Sony Interactive Entertainment ha confirmado hoy que dejará de fabricar discos para los nuevos lanzamientos de PlayStation a partir de enero de 2028. Si no hay cambios, la marca pasará a un modelo totalmente digital para la distribución de sus juegos.
La reacción fue inmediata. Dentro de la industria hay quien lo interpreta como la consecuencia natural de un mercado dominado por las descargas, pero entre los jugadores el anuncio ha reactivado un miedo muy concreto: que la desaparición del formato físico acabe llevándose por delante también la idea de que los juegos realmente les pertenecen.
No es un ajuste menor. Es uno de los cambios más profundos que ha vivido PlayStation en toda su historia. Desde 2028, los juegos nuevos ya no llegarán en disco y la compra digital se convertirá en la vía principal y, en la práctica, en la única forma de acceder a los próximos lanzamientos de la plataforma.
Ken Kutaragi, a quien muchos siguen viendo como el padre de la primera PlayStation, ha respaldado públicamente la transición. Según él, buena parte del rechazo nace de una noción de “posesión” muy ligada al disco como objeto.
Kutaragi llevó esa idea a una comparación bastante directa: la evolución de los smartphones. Hablamos de dispositivos siempre conectados, donde el soporte físico hace tiempo que dejó de considerarse necesario.
También dejó caer otra lectura posible. Sony podría estar pensando PlayStation como algo más grande que una consola en el sentido clásico, algo parecido a un “centro de contenidos” donde convivan juegos, televisión en streaming, música y otros servicios distribuidos por Internet.
Y no, la preocupación del público no se explica solo por la nostalgia.
Para muchos consumidores, comprar en digital se parece más a pagar por una licencia que puede revocarse que a comprar un producto que sea realmente suyo. Ahí entran varias pérdidas muy concretas: desaparece la reventa, compartir juegos se vuelve más limitado, todo queda atado a la cuenta del usuario y sigue flotando la misma duda de fondo, si un título comprado hoy podría dejar de estar disponible más adelante.
Eso ayuda a entender el tono de la respuesta. Una petición en contra de la decisión ya habría pasado de las 300.000 firmas. Al mismo tiempo, en México y Brasil se ha pedido a las autoridades que revisen las posibles consecuencias en materia de competencia y de derechos del consumidor si el mercado termina siendo por completo digital.
Sony, por supuesto, no llega a esta decisión sin números que la respalden.
Según sus resultados financieros, las descargas digitales representaron el 85% de las ventas de juegos de PlayStation en el cuarto trimestre del ejercicio fiscal 2025. En el promedio anual, la cifra fue del 78%. Y en Europa el dominio de lo digital es todavía más claro: en 2025, las compras digitales generaron el 91% de los ingresos del mercado del videojuego.
Aun así, dar por muerto al formato físico sería precipitado. Solo en Reino Unido, el mercado de juegos en disco superó los 300 millones de libras en 2025. Los títulos de PS4 y PS5 concentraron el 45% de esas ventas. Siguen contando, además, para los coleccionistas, para quienes dependen del mercado de segunda mano y para usuarios que todavía tienen conexiones lentas o topes de descarga.
Hay otro punto sensible, y no es menor: la preservación. Sobre todo después de la desconfianza que dejaron los cierres, o las amenazas de cierre, de tiendas antiguas como las de PS3 y PS Vita.
Todavía no se sabe cómo piensa resolver Sony el acceso a largo plazo ni la conservación de los juegos comprados en digital. Son dos preguntas que vuelven a poner todo sobre la mesa: qué significa realmente comprar un juego en 2028 y quién va a garantizar que ese juego siga ahí para el jugador dentro de diez o veinte años.