Nintendo ha estado a la vanguardia en la implementación de medidas anti-piratería en sus juegos durante décadas, esforzándose por proteger su propiedad intelectual de manera estratégica. Un ejemplo notable de estas tácticas se encuentra en el célebre Super Smash Bros. para Nintendo 64, donde se han incorporado varios triggers que complican la experiencia del jugador que utiliza una copia pirata.
68 partidas para disfrutar
De acuerdo con información de Supper Mario Broth y la wiki The Cutting Room Floor, el juego se comporta de manera normal durante las primeras 68 partidas. Sin embargo, a partir de la 69, todos los personajes se transforman en Mario, obligando al jugador a borrar su archivo de guardado para salir de esta situación. Este ingenioso enfoque realiza un análisis más sutil de la piratería, lamiendo al usuario ilegítimo en una falsa sensación de seguridad, antes de hacer que el juego se vuelva considerablemente más frustrante.
Además del curioso destino de los personajes, se ha documentado que otros triggers incluyen la aleatorización de valores de golpe después de 22 partidas en modo versus y la reducción del rango de control después de 43, dificultando así el movimiento de los personajes. Esta serie de cambios asegura que, cuanto más juegue un usuario a una copia pirata, más incómoda se convierte la experiencia. A diferencia de simplemente bloquear el juego desde el primer trigger, Nintendo opta por medidas que son menos evidentes para quienes juegan de manera ilícita.
Curiosamente, jugadores legítimos también pueden verse afectados por tales medidas. Aquellos que utilizan dispositivos como GameShark han reportado confusiones similares, con Mario figurando como el único personaje seleccionable tras utilizar ciertos códigos. Esta situación ha revelado las complicaciones inherentes a los sistemas de control de piratería, que, aunque están destinados a proteger, pueden afectar a la comunidad de jugadores en general.