Los mismos grupos, todo el verano, en todos los sitios: la burbuja de los festivales de música gigantescos

Podrías pasarte todo julio y agosto saltando de pogo en pogo sin tener que parar un solo día… aunque eso signifique ver a Ginebras por decimoquinta vez.

De un tiempo largo a esta parte, la palabra “verano” es sinónimo para muchas personas más o menos acaudaladas de festivales de música. Benicassim, Madrid, Bilbao, Barcelona, Vilanova i la Gertrú, Alcalá de Henares, Santiago de Compostela, Palencia, Villarobledo… No hay ciudad ni pueblo que quiera quedarse sin su festival. Tanto, que podrías pasarte todo julio y agosto saltando de pogo en pogo sin tener que parar un solo día… aunque eso signifique ver a Ginebras por decimoquinta vez.

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Otro año más Jota cantando en el Primavera Sound

No es que no me guste Ginebras. Al contrario: es un grupo fabuloso. También lo son La Casa Azul, Sidonie, Amaia, Veintiuno, Ladilla Rusa, Lori Meyers o Love of lesbian. El problema es que ir a un festival de música es, cada vez más, el equivalente a hacerse un Interraíl: pagas relativamente poco, ves muchas cosas, entiendes poco de lo que ha pasado y repites año tras año a pesar de que nunca será igual que la primera vez.

Es más: es como hacerse el mismo Interraíl una y otra vez pero haciendo solo pequeños cambios en el recorrido. Las empresas tras los macrofestivales saben que el público siente la tradición de ver a Rufus o a Florence + The Machine con más expectación que la de sorprenderse con un grupo nuevo. Y al final, los festivales se convierten en el día de la marmota de la diversión: mucha, pero siempre igual.

Por no hablar del daño que se le hace a las salas. Sí, seguro que tú, que vas a festivales, durante el año vas a las salas de conciertos a disfrutar de los grupos en exclusiva, a gozar con conciertos de dos horas de duración en petit comitèe y a apoyarles, pero la mayor parte de la gente se conforma con el maratón, como si fuera una serie de Netflix: veinte grupos de seguido y la semana que viene los mismos veinte, pero en otro sitio. ¿Hasta qué punto puede uno escuchar ‘Emborracharme’ sin aburrirse o sentir que vive el mismo concierto una y otra vez?

Puede que esto sea polémico, pero los festivales (me da igual el BBK que el MadCool o el Primavera) desvalorizan en cierta manera la música al ofrecerla al por mayor, como si fuera un volquete de notas y canciones. Ahora Amaral, luego El Drogas y dentro de veinte minutos Iván Ferreiro. Todo, sin capacidad de ser disfrutado ni masticado, con cervezas a quince euros y los baños atestados de personas rezando para no morir intoxicados al cerrar la puerta. El público entendido como ganado, mera molestia necesaria para que la organización gane dinero.

¡Ojo! No estoy intentando poner a nadie en contra de los festivales -quién soy yo para hacerlo-, pero sí me gustaría que se pensase en ellos de forma un poco más crítica, más como una fábrica de salchichas al por mayor que como unos promotores de las artes preocupados por nuestro bienestar y el de la música. Si el de al lado ha utilizado un grupo que le ha dado más dinero, el año que viene repetimos nosotros. Y otra vez, y viceversa. La música como negocio en lugar de arte, tan disfrutable como siempre, pero mucho más siniestra de lo que jamás ha sido.

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Cómo se hizo ‘Wannabe’: de escribirse en media hora a ser la reina indiscutible del pop de los 90

Era pura rabia joven, girl power, un ritmo que cautivó a todo el mundo hasta hoy. Pero claro, la canción no nació de la nada. Bueno, un poco sí, en realidad. Veréis.

A inicios de los 90 los grupos de chicos que combinaban tonos melódicos eran las estrellas de la música, con Take That a la cabeza. Pero en la cabeza de unos managers londinenses, estaba clarísimo el siguiente paso a dar: hacer un casting de chicas que supieran cantar y bailar y juntarlas en una banda similar llamada… Touch. Cuando Mel B, Mel C, Geri, Victoria y Emma se juntaron por primera vez (tras la expulsión de otra chica que aparentemente no pegaba demasiado), sabían que lo de Touch no iba a durar mucho.

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Do you wanna be my lover?

Ellas no querían hacer rhythm’n’blues al estilo Eternal, sino pop. O punk, según como se mire: ‘Wannabe’ no se parecía a nada de lo que había salido hasta ese momento. Era pura rabia joven, girl power, un ritmo que cautivó a todo el mundo hasta hoy. Pero claro, la canción no nació de la nada. Bueno, un poco sí, en realidad. Veréis.

