Matt Kwasniewski-Kelvin, co-fundador y guitarrista de la banda de rock británica Black Midi, ha fallecido a la edad de 26 años. Su muerte fue confirmada por su familia en un comunicado emitido a través de Rough Trade Records, en el que se detalla que el artista había estado lidiando con problemas de salud mental a lo largo de un tiempo prolongado.
Un hombre que apenas había empezado a vivir
La declaración de la familia subraya su talento musical y lo describe como “un hombre amable y amoroso que finalmente sucumbió, a pesar de todos los esfuerzos realizados”. Esta triste noticia conmueve a fanáticos y colegas de la industria de la música, quienes reconocen la influencia que Kwasniewski-Kelvin tuvo en la escena rockera contemporánea.
Black Midi, formada en 2017 en Londres, se destacó por su estilo experimental y enérgico, ganando un seguimiento leal debido a su innovadora fusión de géneros. La banda ha sido aclamada por la crítica y ha dejado una marca importante en el panorama musical, destacándose en festivales y shows alrededor del mundo. La contribución de Kwasniewski-Kelvin fue esencial en la configuración del sonido distintivo de la banda, lo que hace que su pérdida sea aún más significativa para sus seguidores y compañeros músicos.
La lucha de Kwasniewski-Kelvin contra problemas de salud mental resuena en un tema más amplio que afecta a muchos en la industria del entretenimiento, donde la presión y las expectativas pueden ser abrumadoras. Su fallecimiento ha reavivado el debate sobre la salud mental en el mundo de la música, recordando la importancia de apoyar a los artistas en sus momentos más difíciles.
Los seguidores de Black Midi y la comunidad musical en general lamentan profundamente esta pérdida y rinden homenaje al legado de un músico que dejó una huella imborrable en la música moderna.
¿Alguna vez has estado en un concierto realmente terrible? Uno de esos que pasarán a la historia, que contarás a tus nietos, absolutamente insensato, con muertes, con peligro, con demandas… Pues preparaos, porque vamos de camino al lugar más oscuro de la historia de la música: los 7 peores conciertos que jamás han existido. ¡Rock and roll, nena!
A todos nos ha pasado alguna vez: vamos a ver a alguien en directo deseando encontrarnos guitarras eléctricas a todo volumen y pasar el mejor momento de nuestra vida… y lo que nos encontramos es un grupo sin ganas de tocar sus temazos, un público a medias y un bis que podría no haber existido. Es ley de vida. Pero, ¿alguna vez has estado en un concierto realmente terrible? Uno de esos que pasarán a la historia, que contarás a tus nietos, absolutamente insensato, con muertes, con peligro, con demandas… Pues preparaos, porque vamos de camino al lugar más oscuro de la historia de la música: los 7 peores conciertos que jamás han existido. ¡Rock and roll, nena!
El verano de 1970 iba a ocurrir, en las afueras de Middlefield, en Connecticut, uno de los festivales de rock más grandes de todos los tiempos, con grupos y cantantes confirmados como Fleetwood Mac, Joe Cocker, Little Richard, Van Morrison, Jethro Tull, Janis Joplin, Chuck Berry o Spirit, entre muchos otros. Sin embargo, 30 de los 48 festivales preparados ese año que quisieron emular a Woodstock se cancelaron antes de tiempo y Powder Ridge no fue una excepción.
El problema es que cancelaron a última hora, y el público llegó de todas maneras, ignorando todos los carteles que les pedían que se dieran la vuelta. Y es que, por mucho que las autoridades dijeran lo contrario, los promotores aún decían que el concierto podía ocurrir de alguna manera mágica. Entre tanto, como os podéis imaginar, la droga corría entre los asistentes (entre 15.000 y 50.000 personas), que ponían su campamento entre viajes de LSD. Al final solo tocó Melanie Safka, que consiguió colarse y conseguir electricidad gracias a dos camiones de helados que estaban por ahí cerca. Un desastre absoluto. Y está en el 7. Imagina.
6-Jim Morrison en pelotas
El 1 de marzo de 1969, en el Dinner Key Auditorium de Miami, The Doors iban a dar un concierto para 7000 personas (aunque acabaron metiéndose más de 12000 porque los promotores querían hacerse de oro). Jim Morrison estaba completamente borracho, llegaba una hora tarde y no decepcionó. Bueno, más o menos. En un momento dado, en medio de ‘Break on through’, dejó de cantar y le dijo al público “¡Sois un montón de putos idiotas!”. Empezaba bien la cosa.
