Cuando Donald Trump volvió a ser elegido presidente de los Estados Unidos, lo hizo con una promesa: además de hacer América genial otra vez, haría que Hollywood también lo fuera. Y para ello, escogió a mano un batallón de “embajadores especiales” que harían las películas que a él le gustaría ver, como Mel Gibson, Jon Voight o Sylvester Stallone. Solo había un problema: no todos querían.
Stallone no está alone
Tal y como recuerda Stallone, la noticia le pilló de sorpresa al cien por cien: “Estaba viendo la televisión una noche y dijeron ‘Así que Stallone y Mel Gibson y Jon Voight serán…’, y yo dije ‘¿Qué? ¿Perdona? ¿De verdad?’. Porque si me hubieran preguntado desde el principio, habría dicho que no es posible”. Imagina prepararte para ir a dormir y darte cuenta de que eres el nuevo embajador de Hollywood a cargo de Trump.
El motivo por el que no quiso aceptar este “cargo” no fue necesariamente ideológico: “Hollywood es como los estados feudales. Tiene sus pequeños reinos. No vas y le dices a seis estudios cómo hacer las cosas. Y Mel y Jon, somos personas que hacen sus propias cosas”. Spoiler: para sorpresa de nadie, esto de los “embajadores de Hollywood” quedó en papel mojado. Una vez más.
De hecho, Stallone acabó llamando a Trump y diciéndole que no funcionaría: “Le dije gracias y ciao, porque es imposible. Hollywood funciona, y siempre evolucionará. Es una industria, y la gente de una industria no quiere escucharme hablar sobre finanzas”. No creáis que esto tiene que ver con una rebelión contra el presidente, porque es más bien lo contrario: lo califica como un “personaje mitológico”. Lo que hay que oir.