En Sony ya llevan un tiempo dejando caer que estamos en la fase final de la vida de PS5, y parece imposible por muchas -muchísimas- razones. La principal ya la sabemos todos: cuando la consola apareció, en noviembre de 2020, hacerse con una fue misión imposible durante demasiado tiempo, y a posteriori no se puede decir que los juegos imprescindibles hayan ido saliendo uno tras otro sin dar respiro. Si ya hay gente que se ha quedado atascada en PS4 pese a las mejoras obvias de la nueva generación (principalmente, los tiempos de carga casi inexistentes), ¿qué esperan que ocurra dentro de dos años, cuando, aparentemente, han preparado el nuevo lanzamiento?
Para qué, PS6
Nunca volveremos a vivir un cambio revolucionario como el de los años entre Super Nintendo y PlayStation (y Nintendo 64), y entre aquella y PS2. Realmente uno podía notar el cambio de potencia, con juegos impresionantes que no tardaban tanto tiempo en realizarse, auténticas obras maestras que perviven hasta nuestros días con remakes de todo pelaje. Por marcar la diferencia obvia, gráficamente, entre PS4 y PS5 no hay tantísima diferencia, a no ser que estés comparando plano contra plano en un vídeo de YouTube para ver las texturas de la ropa o el agua. ¿Qué ventajas tangibles para el jugador medio se supone que traerá PS6?
Está claro que el movimiento acarreará beneficios para Sony, que comprobó anonadada -como la mayoría de jugadores, para qué negarlo- cómo PS5 Pro era un éxito en ventas a pesar de no ofrecer demasiadas diferencias con la versión normal. Sí, tendrá un nuevo chip gráfico que ofrecerá texturas cada vez más realistas, y seguro que meten la IA por todos los lados (es el devenir de los tiempos), además de un sistema que decididamente deje de apostar por el formato físico y por un almacenamiento gigantesco. Sí. Pero, ¿merece la pena cambiar otra vez más de consola cuando muchos aún sentimos que PS5 no está ni lejanamente explotada?
Sí, el nuevo mando puede hacer muchas cosas, explotadas en Astro Bot, pero al final lo que se está buscando, cada vez más, es un multiplataforma que funcione también en PC para su inevitable conversión. Porque ese es el otro gran melón que abrir: ¿Realmente hace falta una nueva consola cuando sabemos que la gran mayoría de sus juegos acabarán apareciendo también para PC? Muchas preguntas, infinitas incógnitas y una gran nebulosa que está volando por encima incluso de los más fans de Sony: ¿De verdad nos hace falta renovar ya mismo?
Desarrollo infinito
Antaño, en los tiempos de NES, realizar un videojuego no era tan complejo como ahora. Entre la concepción del juego y su lanzamiento podían pasar entre medio año y uno, sin que su fracaso supusiera el cierre del estudio o el despido de sus programadores. Eran cosas que pasaban. A bajo coste de fabricación, menor riesgo. Hoy por hoy, los estudios, más allá del boom de los juegos indies, no pueden limitar tanto sus desarrollos, y lleva a interminables esperas de títulos que, para cuando salen, ya se han quedado atrasados, y deben tener éxito inmediato o cerrar las puertas de quienes los han creado.
Y si los precios ya están subiendo, acorde con el desarrollo, en PS5, imaginad lo que pasaría en PS6, donde no es tan difícil imaginar la normalización de los juegos que pasan de los 100 dólares y echando a patadas, por tanto, a aquellos que se lo toman como un hobby y solo quieren picar un poco de aquí y de allá. Si la trayectoria de la calidad y los juegos eternos continúa en el futuro, nos espera una generación de absoluta inestabilidad: empresas que anuncian juegos que salen cinco años después, precios imposibles, secuelas y remakes que hacen que todo sepa a lo mismo.
No me entendáis mal: me gusta Sony, tengo PS5 y disfruto de ella todo lo que puedo, pero quizá precisamente por eso, porque ha encontrado su ritmo de lanzamientos ahora, no me gustaría ver cómo todo tiene que volver a empezar, con los programadores acostumbrándose a un nuevo ecosistema antes de exprimir el anterior. De hecho, aún no ha salido ningún juego -a la espera de GTA VI– con el que podamos decir “Vale, ha tocado techo, no puede ir más allá”. PS6, en 2027, llegaría a un mercado que no la necesita.
Por otro lado, la tendencia es a expandir cada vez más el ciclo de las consolas. Switch 2, por ejemplo, ha subido dos años el ritmo habitual de Nintendo, y sería de locos no hacer lo mismo con PS6 y esperarse, al menos, hasta 2029, con una consola ya más que amortizada y en la que el salto gráfico realmente se note (más, al menos, que entre PS4 y PS5). Por supuesto, ganar dinero inmediato es muy tentador, pero la espera trae recompensas, y con Sony en un puesto de lujo para liderar las consolas punteras, sería absurdo gastar su cartucho en un clima repleto de miedos, despidos e incertidumbre. Quién sabe. Quizá, después de todo, no estemos aún en la etapa final de PS5 y quede esperanza para nuestra cartera.