El aire acondicionado no funcionaba, y cada vez hacía más calor. A eso hay que sumarle que el comportamiento de Morrison cada vez era más extraño y que el público era aún peor, con uno de los asistentes que incluso se había llevado -dios sabe por qué- una oveja. El cantante acabó desnudándose del todo (hay diferentes teorías del motivo) incitando al público a hacer lo mismo: “Vamos a ver un poco de piel, vamos a desnudarnos. No habéis venido aquí para la música, ¿verdad? Habéis venido por algo más, ¿verdad?”. Sobre si enseñó su miembro viril al público o no, hay diferentes opiniones. Pero, al final, era lo de menos.
5-Creed y la demanda
Avanzamos en el tiempo, hasta el 29 de diciembre de 2002, cuando Creed tocó en el Allstate Arena de Rosemont (en Illinois) con un Scott Stapp, el cantante del grupo, tan absolutamente ido que acabó siendo denunciado por cuatro personas del público. En la denuncia se afirmaba que estaba tan “intoxicado y/o medicado que no podía cantar la letra de una sola canción” y que “se marchó del escenario en varias ocasiones durante las canciones durante largos periodos de tiempo, rodó por el suelo con aparente dolor y al final se desmayó”.
Y, de hecho, no había una defensa posible, porque pasó tal cual. Los 15000 asistentes recibieron el precio de la entrada y del parking, lo que hizo perder más de dos millones de dólares. En su momento, Stapp afirmó que no se había desmayado sino que era “un gesto simbólico”, pero nadie se lo tragó y acabó contando la verdad avergonzado. El año siguiente el grupo rompió pero, como todos sabemos, han vuelto más veces que Ross y Rachel en ‘Friends’.
4-Oasis drogadísimos
Los Gallagher ya estaban hartos el uno del otro después de tantos años encima de un escenario, y no se lo ocultaban a sus fans. Pero el 28 de agosto de 2009 iba a ser definitivamente dramático para Oasis, porque se cancelaba toda su gira empezando por el concierto en el festival francés Rock en Seine. El motivo, como dijo Noel ese mismo día en MySpace fue que “La gente escribirá y dirá lo que quiera, pero sencillamente no puedo soportar trabajar con Liam ni un día más“. Y la cosa venía de largo.
Una década antes, en 1994, la banda confundió, en su gira estadounidense, la cocaína con la metanfetamina, y estaban todo el día literalmente fuera de sí. Y en ningún momento llegó a un punto más bajo que en el Whisky A Go-Go de Los Angeles, con un set absolutamente terrible, uno de los peores que se han escuchado jamás en la historia, incluyendo a Noel tocando canciones totalmente distintas a las del resto de la banda, Liam amenazando al público o aburriéndose y sentándose sin cantar porque no le apetecía. Al final, Liam le dijo a Noel “que te jodan” y le dio en la cabeza con una pandereta. El público se marchó sin saber qué demonios acababa de pasar. No lo sabían ni los propios músicos.
3-Rolling Stones y el fin del flower power
El 6 de diciembre de 1969, a las afueras de Tracy, en California, cerca de la autopista Altamont, se celebró un festival de música totalmente gratuito llamado el Altamont Free Concert. Allí iban a tocar Santana, Grateful Dead y, por supuesto, los Rolling Stones. 300.000 personas asistieron al evento, y para la seguridad, ante la falta de presupuesto, decidieron contratar a los Ángeles del Infierno a cambio de 500 dólares para comprar cerveza. Fue una idea absolutamente pésima, por supuesto, y la violencia fue escalando poco a poco.
Tanto, que hubo cuatro muertes en total, por no hablar de las heridas, de los coches robados y de los daños a la propiedad. Se suponía que iba a ser un festival flower power al estilo Woodstock, pero enseguida se vio que nadie allí quería paz: quería guerra, violencia y arramplar con todo lo que se pudiera. Tanto fue la cosa que los Grateful Deads, que habían organizado la movida, decidieron no ir en el último segundo por la escalada de violencia, dejando a los Rolling contra un público visiblemente enfadado. Si podéis, en ‘Gimme Shelter’, el documental, podéis ver el desastre. Es increíble.
2-Woodstock 1999
El festival de todos los festivales cumplía 30 años, y decidieron celebrarlo por todo lo alto: emulándolo con los grupos y la contracultura de finales de los 90. 220.000 personas acudieron a ver a Red Hot Chili Peppers, Metallica, DMX, Limp Bizkit, Korn, Alanis Morissette y, precisamente, Creed. Y los que no, lo siguieron en Pay Per View. El problema es que el festival quiso abaratar costes en todo lo que no tenía que abaratar.
