Tras su éxito, se abrió el baúl de las franquicias: si vale el juego de Square, ¿por qué no hacer una serie secuela de ‘Up’? ¿Y qué me decís de un manga de ‘Lilo y Stitch’?
Uno ya intuía que algo estaba cambiando en Disney cuando apareció ‘Kingdom Hearts’. ¿Los personajes más clásicos de la historia de la empresa peleando junto a los de ‘Final Fantasy’ y haciendo crossovers? Sonaba, desde luego, arriesgado, más de lo que la empresa suele estar dispuesta a serlo. Pero funcionó. Y después, tras su éxito, se abrió el baúl de las franquicias: si vale el juego de Square, ¿por qué no hacer una serie secuela de ‘Up’? ¿Y qué me decís de un manga de ‘Lilo y Stitch’?
Triunfar en Japón para una empresa americana no es siempre fácil, y por eso cuando lo consiguen intenta siempre exprimir el producto al máximo hasta dejarlo absolutamente seco. Tras la película de 2002, Stitch se convirtió, de la noche a la mañana, en un fenómeno nipón tan importante que pronto se licenció en todo tipo de merchandising, desde tarteras y peluches en un diseño que acentuaba su lado más kawaii (o sea, adorable) hasta productos específicos para los japoneses.
‘Stitch y el samurái’ no es el primer manga que Disney lanzaba en Japón: además de las adaptaciones de ‘Wall-E’ o ‘Buscando a Nemo’ ya había hecho incursiones en los crossovers más locos. Por ejemplo, en 2015 nació ‘Miriya & Marie’, que tenía como protagonista a una niña japonesa transportada al París de 1910 que conoce a la gata de ‘Los aristogatos’ (sí, tal cual) y una década antes, en 2005, fue el turno de que ‘Kilala princess’ presentara personajes de ‘Blancanieves’, ‘Aladdin’ o ‘La bella y la bestia’ enseñando a una niña lo que significa ser Princesa Disney: el ‘Kingdom Hearts’ shojo, para entendernos.
Pero ninguna locura tan maravillosa como ‘Stitch y el samurái’ (‘Tono & Stitch’ en su versión original), en el que la criatura, años antes de conocer a Lilo, se escapaba de la base y, tras un error crítico de su nave, acababa aterrizando en… la era Sengoku japonesa, que transcurrió en los siglos XV y XVI. Allí, la criatura conoce un grupo de señores de la guerra que se quedan obnubilados por su belleza.
Lo curioso es que el manga comienza con crueldad, no tan diferente de un ‘Lobo solitario y su cachorro’ (salvando las distancias): Stitch se siente realmente como rompiendo en dos otra historia totalmente diferente, y vaya que si lo consigue. Al final del tomo 2, los señores de la guerra tienen que ir a una ciudad futurista y conocen las máquinas de refrescos sin entender qué demonios está pasando.
Sorprendentemente, los tres tomos llegaron a publicarse en España de manos de Planeta, pero su autor, Hiroto Wada, no estuvo ahí para celebrarlo: murió poco después de terminar el último episodio a los 46 años de una hemorragia cerebral. Deja tras de sí un crossover tan extraño como francamente fabuloso. ¿No os termináis de animar? Venga: peor que ‘Leroy y Stitch’ no puede ser, al fin y al cabo.
Tras él dejó 700 títulos diferentes y unos 60 animes: un total de 150.000 páginas. Haciendo un cálculo rápido, son unas diez al día durante toda su vida. Y aún quería hacer más.
El 9 de febrero de 1989 el dios del manga nos dejó para siempre. Osamu Tezuka, que empezó a crear sus propias historias profesionalmente en 1945, no dejaría nunca de trabajar hasta el mismísimo momento de su muerte, cuando dejó inconclusa ‘Ludwig B’, la biografía ficcionada de Beethoven. Tras él dejó 700 títulos diferentes y unos 60 animes: un total de 150.000 páginas. Haciendo un cálculo rápido, son unas diez al día durante toda su vida. Y aún quería hacer más.
No deja de ser curioso que Tezuka se inspirara en las películas de Disney para dar más expresividad a sus diseños, porque después fue la empresa estadounidense la que se “inspiró” (por no decir que copió descaradamente) uno de sus trabajos, ‘Kimba, el león blanco’. De Kimba a Simba se comieron la cabeza muy poquito.
