Imagina hacer una reunión en la que todo te parezca que ha salido de auténtico lujo y al llegar a tu asiento descubrir que estás al borde del despido por dicha reunión. Pues eso es un poco lo que le pasó a Swen Vincke, el director de Baldur’s Gate 3, cuando, tras enseñar su juego por primera vez (que ahora todos sabemos que ha sido un rompeventas y uno de los títulos más improtantes de los últimos años) recibió tanto odio en Internet que hasta su madre acabó por llamarle para pedirle cuentas.
La que has liado, pollito
Y es que el público desde casa decidió que el juego era un plagio de Divinity: Original Sin 2 porque, básicamente, estaba hecho con el mismo motor. Al fin y al cabo, ambos eran juegos de Larian, pero más allá del motor gráfico, como todos sabemos, los juegos no podían ser más diferentes entre sí. Eso no evitó que los gamers sacaran sus primeras conclusiones precipitadas.
“Nos sentimos realmente positivos cuando terminamos nuestra presentación. Además se estaba retransmitiendo por stream. Salimos de la habitación y recibo una llamada de mi madre, que me dice ‘¿Qué has hecho?’. Y yo respondí ‘¿A qué te refieres?’, y ella ‘La gente está muy enfadada contig0’“. Por suerte, poco después el juego salió a la venta, las nubes se disiparon, nunca nadie volvió a acusarlo de plagio y, por suerte, la madre de Vincke no tuvo que volver a asustarse. A no ser que jugara al juego y no quisiera ver ciertas cosas, claro.

