Muchas veces parece que está todo inventando. ¿Cómo es posible innovar cuando ya vivimos en el futuro? Esto parece especialmente real en el videojuego, un medio en el que parece que ya se ha hecho todo. Todas las mecánicas están estandarizadas, conformándose en géneros y mapeados de controles que resultan familiares a cualquier jugador que haya dedicado un poco de tiempo al mismo. Pero aun así, cuando nos adentramos en el terreno de los indies, siempre hay algo que nos sorprende. Como por ejemplo, un juego al que Sony ha dedicado mucho cariño en sus eventos desde hace un par de años.
Baby Steps salió la semana pasada de forma discreta, pero no sin hacer ruido. Habiendo aparecido en varios State of Play de PlayStation, llamó la atención por la particularidad de su premisa: encarnamos a un hombre que, tras pasarse horas viendo One Piece tirado en el sofá del sótano de la casa de sus padres, se ve teletransportado al universo de un videojuego. Pero tras tantas horas tumbado, no sabe ni cómo se anda. Y es demasiado orgulloso como para reconocerlo.
Andar es más mecánicamente complejo de lo que parece
Con esa premisa, Bennett Foddy, Gabe Cuzzillo y Maxi Boch, creadores del chiquillo, hacen un juego brillante de exploración y autoconocimiento que se basa sobre una única premisa: ¿y si andar fuera extremadamente complicado? Y no en plan Death Stranding, que fuera duro pero satisfactorio. Complicado de verdad.
Para conseguir que nuestro protagonista, Nate, ande, tenemos que apretar los gatillos e inclinar la palanca izquierda de nuestro mando. Cada gatillo controla una de las piernas y la palanca controla el resto del cuerpo. Eso significa que si apretamos el gatillo izquierdo, subirá la pierna izquierda. Si además de apretar el gatillo izquierdo movemos la palanca izquierda, moverá adelante, atrás o a los lados la pierna izquierda. De ese modo tendremos que intentar controlar los movimientos de Nate, desde su trote cochinero hasta los movimientos más precisos, para conseguir su objetivo. Primero conseguir encontrar un baño donde hacer un pis, después, uno más ambicioso: llegar a coronar la montaña que hay ante sus ojos.
Por supuesto, el juego no nos lo pone fácil. Aunque al principio lo normal es caerse, rápidamente nos acostumbramos a andar con cierta fluidez. Pero lo que en cualquier otro juego sería trivial, en Baby Steps es todo un reto. Subir una cuesta, ya no digamos unas escaleras, atravesar un tablón o pasar por un camino especialmente estrecho es un reto particularmente difícil. Si además hay alguna clase de obstáculo o tenemos que hacer algo más complejo, como trepar una pared, puede volverse casi imposible.
Para mejorar en la vida hay que dar un paso cada vez
Pero esa es parte de la gracia. Baby Steps es consciente en todo momento del reto que supone y nunca nos castiga, o no sin ofrecernos una parte de comedia en lo que hace. En ese sentido, nos recuerda a los momentos más hilarantes de Dark Souls: puede que nos tire una bola de piedra gigante a la cara, ¿pero no hay algo cómico en ello, como si estuviera salido de Humor Amarillo? Y lo mismo hace Baby Steps.
A veces nos caemos por un precipicio, o pisamos mal y nos vamos río abajo, y perdemos todo el progreso que había, pero nunca se siente del todo frustrante. En parte, porque es cómico cómo se mueve Nate y parece impertérrito a todas sus desgracias. En parte, por su diseño de mundo abierto. Siempre que fracasamos llegamos a un lugar nuevo, una zona que no habíamos visto o una nueva forma de avanzar hasta donde habíamos llegado antes, demostrándonos que no existe el fracaso como tal en Baby Steps: sólo la posibilidad de conocer algo nuevo y, quizás, incluso la oportunidad de un triunfo todavía mayor.
Esto va con los temas que desarrolla el juego. Nate es una persona con ambiciones y deseos, pero demasiado aterrados para perseguirlos, que se va abriendo de forma frustrantemente lenta a lo largo del juego. Y todas las mecánicas del juego van en relación con esa narrativa. Cómo, para poder avanzar en la vida, es necesario acometer riesgos y equivocarse. Que nunca existe nada de lo que no podamos volver, porque nunca vamos a hacer nada que no sea un camino que alguien haya caminado antes.
Baby Steps es, en muchos sentidos, el primer walking simulator de verdad. Porque de verdad centra todo su propósito en andar. Y si te llama la atención lo que hemos contado sobre él, lo tienes disponible tanto para PC como para PlayStation 5.