Netflix ha estrenado hoy, 9 de octubre de 2026, la segunda temporada de Haunted Hotel, la comedia animada para adultos creada por Matt Roller y con Dan Harmon como productor ejecutivo. Son ocho episodios de 30 minutos que devuelven la historia al hotel embrujado Undervale y que, a juzgar por las primeras críticas, firman uno de los regresos más firmes que se han visto últimamente en streaming.
La base sigue intacta: una madre soltera intenta sacar adelante el hotel Undervale junto a sus dos hijos y el fantasma de su hermano muerto. Pero esta nueva tanda deja una cosa bastante clara. Haunted Hotel ya no se sostiene solo por la gracia de su premisa; ahora también pesa su escritura , el golpe emocional de varias escenas y un tono que suena mucho más seguro de sí mismo.
Hay dos episodios menos que en la primera temporada, y le sienta bien. El ritmo va más afinado, los chistes caen mejor y la historia casi nunca da esa sensación de estar alargando material porque sí.
Eso es, de hecho, lo que más se repite en estas primeras reseñas. La crítica está hablando de esta segunda temporada de Haunted Hotel como uno de los mejores regresos recientes de una serie de streaming, y la razón parece bastante simple: mezcla humor de carcajada, momentos de ternura de verdad y una facilidad poco común para pasar de lo grotesco a lo cotidiano sin romperse por el camino.
Dentro del hotel Undervale, Katherine se mueve ya con más soltura al frente del negocio, aunque sigue chocando con un problema muy de este mundo: encontrar personal que quiera trabajar en un sitio lleno de actividad paranormal. Nathan sigue ahí, echando una mano, pero la temporada también abre más espacio para sus propios conflictos.
Y en esa parte se nota mucho la interpretación vocal de Will Forte, que le saca más matices emocionales al personaje sin quitarle punta cómica. El reparto principal sigue respondiendo con solidez, con las voces de Eliza Coupe, Skyler Gisondo, Natalie Palamides y Riki Lindhome.
La serie también ensancha el papel de los fantasmas del hotel. Gracias a eso, el edificio se siente todavía más vivo, o más muerto, según prefiera verlo cada uno, y esa comunidad disfuncional que distingue a la serie gana más presencia.
En el frente familiar, Ben sigue saliendo con su novia fantasma, Annabelle, y descubre lo complicado que puede ser sostener una relación entre personas separadas no solo por la muerte, sino también por épocas históricas distintas. Esther, por su parte, se mete cada vez más en la magia oscura y empieza a exhibir una confianza peligrosamente excesiva.
Ese cruce entre caos sobrenatural y problemas mundanos se ve muy bien en una de las tramas secundarias más disparatadas de la temporada: una sopa maldita de bruja desata una crisis por alergia a los frutos secos que manda a un niño al hospital, donde la propia bruja acaba ingresada por una tos espantosa.
En cuestión de tono, Haunted Hotel sigue colocándose en ese punto medio entre los ecos de El resplandor y la calidez familiar de Bob’s Burgers. Y dentro de un catálogo donde Netflix ya acumula varias apuestas de terror y comedia, esta sobresale por algo bastante concreto: entiende los dos géneros y sabe hacer que una casa encantada se sienta como un hogar.