Woodstock ’99 se convirtió rápidamente en un desastre en el que hubo comida y agua carísima, váteres sobresaturados (que dieron lugar a ríos de aguas fecales), robos, vandalismo, violencia, acoso sexual, violaciones y, por supuesto, varias muertes. En solo cuatro días se montó prácticamente una guerra entre los asistentes, que fue escalando día a día, desde el primer incidente en el que se lanzaron heces a Sheryl Crow hasta el último, cuando el cantante de Green Day dijo “Es hora de dejarse llevar, porque no hay jodidas reglas ahora mismo”. Esta falta de “jodidas reglas” llevó a la muerte de tres personas y que nunca jamás se quisiera volver a levantar nada con el nombre “Woodstock”. Buen trabajo.
1-Fyre Festival
Venga ya. No hay rival. El Fyre Festival fue retransmitido segundo a segundo por la gente que asistió: la comida tristísima, el barrizal, los conciertos que jamás existieron, las tiendas de campaña VIP que no se parecían en nada a lo anunciado. El Fyre Festival pasó rápidamente de ser ese sitio al que tenían que ir todos los youtubers a una pesadilla a tiempo real. Es imposible resumir todo lo que pasó, pero, por suerte, tenéis dos documentales (en Netflix y Max) que os explican con detalles cada uno de los errores que cometieron. Para no creérselo.
La música experimental forma parte de la industria discográfica y sirve para darte cuenta de que siempre hay gente que está, francamente, peor que tú. ¡Vamos a dar un repaso por los 6 discos más raros jamás realizados!
A medida que nos vamos haciendo mayores, la música de los chavales nos empieza a parecer extraterrestre. Bad Bunny, trap, memes salidos de TikTok, gente a la que no entiendes con nombres aparentemente impronunciables. Es normal, y forma parte del ciclo de la vida. Pero ha pasado desde siempre: la música experimental forma parte de la industria discográfica y sirve para darte cuenta de que siempre hay gente que está, francamente, peor que tú. ¡Vamos a dar un repaso por los 6 discos más raros jamás realizados!
Si eres un conocedor de la música “extraña” seguramente te suenen los Butthole Surfers, un grupo dedicado al rock alternativo, por llamarlo de alguna manera, y que suena como si alguien hubiera puesto un altavoz directo a tus propias pesadillas. Perfecto para aquellos que no pueden dormir porque les come el payaso y han decidido experimentar con cosas que van más allá de su propio conocimiento.
5-Ascension (John Coltrane)
Si te gusta mucho (repito: mucho) el jazz improvisado, es probable que disfrutes de este disco, que durante la mayor parte del mismo son varios instrumentos, cada uno en su propio mundo, tocando diferentes canciones y sin amalgamar. Eso sí, cuando se juntan, por fin, es de una pureza extrema. Hasta entonces es posible que acabes quitándolo porque suena más al ruido que hacían los módems a principios de siglo que a música celestial.
4-The United States of America (The United States of America)
Recordad que “raro” no significa, en ningún caso, “malo”. Este disco es raro como un perro verde, pero automáticamente te devuelve a los años 60 estadounidenses aunque jamás los vivieras. Es música desafinada, letras que intentan profundizar en el vacío existencial, temas de esos que uno no puede entender sin el contexto cultural. Una maravilla que os invito a escuchar, de verdad.
3-Having fun with Elvis on stage (Elvis Presley)
Por algún motivo, Elvis Presley era tan famoso que decidieron que incluso un álbum en el que hablara en el escenario durante 40 minutos sería un absoluto éxito. Es un disco en directo, pero sin las canciones, solo con los momentos en los que el cantante interactuaba con el público. Vendió lo suficiente como para que hubiera merecido la pena editarlo. Era otra época, supongo.
2-Human interface (Dokaka)
68 minutos. 88 canciones, a cada cual más rara, incluyendo varias felicitándote por haber llegado tan lejos al escuchar el disco en sí. Una auténtica maravilla de la música extraña en la que cada frase, cada momento y cada nota musical es aún más bizarra que la anterior. Para atesorar.
1-Absolutego (Boris)
Una hora de música (o algo parecido) que parece el sonido que hacen los auriculares cuando están mal conectados. Pero no están mal conectados: el disco es así. En directo uno no puede saber si están tocando tu temazo favorito o simplemente se ha acoplado el audio. Tiene que haber gustos para todos, oye.
