no cuentas. Simplemente ocurre de la interacción con la realidad”. Apuntad, porque quizá este sea el último artesano del cine, incapaz de arrodillarse ante el supuesto nuevo gran futuro que nos han pintado unos pocos mil-millonarios. Que siga pudiendo contar lo suyo durante mucho, muchísimo tiempo más.