¿Recuerdas los veranos de antaño? Esos días sin final donde podías pasarte toda la mañana jugando a la consola, tener tiempo para salir con los amigos por la tarde y volver a la noche a pasarte en juego. Esos tiempos donde aún tenías tiempo de quejarte porque un juego solo te había durado cuarenta o cincuenta horas, o incluso de rejugarlo tiempo después. Y ahora, ¿qué? Entre las obligaciones, ir a la oficina, limpiar la casa, tener vida social, dormir un tiempo prudencial y, en general, descubrir los horrores de la era adulta, te quedan, en el mejor de los casos, sesenta minutos diarios para sacar el mayor jugo que puedas al videojuego de turno. Y no siempre sale bien.
¡Más de doscientas horas! ¡Qué chollo!
Descubrí que me había hecho mayor el día que me prometieron que un videojuego duraba más de cien horas y automáticamente pensé “No lo voy a jugar en toda mi vida”. Llegados a un punto, mejor cinco horas bien aprovechaditas que cien horas de tantear el mapa, probar distintas estrategias, morir una y otra vez, frustrarse y descubrir que tienes que irte a la cama. ¡Esos Excels no esperan a nadie! Y al final, por mucho que te guste un juego como Dark Souls y por mucho FOMO que recibas alrededor, no te queda otro que dejarlo a un lado, algo frustrado.
Porque a veces la vida da para un Grand Prix del Mario Kart o un par de peleas del Street Fighter, y no pasa nada. Por mucho que las redes sociales (especialmente TikTok) nos estén continuamente bombardeando con novedades, juegos que tienes que probar sí o sí, secretos increíbles e imposibles de encontrar salvo que pases cientos de horas buscándolos, gente que se ha pasado todo en una mañana encontrando un speeedrun infalible, lo suyo es tomárselo con tranquilidad. ¿Hay gente que puede dedicarle mil horas a un juego la misma semana que sale? Estupendo. Ya no es tu caso. Relájate y respira hondo.
El gran secreto de ser adulto es que a nadie le gusta serlo. No hay ni una sola persona que se alegre de hacer la declaración de la renta, que piense “¡Toma ya! ¡Tengo que hacer los tuppers para mañana!” o a la que le guste pasar ocho horas (con suerte) delante de un ordenador en un trabajo alienante. A cambio, claro, de unos pocos minutos de diversión o un fin de semana en el que tienes que elegir entre mil planes. Y, al final, no siempre ganan los videojuegos, por mucho que sea nuestra afición principal. Ser adulto también es poder comprarse todas las novedades y no disfrutar realmente de ninguna.
¡Game Over!
Por suerte, hay alternativas. Hay miles y miles de juegos indies de un ratito preparados para emocionarte y cambiarte la vida, con los que entender qué se está haciendo realmente en la industria y cuáles son los caminos por los que puede ir en el futuro. Básicamente, es como tener un tentempié de aquello a lo que, probablemente, nunca podrás dedicarle el suficiente tiempo. La otra opción es jugar un ratito, estando en paz y siendo consciente de que nunca te llegarás a pasar un juego de 250 horas.
No pasa nada por jugar solo para divertirse. No pasa nada por tener una edad que no nos permita, por tiempo ni ganas, darlo todo cuando salga el GTA 6. No pasa nada por no ir al mismo ritmo que streamers, influencers o que nosotros mismos cuando éramos más jóvenes. Y ya va siendo hora de grabárnoslo en la cabeza: hay demasiadas películas del año, series imprescindibles, libros que te engancharán, cómics que leer, etcétera, y agobiarte con el ocio es una absoluta locura. Bastante tenemos con el día a día agobiante: no nos obliguemos a nosotros mismos, ¿no?
Vale, sí, muy bonito sobre el papel, pero cuando salga el próximo juego de doscientas horas de esa saga que tanto nos gusta, ya veréis cómo nos cuesta repetirnos este mantra a nosotros mismos al comprobar cómo todo el mundo se lo pasa en cuestión de días mientras seguimos atascados con el jefe final de turno. Ni que no nos conociéramos: la edad, quieras que no, es un grado.