El rock español pasó por su momento de gloria en los años 80 y 90 como antítesis del pop. Más allá de Loquillos y Ramoncines, los rockeros españoles no querían copiar a los clásicos americanos
Las batallas las cuentan las vencedores. Las culturales también. Hemos tenido centenas de libros y películas sobre la Movida Madrileña, explicando sus dimes y diretes: Alaska, Pedro Almodóvar, McNamara y compañía han copado titulares cada vez que toca hablar de transgresión, como si no hubieran estado apoyados por las televisiones desde el primer momento. Y sin embargo, la música que se bailaba en gran parte del resto de España no tenía nada que ver con maquillajes estratosféricos y ‘La bola de cristal’, sino con dos guitarras, un bajo y una batería.
El rock español pasó por su momento de gloria en los años 80 y 90 como antítesis del pop. Más allá de Loquillos y Ramoncines, los rockeros españoles no querían copiar a los clásicos americanos y su look era el de una persona por la que te cambiarías de acera si la vieras por la noche en un callejón oscuro: camiseta de tirantes, pelos largos y actitud punk, aunque las letras hablaran de amor y desesperanza. Si no viviste esa época y aún crees que el epítome de la modernidad fueron los Pegamoides, te presentamos ocho canciones de rock español que no definen necesariamente a los grupos, pero explican la rabia que en España sobrevolaba por debajo de cualquier medio de comunicación por aquel entonces. ¡Cuernos, kalimotxo y guitarreo!
Fito Cabrales ha dedicado su adultez a cantar coplas al ‘Soldadito marinero’ acompañado de los Fitipaldis, pero en 1990 estrenaba con sus amigos un pequeño disco de diez canciones titulado ‘Burrock & roll’ que se abría con una declaración de intenciones. Fito tenía 24 años y ganas de revolucionar la música dejando claro que ellos no eran como los demás: “Tengo dos dedos de frente y nunca uso los dos / Y ando paseando por la calle mi mala reputación”. Diez años después, la despedida de Platero y Tú por la espalda y en la última página de un periódico traumatizó a toda una generación que aún espera una gira de reunión que jamás llegará.
‘Estado policial’ – Extremoduro
Antes de que Robe se acomodara y llegaran su ‘Vereda de la puerta de atrás’ o sus canciones sinfónicas en ‘La ley innata’ y ‘Material defectuoso’, sus primeros discos eran descargas de rabia que mezclaba el desamor con el sexo, la poesía o, por qué no, sus ataques contra la autoridad. A sus treinta años y cinco después de haber fundado Extremoduro, el grupo lanzó su tercer LP, ‘Deltoya’, que, entre himnos a la concordia (‘Ama, ama, ama y ensancha el alma’) y canciones de amor truncadas como ‘Sol de invierno’, se arrancaba con uno de esos temas que jamás podrían haber sonado en la movida: ‘Estado policial’ es el Extremoduro más basto, ese que solo podría haber salido en el underground de los 90 y al que le daba igual las consecuencias de sus canciones. Letras como “Pincho las arruedas de los coches policía, pongo un par de bombas en cada comisaría” aún impresionan por lo crudo ahora mismo.
‘Barrio conflictivo’ – Barricada
Enrique Villareal, ‘El Drogas’ (más conocido hoy por hoy gracias al meme en el que reconoce haber tomado sustancias psicotrópicas) acababa de llegar de la mili a sus veinte años y su vida en Chantrea, el barrio pamplonés donde la pelea con la policía, las detenciones, las manifestaciones y los arrestos eran el pan de cada día, le hizo montar un grupo para contar su realidad. Barricada es, quizá, el epítome del rock vasco de los 80 y 90, que en 1985 y bajo la producción del mismísimo Rosendo, creó ‘Barrio conflictivo’, un tema que a pura guitarra contaba todo aquello de lo que nadie hablaba. “La tortura en los interrogatorios. Agresiones, angustias y dolor. La Txantrea pesadilla siniestra, eres la culpable de querer vivir en paz” marcó los inicios de un grupo que nunca dejaría de reivindicar los derechos sociales y la necesidad de entender el pasado (antes de meterse en broncas internas). Una maravilla.
‘Maneras de vivir’ – Leño
Ya que le hemos nombrado, Rosendo Mercado es el abuelo del rock español, y eso teniendo en cuenta que la gran mayoría de los grupos se movían por la parte de arriba de la península. En el centro estaba La Movida, que a él no le interesaba en absoluto. Quizá por eso, entre tanto glam, lanzó con Leño ‘Este Madrid‘ (“Es una mierda este Madrid que ni las ratas pueden vivir”) como previa a la canción que lo cambió todo, el himno más importante del rock en español: ‘Maneras de vivir’. Si cuando alguien canta “No pienses que estoy muy triste” no contestas “Si no me ves sonreir” no podemos ser amigos.