Rob and Chris Herbert, los directores de Heart Management, que pusieron el famoso anuncio clasificado en el periódico que acabó en la fundación de Spice (el nombre al que se cambiaron tras Touch), tenían una idea de lo que hacer con las chicas: eran su plan secreto para cambiarlo todo. Llevaban un año practicando las mismas cuatro canciones todos los días, y cuando llegó el momento de impresionar a los mejores letristas y compositores del Reino Unido, vaya que si lo hicieron. Por todo lo alto.

Tanto, que las Spice enseguida se dieron cuenta de que Heart Management no había preparado contratos para ellas. Y si no hay contratos, no hay discos ni canciones. Pero no nos adelantemos: ‘Wannabe’ fue una de las canciones que se compusieron durante tres días de pruebas con diferentes ritmos, letras e intenciones. Solo había un piano, una batería y las ganas de cantar de las chicas. Y de hablar. Fue Richard Stannard el que, entre el ruido, fue capaz de captar la frase “If you wanna be my lover, you’ve gotta get with my friends”. Nació la magia.

Zigazig-ah

Cogiendo partes que el grupo había escrito con anterioridad, añadiendo otras partes y poniendo la música adecuada, ‘Wannabe’ estuvo completa en media hora, en un arrebato frenético de creatividad. En su interior había bromas internas, palabras que no significaban nada (“zigazig-ah”) y automáticamente la grabaron el día siguiente, convirtiéndose en su primera canción cantada jamás en un estudio. Doce meses trabajando juntos daban, por fin, sus frutos.

Pero no solo musicalmente: también mentalmente. Las Spice solo habían grabado dos canciones (esta y el clásico navideño ‘2 become 1’), pero sabían que eran buenas. Tanto, que, sin contratos por el medio, decidieron entrar por la noche en el despacho de Heart Management, robar sus canciones, coger todo lo que les pertenecía y marcharse con viento fresco. A partir de ahora, se representarían a ellas mismas, y sus oficinas serían el coche de Geri, un Fiat Uno.

‘Wannabe’ se grabó en febrero de 1995. En julio ya habían firmado por Virgin, uno de los grandes gigantes de la industria: cinco discos por un millón de libras. Casi nada. Solo pidieron un cambio, y ellas aceptaron sin problemas. Ya no serían Spice, sino Spice Girls. Y tenían que funcionar, porque un millón era -y es- un absoluto dineral. Para su primera aparición en televisión simularon estar en un estudio de radio, lo que no dejaba de ser paradójico… porque en la radio no había nadie que las pusiera.

Casi catalanas

Pero después de sonar en televisión, empezaron a programarlas a todas horas. Y en febrero de 1996, Virgin tomó la decisión más extraña posible: cambiar el single por ‘Love thing’, una canción de RnB que creyeron que entraría mejor al público de mediados de los 90. Las chicas se cerraron en banda: “Tiene que ser ‘Wannabe'”. Y lo fue. El videoclip, que estuvo a punto de ser grabado en Barcelona hasta el último momento, lo decía todo sobre las chicas. Eran atrevidas, eran modernas, eran auténticas. Y no gustaron nada en Virgin.

Tanto, que incluso pensaron en grabar otro videoclip destinado exclusivamente a América donde se las viera repletas de glamour, como las bandas de chicas de aquel momento. Pero ellas lo tenían muy claro: ni los pezones duros de Mel B ni el hecho de que llevaran ropa barata les iba a parar. Este era su espíritu, y así tenía que verse. Pronto, el vídeo y la canción serían número 1 en todo el mundo.

De hecho, se convirtió en el single de debut más exitoso de todos los tiempos, vendió 6.500.000 unidades y se posicionó en el número 1 de casi todos los países (excepto algunos como Taiwan o Islandia). Fue solo el precedente de ‘Spice’, su primer álbum, que vendió 31.000.000 de discos en todo el mundo y se convirtió en todo un icono en aquella época en la que las Spice Girls lo eran absolutamente todo. Ya llegaría la época de la separación y de la reunión. Nada mal para un grupo que empezó en un periódico probando suerte, ¿no?

Apple Music Classical es oficial. Lo mejor de la música clásica llegará en unas semanas

Apple ha presentado oficialmente Apple Music Classical, una app dedicada a la música clásica con un gran repertorio, montones de datos, catálogos, listas y mucho más. La experiencia que los más audiófilos estábamos esperando.

Hace ya tiempos que oímos rumores y que vemos pistas de la llegada de Apple Music Classical. Una aplicación que, basándose en el catálogo de Apple Music, ofrece una experiencia dedicada a la música clásica. Una experiencia en la que se curan los metadatos, se ofrece el contexto de las obras y se cuida que los álbumes, listas y demás elementos de descubrimiento musical estén acorde al género.

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