Cuando pagas un dineral por no hacer nada: el caso de Phoebe Waller Bridge y JJ Abrams

Hubo una época, ya pasada, en la que los creadores de las series de televisión eran seres misteriosos para los televidentes: podían ver Misión Imposible, El Equipo A o El Prisionero sin siquiera imaginar quién se encontraba detrás de las mismas. Pero tras la llegada de Internet y la televisión de prestigio, lo raro es no conocer, por lo menos de oídas, a Alan Ball, Ryan Murphy o incluso Raphael Bob-Waksberg. Vivimos en la era del streaming, pero también de los grandes nombres por los que la industria se pelea. Tras un éxito, lo raro es no tener una oferta millonaria esperándote a la puerta para que desarrolles tus proyectos en exclusiva con un servicio de streaming. ¿A la hora de la verdad, qué significa eso? Que si no tienes proyectos, cobras por no hacer nada. Y los creadores se han aprovechado de lo lindo.

Fly, Fleabag

Es el caso de Phoebe Waller-Bridge, a la que seguro que conocerás por ser el alma detrás de la fantástica Fleabag (tanto la obra de teatro como la serie posterior). Además, fue la productora de Killing Eve para HBO… Y ya está. Desde 2021, no ha vuelto a hacer nada en televisión, y con un motivo: fue el año en el que Amazon Prime Video le ofreció 60 millones de dólares (léelo bien) por desarrollar sus series con ellos. Hasta ahora, lo único que se ha sabido ha sido el intento de hacer una serie de Tomb Raider que quedó en nada… ¡Y, pese a todo, ha renovado su acuerdo! Enterrada en dinero sin mover un dedo. Esto es el Hollywood actual.

Otro de los que se han aprovechado de la necesidad imperiosa de productos de prestigio es JJ Abrams, uno de los creadores de Perdidos, Alias o Fringe, que firmó en 2019 por 250 millones de dólares con Warner para hacer sus series en HBO durante los siguientes cinco años. A priori, tenía tres que estaban a punto de salir: Overlook (una precuela de El Resplandor), Justice League Dark (un spin-off del Universo DC) y Duster. Seis años después solo ha salido a la luz esta última, y fue cancelada después de una sola temporada. Llevaba desde 2013 sin estar al mando de ninguna serie.

Hay más ejemplos, claro: Trey Parker y Matt Stone, los creadores de South Park, acaban de firmar un contrato con Paramount por 1500 millones de dólares (has leído bien) por tener la serie y sus derivados. 50 episodios en total, o lo que es lo mismo, 30 millones de dólares por cada uno de ellos, además de lo más valioso: el resto de la serie en exclusiva en Paramount+. ¿Cómo lo han celebrado? Haciendo un episodio en el que Donald Trump, con quien su empresa quiere limar asperezas, tenga sexo con el mismísimo Satán. ¿A estas alturas le vamos a pedir sutileza a South Park?

También en animación, pero en menor medida, es el caso de Alex Hirsch, el creador de la mítica Gravity Falls, que firmó con Netflix por un precio indeterminado para hacer sus siguientes proyectos dentro de la casa. Esto fue en 2018. Siete años después no ha hecho absolutamente nada, más allá de escribir una nueva serie que en Netflix no han aprobado. Aunque los rumores indican que quiere marcharse sí o sí de sus obligaciones contractuales con la Gran N, nada parece indicar que se lo vayan a permitir antes de tiempo. Caso triste, sí, pero no hay que olvidar que sigue cobrando… Sin tener que hacer nada.

Este es el Hollywood que tenemos ahora: uno basado en billetes, exclusivas, series que nunca se hacen y famosos que siguen viviendo de su nombre durante años. ¿Qué ganan teniendo creadores atados sin hacer nada? ¿Por qué siguen renovando contratos millonarios por series que no existen? Me temo que para saber la respuesta tendríamos que meternos en las mentes de los directivos de los servicios de streaming. Y nadie, nadie quiere eso.