Nadie hace juegos como Nintendo. No al menos entre las grandes empresas de videojuegos. Quizás por eso sigan teniendo un seguimiento de culto como Sony parece haber perdido y Microsoft nunca haber llegado a tener: porque tienen una identidad muy particular y sus videojuegos no se siente que podrían haberlos hecho cualquiera. Tienen personalidad. Identidad. Son juegos de Nintendo. Y eso es especial.
Su nuevo título no es diferente en ese sentido. De hecho, es probablemente el juego más original que vayamos a ver en el circuito de los juegos publicados por grandes empresas este año. Y con diferencia abismal. Porque el nuevo título de la franquicia Rythm Paradise, Rythm Heaven en EUU, es una absoluta delicia que nos recuerda que otra clase de videojuegos son posibles.
Lo importante es el ritmo
Nacido como Rhythm Tengoku en 2006 para Game Boy Advance en exclusiva para Japón, el primer título de la franquicia nos ofrecía algo muy original: minijuegos de ritmo de muy corta duración donde, con un único botón, teníamos que demostrar una perfecta sincronía con el juego. Con una música vibrante y divertida, unas animaciones sencillas e hilarantes, y una dificultad que hacía retante completar el juego, pero una hazaña épica conseguir pasarse todos los niveles con una puntuación perfecta, fue un éxito tal que subsiguientes títulos de la franquicia consiguieron llegar a occidente.
A partir de Rythm Paradise, Rhythm Heaven en EEUU, título lanzado en Nintendo DS en 2009 en todo el mundo, la franquicia demostró ser un éxito absoluto. Vendiendo casi 2 millones de copias y enamorando a crítica y público, demostró que la fórmula daba mucho más de sí que un simple botón: llevándolo a la interacción con la pantalla táctil y, en un minijuego, los botones de la consola, el juego fue auténticamente revolucionario.
Parte de su éxito, entonces, como hoy, es que el juego tiene una música muy pegadiza y adictiva. Algo que se lo debemos a una persona en particular: Tsunku. Algo que quizás no nos diga nada, pero a los japoneses dice mucho.
Cantante de la banda de rock Sharam Q, es conocido especialmente por ser el productor musical de Hello! Project, un colectivo musical de j-pop entre quienes se encuentran Aya Matsuura, Maki Goto, Coconuts Musume, Cute o, las más importantes de todas, las Morning Musume. Nombres que en Japón han copado durante décadas las listas de los más vendidos, convirtiendo a Tsunku en una de las personas más importantes de la música pop japonesa.
Un juego que no se ha olvidado de sus raíces
El nuevo título de la franquicia, Rythm Paradise Groove, es una vuelta de tuerca a todo lo que ha hecho grande a esta franquicia. Con 80 minijuegos para un solo jugador y 30 minijuegos para muljugador, el juego ha sabido captar la esencia de la franquicia y traerla al presente en un juego fresco, dinámico y que se siente absolutamente contemporáneo. También en lo musical.
En parte, porque tenemos a Tsunku, pero la diversidad es mayor que nunca. Junto a las composiciones juguetones y vibrantes de siempre tenemos un rango mucho más amplio de lo que estamos acostumbrados. Con composiciones más cercanas al metal y a la electrónica y devaneos incluso más lejanos, ha habido un intento de ofrecer un poco de algo para todos en lo musical en este título, haciendo que haya una interesante diversidad que, si bien no se echaba en falta en anteriores títulos, lo hace incluso más singular.
Eso no quita para que la que seguramente sea la mayor novedad del juego sea el modo Beatspell. Una suerte de modo RPG donde tenemos que hacer diferentes combinaciones de botones al ritmo para lanzar hechizos en un modo de juego que añadirá todavía más horas a un juego que ya de por sí era potencialmente eterno para quienes quieran exprimir un juego que tiene mucho que aportar.
Saliendo en exclusiva para Nintendo Switch y Nintendo Switch 2 y, en principio, siendo este el último juego de Nintendo para la primera Switch, esta es la demostración perfecta de porqué tanta gente le tiene tanto cariño a la gran N. Hacen cosas originales, cuidadas, con mimo. No se conforman con hacer los mismos juegos que hacen los demás ni hacer el mismo juego otra vez. Y por eso, la gente siente verdadera pasión por lo que hacen.