Electronic Arts ha anunciado que ha cerrado con éxito la compra de la compañía por un grupo de inversores de los que forma parte el PIF, el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí; Silver Lake y Affinity Partners. Cifrándose en 55.000 millones, esta es la mayor compra apalancada de la historia, lo cual ya lo hace un evento importante incluso fuera de la industria del videojuego. Pero también un evento terrible.
¿Por qué? Porque no hay ninguna noticia buena para nadie en este evento. Una compra apalancada nunca es buena noticia y mucho menos teniendo en consideración todos los implicados en la compra. Y eso vamos a desgranar. Porqué esto es una horrible noticia para la industria, para los trabajadores de EA y también para nosotros, como consumidores y jugadores, que vamos a ver como nuestras opciones van a empeorar dramáticamente en un futuro próximo.
Una clase de compra que no debería permitirse
Para empezar, la adquisición se produce a través de lo que se conoce como una compra apalanca. Muy común antes de la crisis de 2008, pero hoy vista con suspicacia y rara vez utilizada, esta clase de compra consiste en que el comprador adelante parte del dinero y paga el resto del valor de la compra en deuda. Hace esto a través de un préstamo de entidades bancarias o firmas de inversión privada, a quienes les busca devolver el dinero a través del dinero que genere la empresa con sus beneficios.
Esta táctica se usaba antes de la crisis inmobiliaria del 2008 para hacer compras masivas de propiedades y camuflar, también, valores tóxicos. El razonamiento es que el mercado inmobiliario nunca decae y, por extensión, las propiedades sin valor se podían vender en packs con propiedades de gran valor que compensaban el mismo. El dinero de la deuda se iba a recuperar porque el ladrillo nunca baja y la deuda siempre se acaba pagando. Hasta que no se hizo, ocurrió una crisis mundial tan grave que aún sentimos sus efectos y existe aún hoy una grave sospecha sobre esta clase de compras.
De hecho, la compra es sospechosa. EA es una empresa con 1.490 millones de deudas: bajo cualquier circunstancia, no es rentable para una adquisición. Siendo que JP Morgan ha cedido 20.000 millones de dólares en deuda para hacer la compra, eso pone a la empresa en 21.490 millones de dólares de deuda. Y lo hace, además, sin un buen motivo para que JP Morgan se meta en este negocio.
Solo hay dos razones, de hecho. La primera es la idea de que el crecimiento global del videojuego es perpetuo. Que a pesar de que ha llegado a un punto de obvio estancamiento tras que no parara de crecer tras que en el 2020 tuviera un crecimiento masivo por causas externas al medio —es decir, que todo el mundo estaba encerrado en sus casas a causa del COVID-19—, creen que ese crecimiento volverá con fuerza en años subsiguientes. La segunda es una con mucho más sentido. J.P.Morgan es una de las pocas instituciones financieras estadounidenses con fuertes lazos con Arabia Saudí, con una historia que los une durante más de un siglo. Lo cual invita a pensar que hay algo más detrás.
No tenemos pruebas para decir que J.P.Morgan saben que en EA nunca van a poder pagar la deuda que han adquirido con ellos, pero parece dudoso que si nosotros lo sabemos no lo sepan algunos de los mayores analistas financieros del mundo. Algo que hace pensar que, con estrechos lazos con el régimen saudí, sus intereses sean de otra clase. No financieros, sino comerciales. Mantener la estabilidad en una relación y quizás más certezas de las que parecen.
¿Por qué hacer una inversión que sabes que no vas a recuperar?
Esta inversión no se va a recuperar. Es imposible. EA nunca va a poder generar la cantidad de beneficios necesarios para ello. Eso nos deja con dos posibilidades: ya que se ha convertido en una empresa privada y que el PIF tiene el 93.4% de las acciones, que los saudís puedan monetizarla hasta el límite; o que, bajo la premisa anterior, el PIF tenga unos planes diferentes a generar dinero y J.P.Morgan, Silver Lake y Affinity Partners quieran contentar a Arabia Saudí. Ambos tienen sentido y, seguramente, la respuesta radica en un punto medio entre ambos.