‘El Congreso de Ratones’ – La Polla Records
Evaristo tenía 19 años cuando se subió por primera vez a un escenario a cantar sus burradas punk. La Polla Records disparó durante 24 años (y un pequeño revival en 2019) contra todo, incluyendo, claro, La Movida: la canción ‘Herpes, talco y tecno-pop’, como sustituta del lema “Sexo, droga y rock & roll”, da buena cuenta de ello. Sin embargo, en un diálogo con la actualidad, tenemos que escoger ‘El Congreso de Ratones’, que en 1985 cerraba su segundo disco, ‘Revolución’, y que años después sería versioneada por Estopa en algunos conciertos, demostrando que, en el fondo, no somos nada: “Camuflando en democracia este fascismo porque aquí siempre mandan los mismos”. El día que la Gen Z descubra a La Polla Records se vienen bailes muy raros en TikTok.
‘Aprendiendo a luchar’ – Reincidentes
Reincidentes nació de la pura casualidad y de la revuelta estudiantil en Sevilla, en un momento en el que sentían que la música era un elemento más de apoyo al poder y solo los cantautores y algunos grupos de rock llegaban a ser algo más. Fernando Medina, con 20 años, fundó un grupo que ha cumplido ya 35 girando por el país con himnos como ‘Vicio’ o este ‘Aprendiendo a luchar’ que, en el fondo, parecían cantarse a ellos mismos en su segundo disco de 1991, ‘Ni un paso atrás’: “¿Dónde estudias, dónde curras, o en una ocupación? Contra el reino del cipote, del dinero y de la cruz”. Ahora nos puede parecer casi un perrenque infantil, pero a inicios de los 90 arrasaron en el País Vasco y no tardaron en sacar discos sin parar (y, a diferencia de otros de estos grupos, sin perder ni un poquito de su ADN por el camino).
‘Sarri, sarri’ – Kortatu
No deja de ser curioso que una de las pocas canciones en euskera (siendo la otra, quizá, ‘Ilargia’, de Ken Zazpi) que suena más allá de sus fronteras sea una que celebra la fuga de la cárcel de Piti y Sarri, dos etarras que escaparon de la prisión de Martutene en 1985. Ese mismo año, y sobre la música de la canción ‘Chatty Chatty’, Fermín Muguruza y los suyos hicieron un retrato cómico sobre lo que acababa de pasar (“Hoy andaban los de la radio emitiendo en directo que comerían paella, y Piti y Sarri, delante de sus narices, andaban tramándola sin que se dieran cuenta”). Años después se usó como punta de lanza contra Muguruza, pero no llevó a nada. De hecho, aún se pone en bodas de gente que no sabe lo que está bailando. Por suerte.
‘Nos quieren detener’ – Boikot
Antes de que Boikot, el grupo creado en 1987 con influencias ska, se dedicara a un tipo de rock más solidario y vanguardista, le dio tiempo a lanzar canciones como ‘Eskeletos radiaktivos’, ‘Serrindemadriz’ o ‘Karraskal’. Pero al borde de su cambio de estilo en 2002, el grupo salió con un tema como era habitual en ellos: corto, al pie y sin dejar testigos. Entre himnos y trilogías de discos dedicadas al Che Guevara y reivindicaciones casi de manifestaciones en ‘Pueblos’ se escondía una pequeña canción que hablaba contra las detenciones ilegales y cómo desde la clase media se hacía la vista gorda. ¿Queríais música contra la Movida? Boikot eran madrileños y no lo podían dejar más claro: “Y burgués, tú nunca entenderás, los problemas de la calle no son de los demás”.
Podríamos seguir aquí durante largas horas, videoclips, análisis del ‘Juliette’ de Platero y tú o de los discos de Barón Rojo o incluso preguntarnos si Def Con Dos merecería estar aquí. Lo que está claro es que, tal y como se vende hoy por hoy, parece como si el rock reivindicativo nunca hubiera pasado de la anécdota a pie de página, un movimiento suburbano entre la Movida y el “sonido Donosti”. Pero lo cierto es que hubo cientos de grupos que modelaron a toda una generación y a los que apenas se recuerda.
Manolo Kabezabolo, Siniestro Total, Asfalto, Triana, Obús, Mago de Oz, Cicatriz, Tijuana in Blue, Negu Gorriak y muchos otros encontraron un pequeño refugio fuera de lo audiovisual en una televisión que protegía a ciertos grupos y aniquilaba otros: fue momento de conciertos y tiendas Tipo en un momento en el que, antes de las redes sociales, esta era la mejor manera de indignarse. Guitarras, batería, pogo y gritos: ¿Para cuándo una serie al estilo de ‘La ruta’?