La tecnología portátil ha avanzado enormemente en la última década, pero sigue habiendo algo en lo que queda mucho margen para mejorar: la duración de la batería. A pesar de que hemos logrado mejorar los tiempos de carga para que pasen menos tiempo en el cargador y la eficiencia de los dispositivos para espaciar más la necesidad de una carga, el hecho de que los wearables, con su reducido tamaño, dependan de su propia batería sigue siendo una limitación en cuanto a diseño, sostenibilidad y también comodidad.
En esta línea, una nueva investigación de la Universidad Carnegie Mellon podría estar a punto de cambiar la situación. Hablamos del Power-over-Skin, una técnica que permite que dispositivos como el Apple Watch u otros wearables obtengan la energía a través de nuestra piel, por lo que desaparecerá la necesidad de una batería incorporada.
En términos simples, Power-over-Skin permite que la energía de un único transmisor que llevamos en el cuerpo se distribuya a diferentes dispositivos adheridos a la piel. Este método utiliza la capacidad natural de nuestro cuerpo para conducir energía de radiofrecuencia a 40 MHz, lo que permite que una sola fuente de energía alimente varios dispositivos a lo largo del cuerpo.
Imaginemos un futuro en el que un pequeño parche en el brazo alimente no solo nuestro Apple Watch Series 10, sino también otros dispositivos como anillos inteligentes o incluso sensores-parche para diferentes mediciones de salud. En lugar de tener que recargar o reemplazar las baterías de estos dispositivos, podríamos llevar un solo transmisor que los mantenga funcionando durante todo el día, pero ¿es buena idea?
Posibles aplicaciones: ¿un Apple Watch sin batería?
Este sistema de transmisión y recepción es capacitivo, lo que significa que el contacto entre el dispositivo y la piel no requiere una conexión física directa. La energía puede viajar a través de la ropa, lo que permite, por ejemplo, llevar el transmisor en el bolsillo y seguir alimentando dispositivos situados en otras partes del cuerpo.
Durante las pruebas, los investigadores lograron alimentar un pendiente LED, una calculadora y un anillo Bluetooth. En este contexto, imaginar un Apple Watch o equivalente que funcione sin una batería es realmente interesante. Sin el peso y el volumen de una batería, el dispositivo podría hacerse mucho más ligero y delgado.
Por otra parte, al eliminar la necesidad de recargarlo, podríamos usarlo de manera continua. A partir de aquí surgen los interrogantes. ¿Qué pasa si retiramos la batería del bolsillo? ¿Tenemos que poner una nueva y cargada en el bolsillo antes de retirar la descargada para que el reloj no se apague?
Aunque la tecnología de Power-over-Skin tiene un potencial enorme, aún hay mucho que pulir para que esta tecnología se plantear siquiera en el mercado. En primer lugar, la cantidad de energía que se puede transferir actualmente a través de la piel es bastante limitada. Aunque es suficiente para dispositivos pequeños como anillos o parches de sensores de salud, por ahora parece que no alcanza para dispositivos de alta demanda energética, como teléfonos móviles o relojes inteligentes de alto rendimiento (aunque estos siempre pueden volverse más y más eficientes).
Lo más importante, pero, es que, aunque los experimentos realizados no descubrieron efectos adversos, el uso de RF en el cuerpo humano plantea preguntas sobre su seguridad a largo plazo. Todavía hay que investigar más a fondo si el uso de la piel como conductor de energía tiene algún efecto negativo en la salud, especialmente si se utiliza de manera continuada. Aquí uno de los aspectos más importantes es evitar la formación de puntos calientes de energía, que podrían causar molestias o incluso daños en el contacto con la piel.
¿Estamos listos para un mundo sin baterías en los wearables?
Power-over-Skin es una tecnología que, aunque aún está en su fase inicial, plantea una idea realmente interesante en el mundo de los wearables. Una visión de un futuro en el que varios de los dispositivos que usamos normalmente puedan funcionar sin baterías, utilizando nuestro propio cuerpo como conductor de energía.
En el campo de la transferencia de energía inalámbrica, llevamos tiempo con más promesas que realidades. Los sistemas de carga a distancia, por ejemplo, nos han dejado más de un prototipo y nunca han alcanzado la viabilidad comercial. Lo interesante es que una investigación como la que estamos comentando va más allá de la aplicación que aquí hemos tratado.
Comprender mejor como nuestra piel conduce a la electricidad en su relación con los dispositivos que cada vez más llevamos puestos es un conocimiento realmente útil. Puede que aún no estemos listos para un reloj inteligente, pero sí tiene sentido pensar en algo más pequeño. Un anillo, quizá. Un anillo que no requiera batería y que pueda utilizar la energía que le proporciona nuestro teléfono en el bolsillo para realizar ciertas lecturas.
Por ahora tendremos que esperar, pero es de las investigaciones como la que nos ocupa que salen los avances. El Power-over-Skin nos muestra un futuro curioso, como mínimo, en el que en lugar de preocuparnos por cargar nuestros dispositivos, podríamos simplemente tenerlos con nosotros y dejarles hacer su trabajo. Quizá en unos años nos preguntemos cómo pudimos vivir sin ello.