Cuando Ghost of Tsushima salió en 2020, millones de jugadores nos quedamos enamorados con la aventura de Jin Sakai. Muchos creían que ese juego, que parecía un poco un mezcla de géneros, no conseguiría triunfar (incluso decían que parecía la copia japonesa de un Assassin’s Creed).
Para sorpresa de muchos, el juego gustó muchísimo. Y en mi caso gustó tanto que veía imposible que una secuela estuviese justificada. Por suerte yo me dedico a jugar y analizar juegos, no a decidir qué videojuegos se desarrollan y cuáles no.
Hoy vengo para deciros lo muchísimo que me ha gustado Ghost of Yōtei, los pocos defectos que tiene, y los motivos por los cuales deberías estar jugando ahora mismo (o pedirlo en Navidades como regalo, que seguro que alguna oferta encuentras de aquí a unos meses).
Atsu, una protagonista atormentada que va creciendo con nosotros
Si bien la historia en sí no es nada innovadora: la familia de Atsu es asesinada por un grupo de forajidos enmascarados llamados los Seis de Yōtei, y ella jura localizarlos y acabar con ellos uno por uno, la protagonista que hace de Atsu (Erika Ishii) hace una interpretación tan buena como asesina impasible que me sentí totalmente atraído por su sangrienta búsqueda de venganza.
Por mucho que otros personajes le recuerden con seriedad la naturaleza devastadora de la venganza, ella sigue destrozando a sus enemigos. Da la impresión de que lo disfruta.
La historia, además, se cuenta a un ritmo muy cómodo, ya que se adapta a nosotros. Si vamos a determinadas misiones principales iremos desbloqueando recuerdos clave de nuestra vida pasada, y si vamos haciendo de justiciera por las praderas del norte de Japón, la historia se tomará un descanso dejándonos a nuestro ritmo por un rato.
Eso sí, la historia merece la pena. Por mucho que el mundo abierto del Yōtei sea genial (de los mejores que he jugado), lo cual puede hacer que acabemos perdiendo de vista el objetivo inicial del juego, la historia principal merece la pena ser jugada y disfrutada. Es un culebrón de dimensiones épicas.
Un gameplay brutal, sobre todo sus combates
Los combates en Ghost of Yōtei son maravillosamente brutales. Aunque puedes abrirte camino a través de Ezo con unos conocimientos básicos de esquiva, bloqueo y golpes de katana en el momento oportuno, los frecuentes combates se animan a medida que aprendes a usar las katana dobles, la lanza, el arco y la enorme espada ōdachi.
Los enfrentamientos clave nunca pierden su desafío, ya que Atsu rodea a generales imponentes que le doblan en tamaño, sabiendo que unos pocos golpes son suficientes para acabar con ella.
Juego a muchos juegos de acción desafiantes, pero después de más de 30 horas de duelos y peleas, sigo sin ser tan poderosa como para que mis enemigos caigan ante mí sin apenas esfuerzo y, por lo tanto, no me aburro.
Los retos constantes de este juego te animan a ir mejorando en cada disciplina para acabar siendo una asesina totalmente implacable. Además, el juego te insta a aprender con cada arma, ya que los enemigos no se vencen igual de fácil con todas las armas, sino que cada arma tiene su counter predilecto (por ejemplo, para vencer a los lanceros no hay nada como usar las katanas dobles).
En ese sentido, el juego no te obliga a prender, sino que te anima a ello para hacer de la experiencia un camino más fácil y agradable. Y esa es la mejor forma de tratar a un jugador que se esfuerza por aprender tus reglas y adaptarse, creo yo.
Ezo es el lugar más bonito que has visto en tu vida con un mando en las manos
Junto con Assassin’s Creed Shadows (también ambientado en el Japón histórico y que aquí analizamos), Ghost of Yōtei es el juego con los gráficos más bonitos que he visto nunca.
Esta entrega es un tributo a la belleza natural de Japón, en los árboles de ginkgo y las montañas lejanas, las llanuras primaverales y los ríos repletos de peces (que puedes pescar con una lanza para cenar).
Este es un mundo creado para ser admirado: te orientas con la vista y el oído, en lugar de con un mapa en pantalla. El viento te indica dónde ir para continuar la historia, pero realmente me sentí libre para vagar, y es en ese vagar donde encuentras increíbles historias secundarias y momentos de tranquilidad.
Es encantador que puedas usar el mando de la PS5 para asar el pescado en tu hoguera, tocar el shamisen o dar pinceladas sobre el lienzo; volver a los recuerdos de Atsu en lugares familiares te permite revivir su vida antes de que fuera arrasada por la violencia.
La música, que combina ritmos del viejo Oeste e instrumentos tradicionales japoneses, me recuerda que se trata del Japón del siglo XVII visto a través de una lente estadounidense.
Yōtei no complica demasiado las cosas: no tiene demasiadas distracciones, cosas que recoger, personas que reclutar o bases que construir. Es sencillo, y me ha sido muy fácil disfrutarlo. Cada vez que me aburría de perseguir un objetivo, era fácil encontrar otra cosa que hacer.
Un juego que merece la pena vivir… al menos una vez en la vida
Puede que en el fondo sea una historia sencilla, pero me ha absorbido más que cualquier otro juego del estilo. Incluso después de horas y horas, sigo sintiendo una chispa de emoción cada vez que Atsu desenvaina su espada con determinación al comienzo de una batalla.
Y acabarlo se siente triste, y no porque el final lo sea, sino porque significa que toca pasar a otra aventura y estoy seguro de que no va a ser igual de divertida. Encarnar el papel de Atsu es una de esas experiencias que voy a recordar durante muchos años.