Antes de Rumiko Takahashi, Eiichiro Oda, Clamp o Tite Kubo estuvo Tezuka, que siempre se negó a circunscribirse a un género: hizo shonen (manga para chicos), seinen (para lectores adultos) y shojo (su inolvidable ‘La princesa caballero’). Aunque disfrutaba creando, tenía tantos proyectos abiertos a la vez que solía escaparse de los editores para poder beber unas copas tranquilamente.
La vida de Tezuka estaba plagada de paradojas y coincidencias. Su vida adulta la empezó licenciándose como doctor, su labor como mangaka se cimentó gracias a una obra sobre medicina (la estupenda ‘Black Jack’) y, finalmente, sus últimas palabras se las dijo a una enfermera. Según se cuenta, cuando estaba en la cama, aquejado de un cáncer de estómago terminal, una profesional le quitó el equipo de dibujo.
“¡Se lo ruego, déjeme trabajar!” fue lo último que dijo el dios del manga a los 60 años, sabedor de que aún tenía muchas más historias que contar. Su legado continúa hasta nuestros días con obras como ‘Pluto’, que cuenta ‘Astroboy’ desde una perspectiva moderna. Pero, quizá, lo más curioso de su carrera post-mortem fuera el descubrimiento de su hija: en 1994, cinco años después de su muerte, abrió un cajón que llevaba cerrado desde entonces.
Dentro encontró una onza de chocolate a medio comer, un ensayo sobre Katsuhiro Otomo y su trabajo en ‘Akira’, bocetos variados… y un buen número de dibujos eróticos de animales antropomórficos. Francamente, incluso cuarenta años más hubieran sido pocos para Tezuka.
¿Quieres iniciarte en la afición? Te hemos seleccionado diez mangas perfectos para empezar. Lo malo es que nunca querrás dejarlo.
Hay quien dice que el primer manga se debe buscar en los pergaminos del siglo XII, pero lo cierto es que normalmente está acordado que el primer cómic japonés entendido como tal tiene su origen hace doscientos años, con la publicación de ‘Hokusai manga’, de Hokusai (el autor de la famosa ola de Kanagawa). Se trataba de dibujos inconexos que no tenían narrativa, pero sentó la importancia que en el país nipón se le iba a dar a la iconografía visual.
Desde entonces hasta ahora se han publicado millones de mangas y el público otaku está en estado de ebullición constante: hay unas 150 revistas semanales o mensuales repletas de diferentes series, que después se recopilan en tomos, de los que los más importantes nos suelen llegar a Europa. Podemos hablar todo lo que queramos de Marvel, DC y el cómic independiente, pero lo que realmente leen los chavales está aquí, entre personas con brazos estirados, amores de instituto y personas convertidas en motosierras. ¿Quieres iniciarte en la afición? Te hemos seleccionado diez mangas perfectos para empezar. Lo malo es que nunca querrás dejarlo.
Desde su inicio en 1997 hasta ahora, ‘One piece’ se ha convertido en algo más que el manga shonen (para chicos) de moda: es pura cultura pop y una de las aventuras más grandes de la historia de la ficción. Lo que empezó siendo algo muy simple se ha liado con cientos de personajes cuyas vidas, carreras y peleas están entrecruzadas y nunca sabes cuándo van a cobrar importancia de nuevo. Comedia, dramón, peleas y muchísimo corazón en el manga que, si no te da pereza, tienes que leer. En España está publicado en dos ediciones diferentes: una tomo a tomo y otra, que acaba de empezar, que junta tres en uno. Tan difícil de leer como fácil de coleccionar.
Monster (Naoki Urasawa)
Tomos: 9
La obra de Naoki Urasawa se cuenta por obras maestras más que por mangas: ’20th century boys’, ‘Pluto’, ‘Asadora!’ y, por supuesto, ‘Monster’, el primero que llegó a España y posiblemente el más recordado. Una historia repleta de pliegues, giros inesperados y un dibujo exquisito que te sorprenderá. Además, por si te cuesta leer cosas ambientadas en Japón, que sepas que la práctica totalidad de sus 162 episodios tiene lugar en Alemania y la República Checa. Una absoluta maravilla. ¡Ah! Puedes encontrarlo en tomos kanzenban (por entendernos: gordos) publicado por Planeta.