EA se ha caracterizado por tener una monetización muy agresiva. La introducción de las loot boxes, las cartas y los micropagos dentro de sus juegos están a la orden del día y no han hecho más que amplificarse con el tiempo. Siendo su juego más rentable EA FC, precisamente, por la cantidad de pagos secundarios que tiene que le hace funcionar, prácticamente, como una gran caja de skinner: convierte en adictos a sus usuarios al crear un condicionamiento donde, o pagan, no pueden seguir jugando como lo hacían antes.
Todo eso pueden amplificarlo aún en mayor medida de lo que ya lo hacen de muchas maneras. Aún más micropagos, en aún más títulos, pero también pueden añadir nuevas formas de monetización. Algunas de ellas, ya han dejado entreverlas. Por ejemplo, han afirmado que su intención es introducir anuncios personalizados dentro de los juegos, pretendiendo que las marcas paguen por aparecer porque sus productos salgan esponsorizados en los mismos. Y tan recientemente como en 2021 decían a sus inversores que los NFT eran el futuro y que iban a explotarlos. Algo que hicieron en títulos tan populares como EA Madden NFL, al menos, hasta 2023.
Pero ese no es el único propósito que puede tener Arabia Saudí para esta compra. También puede tener otro: blanquear el régimen del país. Un régimen donde es legal el esclavismo, donde las ejecuciones son la norma, donde la discriminación es rampante en todos los ámbitos, y que, en numerosas ocasiones, se ha vinculado con violaciones de los derechos humanos.
Para limpiar su imagen han utilizado los videojuegos y el deporte de forma sistemática. Por ejemplo, se hicieron con el EVO, el mayor torneo de juegos de lucha del mundo. También con SNK, una compañía muy querida de videojuegos, e incluso introdujeron a Cristiano Ronaldo en Fatal Fury porque era delantero del Al Nassr, un equipo de la Liga Profesional Saudí de Fútbol. Y Ubisoft en su reciente Assassin’s Creed Mirage introdujo, de forma gratuita, una expansión ubicada en la región de Al-Ula financiada por el PIF. ¿La razón? Promocionar el turismo de esta zona.
Lo que perdemos en el proceso
Es evidente que cuando hacen esta compra desde el PIF tienen un propósito claro: maximizar los beneficios mientras blanquean la imagen del régimen. El petróleo no es infinito. El resto de los recursos naturales de la región tampoco. Necesitan no solo diversificar su cartera de inversión, sino también conseguir ser empresarios respetables para poder hacer negocios cara al exterior. Y necesitan hacerlo en los próximos diez años o verse en serios problemas.
¿Puede J.P.Morgan recuperar esos 20.000 millones de dólares? No. O no directamente. Probablemente pueda recuperar una parte sustancial de los mismos a través de una monetización extremadamente agresiva de los títulos, de la lenta desmentalización de EA —vendiendo IPs, estudios, propiedades—, y también, de otros beneficios secundarios: los negocios que los saudís les ofrezcan a cambio de haberles financiado esta deuda que saben que no podrán pagar. Porque, y este es el secreto de la deuda apalancada, todo el mundo sabe que estas deudas no se pueden pagar. La cuestión es lo que ganas de que no se pueda pagar.
Lo que gana J.P.Morgan, como Silver Lake y Affinity Partners, parece evidente que es estrechar sus relaciones con Arabia Saudí. Más lo que pueda ocurrir entre bambalinas. Para Arabia Saudí es limpiar su imagen y poder hacer negocios más rentables en el futuro, cuando no se les considere un país que va contra los derechos humanos y con quienes es inaceptable trabajar, porque son los de Cristiano Ronaldo, los de EA, los de la WWE. Y si por el camino pueden hacer dinero de los videojuegos, eso que se llevan por delante.