Desde su estreno en 1986 quedó bastante claro que, por muy espectacular que fuera Top Gun, la cosa no daba para más. La trama se podía escribir en los márgenes de una servilleta (y sobraría espacio) y Maverick no era un personaje tan fantástico como para dejarnos continuamente ensimismados. Entonces, ¿había alguna manera de continuar la magia de Top Gun sin empezar a contar historias disparatadas que llenen hojas de cómics o podcasts mientras el público espera a la segunda parte cinematográfica? La respuesta es sí: tirando, cómo no, de videojuegos.
La necesidad de velocidad
Aunque la mayoría de videojuegos de Top Gun han decidido poner (como es lógico) a Maverick como protagonista, lo cierto es que es imposible que Tom Cruise acepte jamás que su imagen aparezca en ningún producto derivado. De hecho, obligó a que retiraran toda una tirada de cómics de Misión Imposible porque su personaje (que ya tenía otra cara) tenía un gesto mínimamente amanerado. Así que imagina con un videojuego, donde cualquier pequeño error puede acabar con un glitch en su cara: Cruise no está dispuesto, desde luego, a dejar que eso pase.
Por eso, desde el principio, Maverick ha aparecido de fondo o con una marabunta de píxeles que en nada se parecían a la cara real del actor. Pero lo importante no es eso, sino que la trama de Top Gun avance de alguna manera, ¿no? No siempre puedes repetir las mismas escenas una y otra vez. El ejemplo perfecto está en Top Gun: La segunda misión, en la que nuestro protagonista debe enfrentarse, una vez más, a un enemigo misterioso… que claramente es la Unión Soviética. Si los pilotos tienen nombres como Gorky o Stalin, no dejan mucho a la imaginación.
Las tres misiones son sencillas en apariencia: destruir tres aviones enemigos, incluyendo uno preparado para ir a la estratosfera. Pasar de la academia Top Gun a criminal de guerra en tan solo un juego. A partir de aquí, la mayoría de juegos de la franquicia no daban demasiados datos sobre la historia, centrándose más bien en el combate y las filigranas aéreas. Sin embargo, en Top Gun: Fire At Will sí que volvemos a encontrarnos con Maverick, ya totalmente convertido en un líder, tratando de parar a un grupo de pilotos mercenarios, “El cuadro”, que tratarán de liarla en (qué casualidad) Cuba, Libia y… Corea del Norte. Buena suerte con eso, amigo.
Más adelante, en la versión para iOS, Maverick, junto con Iceman y otros personajes de la película, ha evolucionado y se ha convertido en profesor de la Academia, y te dará clase a ti, un nuevo miembro del ejército que, como podrás imaginar, tiene que hacer varias misiones de entrenamiento antes de enfrentarse al enemigo en su F-14. Años después de su lanzamiento, Top Gun: Maverick anuló por completo la trama de este jueguecillo y su secuela, pero hasta ahora era lo más lejos que habíamos llegado en la vida de su héroe principal.
Es interesante el caso de Top Gun: Combat Zones, que permitía jugar en tres épocas distintas ambientadas en Vietnam, el Golfo y el Círculo Ártico (además de tener misiones en la Academia). En este caso, el título de PS2 y GameCube se atrevió a ir más allá y no solo manejabas un F-14, sino que te montabas en toda clase de aviones de última generación. Eso sí, a cambio… No tiene nada que ver con la franquicia más allá del título. Ni Tom Cruise, ni avanzar la historia oficialmente, pero al mismo tiempo yendo más allá que las mismísima Top Gun: Maverick, que, por cierto, no ha tenido ningún videojuego propio. ¿Se vienen sorpresas antes de la tercera parte? ¿Es que acaso en la PS5 no merecemos sentir la necesidad de la velocidad?