Adolf (Osamu Tezuka)
Tomos: 1, 2 ó 5
Osamu Tezuka es considerado el “dios del manga” y no es un apelativo puesto por casualidad. Es prácticamente imposible que leas todo lo que escribió y dibujó en vida, pero hay un manga en particular que deberías visitar como una crónica fabulosa del nazismo: ‘Adolf’ se publicó en la etapa de madurez del mangaka, en 1982, y cuenta la historia de tres Adolf diferentes que tendrán vidas paralelas. Incluyendo, claro, Hitler. Una auténtica perla que puedes encontrar en formato de tomo completo, en dos tomos grandes o cinco más transportables. Tú eliges, pero léelo como sea.
Maison Ikkoku (Rumiko Takahashi)
Tomos: 10
Es difícil escoger algo de Rumiko Takahashi, la autora de obras como ‘Ranma 1/2’, ‘Inu Yasha’ o ‘Lamu’, pero nos quedamos con uno de sus primeros títulos, un manga de romance adulto con mucha comedia loca que te hará enamorarte de cada uno de los personajes de esa casa de locos, pero especialmente de Kyôko y Godai, que vivirán encuentros, desencuentros, amores y desamores continuos hasta, probablemente, el final más satisfactorio de una autora a la que le cuesta terminar sus historias. Justo ahora acaba de empezar a republicarse en diez tomos grandes, pero si eres muy mayor es posible que recuerdes su primera edición como ‘Juliette je t’aime’.
Video Girl Ai (Masakazu Katsura)
Tomos: 9 ó 15
Puede que sea porque es el primer manga que leí jamás, pero siempre he encontrado en ‘Video Girl Ai’ una pureza que no veo en otros shonen románticos. Sí, exagera los atributos sexuales de sus protagonistas. Sí, se alarga un poquito. Pero es tan dramático, tan adolescente, tan desesperadamente romántico, tan picante y tan divertido que solo queda leerlo para darse cuenta de lo que era el manga en los años 90 resumido en una obra. Si te gusta, conjunta con otra obra mítica de Katsura, ‘I”s’. Puedes encontrarlo en una serie de 15 tomitos que salieron hace muchísimo tiempo e incluían su secuela ‘Video Girl Len’ o en una reedición en 9 tomos que comenzará en breves de manos de Planeta.
Buenas noches, Punpún (Inio Asano)
Tomos: 13
Inio Asano es una de las voces adultas del manga más interesantes. Suyos son ‘Solanin’ o ‘Dead Dead Demons Dededede Destruction’: es especialista en, bajo una capa de dulzura e inocencia, romperte el corazón en mil pedazos. Y en ningún sitio como en Punpún, la serie sobre un personaje disfuncional que va creciendo desde la infancia hasta los veinte años: el manga empieza siendo el perfil de un personaje extraño en un mundo que no entiende y acaba adentrándose en la filosofía y el nihilismo en una recta final inolvidable y emocionalmente catastrófica. Una maravilla.
Uzumaki (Junji Ito)
Tomos: 1
Al hablar de autores influyentes en el terror contemporáneo, sí o sí, Junji Ito tiene que aparecer. Sus imágenes enrevesadas, historias lánguidas, personajes raídos y blanco y negro demoledor hacen de historias como ‘Uzumaki’ auténticas ventanas a las pesadillas. En un solo tomo (o 6 si tenéis la antigua edición) podréis ver a un pueblo obsesionándose poco a poco con las espirales hasta que, de pronto, son lo único que importa en su vida…. Y entrarás en un estado de locura del que no hay retorno. Si os gusta, no os perdáis el resto de su obra, publicada extensamente a lo largo de los años (pero especialmente la estupenda ‘Tomie’. De nada).
El almanaque de mi padre (Jiro Taniguchi)
Tomos: 1
Y el contrapunto exacto de Ito es Jiro Taniguchi, un autor centrado en la tranquilidad, los paisajes, los paseos y la melancolía que alcanzó su obra maestra en ‘El almanaque de mi padre’, una vuelta de tuerca a la nostalgia que refleja la transformación de Japón representada en una familia, y en particular un padre, que, como todas las personas, está lleno de aristas y es mucho más complejo de lo que parece. Si queréis indagar en su obra, ‘El caminante’ y ‘Barrio lejano’ os colmarán de alegría y, al mismo tiempo, tristeza. Es la magia de Taniguchi.
