Marvel Studios ya le ha puesto fecha a su nueva etapa mutante: la próxima película live-action de X-Men llegará el 5 de mayo de 2028, después de Avengers: Secret Wars, y tendrá encima una tarea bastante clara, relanzar dentro del Universo Cinematográfico de Marvel (MCU) a uno de los grupos más valiosos de la compañía. El anuncio también vuelve a abrir una duda incómoda para Disney+, porque si hay una franquicia de Marvel que parece nacida para la televisión, por tamaño de reparto y por una mitología que da para años, esa es X-Men. El problema es que el servicio ya no está en aquella fase de crecimiento sin freno.
La cinta de 2028 no se está planteando como una mera heredera espiritual de la etapa de 20th Century Fox. La idea es que funcione como punto de partida de una franquicia nueva.
Marvel Studios ya ha ido dibujando un núcleo central renovado y, si se atiende a los informes que circulan por la industria, estaría pensando en Mister Sinister como gran villano, lo que marcaría distancia con el enfoque tan volcado en Magneto que definió buena parte de las adaptaciones anteriores. Que la apuesta pase por Mister Sinister coloca a X-Men en una posición importante dentro del futuro de Marvel y ayuda a entender por qué vuelve a rondar la conversación sobre un posible spinoff para televisión.
Se entiende rápido.
Hay muy pocos universos superheroicos con tantas subtramas, tantos equipos paralelos y tantos arcos de personaje que respirarían mejor en una serie que en una película de dos horas y media. La prueba más reciente de que el público sigue teniendo ganas de historias mutantes fue X-Men ’97‘. Su estreno le dio a Disney+ una alegría grande, con cifras que la propia plataforma vendió como récord para una serie animada de larga duración y, además, con una recepción crítica excelente.
Pero ese empuje no zanjó la discusión de fondo.
Después, los números de la marca fueron bastante más discretos: la segunda temporada tuvo menos fuerza y ni siquiera entró en las listas de Nielsen en sus primeras semanas. Dicho de forma simple, interés hay. Lo que no está nada claro es que ese interés alcance por sí solo para sostener una superproducción live-action en formato seriado.
Ahí está el problema de verdad.
Marvel Studios está bajando la cantidad de series live-action para Disney+ y moviéndose hacia menos proyectos, más sostenibles y pensados para durar varias temporadas. Detrás de ese giro están el desgaste de una parte del público con el género, los costes de producción y una economía del streaming bastante más dura que la de hace unos años. En ese escenario, una serie de X-Men tendría que pasar una prueba exigentísima: no le bastaría con generar ruido en redes o entusiasmar a los lectores de cómics, tendría que enseñar rentabilidad de forma clara, capacidad real para retener suscriptores y un tirón de acontecimiento comparable al de los grandes estrenos del estudio.
Y la situación general de Disney+ tampoco invita al optimismo.
La plataforma depende cada vez más del consumo de catálogo. Hasta ese punto llega que, según datos de Disney, el 95% del visionado durante el primer trimestre de 2026 salió del catálogo, así que cualquier original nuevo, y más aún uno tan caro como X-Men, tendría que pelear mucho más para hacerse sitio. En el plano creativo, la oportunidad salta a la vista, porque una serie permitiría trabajar mejor las dinámicas del equipo, los conflictos internos y toda la dimensión política de los mutantes, pero también está el riesgo de que Disney+ no pueda darle al material el presupuesto, la escala o la libertad tonal que necesita. A día de hoy, no está nada claro que este sea el momento adecuado para expandir el universo de X-Men en televisión.