Todo el mundo conoce La casa de papel, y eso que cuando la temporada 2 se estrenó en España tuvo tan mala audiencia que la movieron de día, tratando de encajarla en algún sitio. Por suerte, Netflix vino al rescate y el resto, como ahora sabemos, es historia. Tras 5 temporadas y 2 de su precuela y spin-off Berlín, el streamer no está dispuesto a dejar descansar su mina de oro, así que es el momento ideal para echar la vista atrás y ver cómo se pudo hacer un fenómeno internacional tan grande como este. ¡Quién sabe, si tomas nota quizá tú mismo seas el próximo creador de éxito de Netflix!
Atraco a las tres
En un principio, La casa de papel iba a tener otro tono e incluso otro título: Alex Pina, su creador, decidió llamarla Los Desahuciados, porque todos los miembros de la banda vendrían de una situación absolutamente desesperada. Por suerte tomó nota de mejoras, cambió el nombre y el resto es historia. Y en historia, precisamente, se basa la serie, aunque no española. Concretamente, se basa en un delincuente estadounidense y en un robo argentino que guarda unas similitudes muy parecidas a las de los Dalís.
Solo que allí no había un Profesor, sino un Maestro, un hombre sin antecedentes penales que planeó el robo del Banco Río de Acassuso de arriba abajo el 12 de enero de 2006. La banda eran tan solo 6 personas, que, con pistolas de juguete, entraron, secuestraron a todas las personas que estaban allí y esperaron a estar rodeados de policías. Cuando entraron, 5 horas después del inicio del atraco, el equipo ya se había ido: robaron 15 millones de dólares y escaparon por un tunel que cavaron ellos mismos y del que se marcharon en lanchas. ¿No se os parece un poco al plan de cierto Profesor?
Tristemente, el final de este caso de Robin Hoods no fue feliz: la mujer de uno de ellos les delató, y pasaron cinco años en prisión dado que no habían hecho daño realmente a nadie. Eso sí, solo se recuperó un millón, y el resto sigue en paradero desconocido. Esta actitud pacifista es la misma que tenía nuestro otro protagonista, Willie Sutton, un forajido del siglo pasado que robó unos dos millones de dólares en total y llegó a fugarse hasta tres veces de prisión sin hacer nunca daño a nadie.
Entraba en los bancos con una pistola, pero no por gusto, sino porque, según declaró, no puedes robar un banco solo con carisma y personalidad. Es más: aparentemente, nunca cargaba sus pistolas porque no quería hacer daño a nadie. El público general le aceptó como una especie de caballero o de Robin Hood, e incluso había rumores que decían que se retiraba de los atracos si una mujer gritaba o un niño se ponía a llorar.

Eso sí, era mucho menos galante que los Dalís e incluso llegó a afirmar que “Robé bancos porque lo disfrutaba. Lo adoraba. Estaba más vivo cuando estaba dentro de un banco, robándolo, que en ningún otro momento de mi vida. Lo disfrutaba tanto que una o dos semanas después ya estaba buscando mi siguiente trabajo. El dinero era un extra, nada más”. Genio, figura y ladronzuelo: ¿Cómo no iba a servir de inspiración para los “ladrones éticos” de La casa de papel?