Mi experiencia lesbiana con la soledad (Kabi Nagata)
Tomos: 1
Kabi Nagata es una mangaka con problemas mentales que ha plasmado su vida a lo largo de distintos mangas, del que el más famoso es este, en el que cuenta cómo venció su timidez para contratar una prostituta lesbiana… Y el error que supuso. Nagata es directa, honesta, divertida y aunque cae en el autoodio más veces de las que, como lectores, nos gustaría leer, es más que comprensible viendo la vida que nos cuenta. Como probablemente después de leer el tomo editado por Fandogamia queráis más, también tenéis ‘Diario de intercambio (conmigo misma)’, ‘Acabé echa un trapo huyendo de la realidad’ y ‘Kabi Nagata, guerrera errante’. No llegan nunca a la refrescante novedad de este tomo pero son estupendos igualmente.
Yotsuba! (Kiyohiko Azuma)
Tomos: 15 (y contando)
Yotsuba es una niña que descubre el mundo. Ese es el manga. No tiene más, ni falta que hace. Es la cosa más bonita y cuqui que vais a leer en vuestra vida gracias a unos personajes amables y bien definidos, un dibujo gracioso y adorable, la perfecta comprensión de la mente infantil por parte de Azuma y el absoluto amor que es su protagonista. No hay otra opción que acabar encantados con ella. A diferencia de muchas otras series, cada capítulo del manga es mensual, lo que impide que salgan tomos a toda velocidad. Mejor: es la oportunidad para tomarse con tranquilidad la vida. Igual que Yotsuba.
Es ahora, tras casi 1100 capítulos, cuando por fin empezamos a otear, muy lejánamente, el final de la aventura.
Si aún no conoces ‘One Piece’, probablemente sea porque la barrera de los más de mil episodios te echen para atrás. Si ya eres fan, seguramente seas uno de los que han pronunciado la frase “Bueno, pero se pasan en nada, poco a poco llegas, merece la pena”. El manga de Eiichiro Oda nació en las páginas de la Shonen Jump el 22 de julio de 1997 y desde entonces hasta hoy han seguido publicándose casi sin descanso. Pero… ¿Y si os decimos que originalmente habría terminado hace ya veinte años?
Para Oda, la historia de un pirata que se estira y su loca tripulación no daba para más de cinco años: Uno de presentación donde se unirían todos los compañeros, tres en Grand Line y uno de la saga final. Pero todo lo bueno que es el mangaka contando historias no lo es calculando el tiempo: tras 101 episodios, el grupo de solo cinco tripulantes (de los diez planeados) conseguía llegar al inicio de la aventura principal. Es ahora, tras casi 1100 capítulos, cuando por fin empezamos a otear, muy lejánamente, el final de la aventura.
No deja de ser sorprendente que el creador de uno de los mangas más influyentes de todos los tiempos sea tan despistado. Por ejemplo, en 2003 dijo que un miembro de la tripulación moriría ese año: sucedería tres años después con la destrucción del Going Merry. También quiso matar a Ace, el hermano de Luffy, el mismo año de su aparición, y si has leído el manga o visto el anime ya sabes cómo acabó el asunto. Por eso, cuando dice que solo quedan tres años para que la aventura se termine, es mejor tomarlo con pinzas.
Aunque puede que nos sorprenda que un manga pase de los 1.000 episodios, en Japón es bastante normal. Por ejemplo, ‘Kobo-chan’, una tira de Masashi Ueda que lleva publicándose desde hace cuarenta años, pasa de los 13.300, y ‘Sazae-san’, que vio crecer a su protagonista desde 1946 hasta 1994, acabó su andadura con la friolera de 6.477 (más de 8.000 en el anime, que aún se emite). Es posible que la obra de Oda acabe desbancando en longitud a clásicos como ‘Doraemon’ (1.345 entregas) o ‘Detective Conan’ (1.125 de momento), pero aún está por ver. Dependerá del cálculo, pelea arriba pelea abajo, del mangaka.
De momento, nos conformamos con agarrarnos a los brazos de Luffy, poner la cuarta marcha y dejarnos sorprender hasta convertirnos en esas personas que recomiendan animes que cualquiera tardaría cinco años en ver. ¿O es que solo Eiichiro Oda tiene derecho a cambiar de idea?