Tras el fracaso tremendo de Supergirl y la fusión de Warner con Paramount, formando ese gigante absurdo y pantagruélico que es Skydance, no fuimos pocos los que nos preguntamos qué demonios iba a pasar con el Universo DC a partir de ahora. Y la respuesta es… aparentemente, nada. Linternas fue un éxito (relativo, al menos, pero éxito al fin y al cabo) y Clayface, que tenía todas las cartas para ser un fracaso estrepitoso, está aguantando en cines lo suficientemente bien como para financiar, al menos, un año más del universo de James Gunn. Solo hay una pregunta: ¿Clayface ha tenido éxito por ser de DC… o por ser una película de terror?
DClayface
Reconozco que yo era de los que pensaba que una película autoconclusiva sobre un villano aleatorio de Batman y que, además, era una película de terror para un público que normalmente está sediento de acción, era básicamente un suicidio comercial. Sin embargo, Clayface ha tenido buenas críticas y la taquilla ha respondido: lleva 61,8 millones de dólares recaudados y, de momento, solo ha bajado del top 1 en Estados Unidos durante tres días, con la intención de revalidar su trono un fin de semana más.
Teniendo en cuenta que ha costado unos 44 millones de dólares y que le queda mucho por delante, no solo tiene todas las cartas para superar los 126,5 millones de Supergirl, sino dar beneficios y demostrar que, efectivamente, el cine de DC puede dar mucho de sí… Siempre y cuando oculte que se trata de superhéroes y supervillanos. Porque, seamos honestos: ¿Cuánta gente que ha ido a ver esta película cerca de Halloween, dejándose llevar por el body horror y las caras descompuestas, sabe que este personaje ya ha salido en Comando Monster y es un habitual rival del Cruzado Enmascarado?
Supongo que tienen que aferrarse a un clavo ardiendo, pero gran parte del público general se habrá sorprendido al ver que este personaje vive en Gotham, o incluso que el logotipo de DC ha salido antes de los créditos, acostumbrados como estamos a que solo los personajes más potentes copen sus películas. Hay que sumarle, además, que esta no es una película de superhéroes, sino la demostración de que el concepto “superhéroes” es muy amplio y se pueden mezclar muchos géneros en su interior, como si fuera un contenedor de todo tipo de proyectos.
El problema es el mismo: a Skydance le interesa crear marcas y solidificar las que están en activo. Que el público tenga a su Batman, su Wonder Woman, su Superman y su Green Lantern, y que si alguien nuevo osa a entrar en este sagrado cuarteto, al menos todo el mundo pueda reconocer al instante que comparte universo con ellos. Estaría realmente interesado de hacer una encuesta al público que sale del cine preguntándole con quién querrían ver a Clayface haciendo un crossover, sobre todo teniendo en cuenta que no hay referencias de ningún tipo a lo largo de la cinta, y solo los más enterados saben de dónde procede.

Hay que resaltar que Clayface salió por primera vez en Detective Comics en 1940, pero no tenía ningún tipo de poder: simplemente era un hombre maquillado y con una máscara dispuesto a vengarse de aquellos que quisieron hacer un remake de sus películas (hace casi 90 años, y sigue estando de plena actualidad). Tuvieron que pasar dos décadas, hasta 1961, cuando viéramos al Clayface actual… Y no se puede decir que haya traspasado las páginas como Joker o Lex Luthor: es un villano de segunda, pero, al fin y al cabo, ¿acaso no eran los Guardianes de la Galaxia unos héroes de segunda?
James Gunn está, en el fondo, usando la misma fórmula que utilizó en Marvel: tratar de popularizar a héroes (y villanos, en este caso) olvidados, dándoles una vuelta y trastocando todo lo que el público creía saber sobre el cine de superhéroes. La apuesta, para sorpresa de todos los que creíamos que este sería el final de su universo, le ha salido bien de momento. La pregunta es… ¿Lo sabe el público?