Tras más de tres décadas de historia, Magic: The Gathering ya lo ha sido prácticamente todo. Incluido un juego que algunos de sus fans han considerado muerto varias veces. Con una posición dominante en el mercado de los juegos de cartas coleccionables durante toda su historia, es un juego estable y eterno. Incluso si muriera mañana no moriría de verdad. Es imposible concebir un mundo donde Magic: The Gathering dejara de existir de verdad: la gente seguiría jugando con las cartas que ya existen aunque Wizards of the Coast abandonara el juego.
Eso es lo que lo hace especial. Ya ha trascendido su propia comercialidad. Lo cual no significa que no esté vendiendo bien. Nada más lejos de la realidad. Pero es la clase de juego que ya pertenece tanto a sus fans como a la compañía que lo produce, en buena parte, por la enorme historia que tiene detrás. Algo que su última colección hasta el momento, Reality Fracture, intenta capitalizar con éxito desigual, pero con un tremendo encanto.
Jace Beleren, siempre te querremos
Esta colección gira alrededor de la historia de Magic y en particular, de Jace Beleren. Un mago y planeswalker que ha vivido muchas de las historias del mundo del juego y que ha sido traumatizado por todas ellas. Ha vivido invasiones, guerras y enormes pérdidas y ha decidido que ya es demasiado. Por eso ha buscado un modo de conseguir cambiarlo todo, que es hacer colisionar el universo que conocemos de Magic con otro paralelo, pero reflejo, donde todos los males primordiales que hemos vivido a lo largo de más de treinta años no existen.
Ni Eldrazi ni pirexianos ni por supuesto guerra de los hermanos. Eso no significa que no haya cosas terribles ni personas que no sufran. Ni que en la fusión de ambos universos no haya ganadores y perdedores, con algunos personajes míticos del juego en sus versiones menos claramente favorecidas hasta la fecha. Pero Jace lo ve como un precio pequeño a pagar a cambio de no vivir bajo constantes peligros existenciales.
¿Qué supone esto en términos de juego? El regreso de cartas míticas, pero en un interesante reverso de color, y muchos, muchos Jace. Lo primero es sencillo: muchas cartas clásicas de Magic: The Gathering regresan, pero en su color diferente. La que era azul era rojo y la que era blanco ahora es negro. Y sus habilidades cambian también para mostrar ese reflejo. Algo que busca demostrar este universo espejo con el que Jace intenta sustituir y mejorar el universo que todos conocemos.
Pero lo que hace Jace, también, es dividirse a sí mismo. Consciente de que su plan fracasará, separa todas las partes de sí que no necesita para hacer avanzar su plan y las deshecha y encierra para continuar adelante. Y además de Jace, planeswalker, tenemos numerosos Jace, token de planeswalker, que ganan habilidades extra con encantamientos de otros planeswalker. Un pequeño detalle que demuestra que, incluso en esta situación, Jace sigue estando definido por los otros. Y, tras dos años con una importancia mucho menor de esta clase de cartas, un mayor énfasis en estos grandes olvidados del juego.
Una carta de amor un poco desafinada
Quizás el gran problema de Reality Fracture es que, a pesar de que jugablemente hace todo esto con gracia y encanto, no soporta bien la comparación. Mirándose en el espejo de una de las colecciones más queridas de la historia de Magic: The Gathering, Planar Chaos, la diferencia en calidad es diferente.
Planar Chaos hacía referencias sutiles, llegando a hacer cartas de personajes que se referenciaban de pasada en líneas de texto de sabor de cartas antiguas. También se atrevía a romper lo que se consideraban los efectos propios de cada color, dándole a blanco maneras de counterear hechizos, a azul manera de destruirlos y a verde criaturas con capacidad de volar; peor que sus contrapartes de otro color, pero lo hacían. Y las nuevas mecánicas como flash, split second y suspender fueron una revolución que aún hoy son usadas o ya no se pueden usar con muy buenos motivos.
Mientras, Reality Fracture no se atreve a tanto. Todas las referencias son a personajes muy conocidos, con ya múltiples cartas en su haber. Todos los cambios de color son siempre respetando de forma firme la identidad de color. Y salvo los tokens de Jace, no hay mecánicas nuevas. Algo que no hace que la colección sea mala, ni siquiera peor, pero hace que se sienta menos interesante por comparación. Aunque en justicia, es difícil estar a la altura de Planar Chaos, la considerada una de las mejores colecciones de la historia de Magic. Si es que no la mejor.
La colección al final es una carta de amor a Magic que demuestra cómo ha evolucionado el juego. Hay tanto y está tan definido que es difícil hacer los grandes volantazos que se podían hacer 19 años atrás. Y aun así, el resultado es notable y, por sus propios méritos, asombroso y sorprendente. Una colección que rebosa amor por Magic por todos sus poros.