Android Auto ya es oficial en barcos Crest y Balise: llegará de serie en 2027

MasterCraft Boat Holdings anunció hoy que Android Auto llegará de fábrica a las embarcaciones fabricadas en serie de Crest y Balise en 2027. El estreno arrancará con los modelos 2027 de las gamas Conquest y Caribbean, que montarán una interfaz con lógica de coche para navegación, música y comunicaciones.

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Según la propia compañía, Crest y Balise serán las primeras marcas en ofrecer Android Auto y Apple CarPlay instalados de fábrica junto con navegación pensada específicamente para uso náutico.

La propuesta va bastante más allá de reflejar la pantalla del móvil dentro del barco. Lo que busca es llevar al puesto de mando una experiencia reconocible y más sencilla para el usuario medio, algo que el sector náutico ha tardado años en asumir mientras seguía apostando por sistemas propietarios bastante tradicionales.

Eso significa que el patrón podrá manejar desde la pantalla principal rutas, llamadas, mensajería compatible y control multimedia con un esquema muy parecido al del coche. Para quien no tenga ninguna intención de aprender una interfaz náutica compleja desde cero, esa primera curva de uso puede hacerse bastante más llevadera.

De momento, eso sí, MasterCraft Boat Holdings no ha dado varias especificaciones técnicas que serían clave. La empresa todavía no concreta el tamaño ni la resolución de las pantallas, tampoco el rendimiento del sistema ni la compatibilidad exacta según cada modelo.

Donde sí aparece el rasgo más distintivo es en la integración de Savvy Navvy, un servicio de navegación marina que añadirá cartas náuticas, rutas inteligentes, seguimiento GPS, previsión meteorológica en tiempo real y datos de mareas. Con esa capa, Android Auto no queda solo como una extensión del teléfono, también sirve de acceso a herramientas hechas de verdad para navegar.

Visto así, la idea no consiste simplemente en llevar Spotify al agua. La interfaz mezcla entretenimiento y ayuda a la navegación en el mismo sitio. La suscripción incluida, además, cambiará según la marca: Balise dará un año de acceso premium a Savvy Navvy, mientras que Crest se quedará en un mes.

También encaja con una tendencia de mercado bastante clara. La electrónica marina movió unos 6.770 millones en 2024 y podría rebasar los 13.000 millones en 2034, con un crecimiento anual compuesto del 6,82%. En paralelo, el mercado de barcos inteligentes pasaría de 40.600 millones en 2023 a 80.600 millones en 2033, con una tasa cercana al 7,1%.

No es la primera vez que Android Auto y Apple CarPlay aparecen a bordo de una embarcación. Desde hace años hay equipos de posventa preparados para entornos marinos. Lo nuevo aquí es que esa integración llegue de serie en barcos fabricados en serie.

Por ahora, la comunicación de MasterCraft Boat Holdings sigue muy enfocada en Estados Unidos. Un Crest Conquest 230 SLRC de 2027 ya se anuncia por alrededor de 65.800 dólares, y esa integración figura como equipamiento estándar. Del resto de versiones todavía no se conoce el precio final ni su disponibilidad fuera de ese mercado.

DuckDuckGo añade hoy Copy Clean Link en iPhone: limpia enlaces compartidos

DuckDuckGo ha sumado hoy Copy Clean Link a su app para iPhone. Es una nueva función de privacidad pensada para algo muy concreto: compartir enlaces sin llevarse detrás esos parámetros de seguimiento que suelen venir pegados a muchas URL. Lo que hace es copiar una versión limpia de la dirección, en vez de la URL completa cargada de extras.

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La idea es bastante directa. Mantienes pulsada la barra de direcciones y el navegador te prepara un enlace más limpio, más corto y bastante más fácil de leer. Si quieres usar Copy Clean Link, solo hay que dejar pulsada esa barra y tocar “Copy Clean Link”.

Así, en lugar de mandar al portapapeles la URL entera, DuckDuckGo copia una versión recortada, sin los parámetros que considera innecesarios para que el enlace funcione. En muchos casos eso también evita que ciertos identificadores de seguimiento acaben viajando hasta otra persona cuando pegas el enlace en un mensaje, un correo o una publicación en redes sociales.

La función va contra una práctica conocida como link decoration, o decoración de enlaces. Básicamente, consiste en añadir parámetros a una URL para pasar identificadores de un sitio web a otro.

Esos datos suelen ir después del signo de interrogación. Ahí aparecen etiquetas como “fbclid” de Meta, “gclid” de Google, “msclkid” de Microsoft o parámetros de campaña mucho más comunes, como “utm”. Mucha gente ni se fija en ellos, pero esos códigos pueden servir para relacionar clics y actividad entre páginas distintas. WebKit, el motor de renderizado de Apple, ha descrito estos identificadores de clic como un mecanismo que ayuda a los rastreadores a vincular la identidad de una persona entre varios sitios.

En uso real, Copy Clean Link baja la posibilidad de compartir ese rastro digital sin darte cuenta. Si el enlace se limpia antes de pegarlo, quien lo recibe puede abrir la página sin reenviar automáticamente ese identificador al sitio de destino.

También deja URLs más cortas y más fáciles de revisar a simple vista, que no es poca cosa cuando quieres comprobar a qué página apuntan de verdad. Pero conviene no confundir esta herramienta con una solución total contra el seguimiento online. Si la página ya se abrió, no deshace el rastreo que pudiera haberse producido en ese momento. Tampoco bloquea cookies, scripts ni otros sistemas de seguimiento que funcionan dentro del propio sitio. Y no todos los parámetros son maliciosos ni sobran: algunos sí hacen falta para funciones legítimas, procesos de compra o atribución comercial.

DuckDuckGo, claro, no llega solo a este terreno. Navegadores como Brave y Firefox ya tienen herramientas parecidas. Apple también movió ficha hace poco con Link Tracking Protection, que elimina ciertos parámetros de seguimiento en Mensajes, Mail y en la navegación privada de Safari.

Todo esto encaja con una demanda cada vez más visible de controles de privacidad. Según Pew Research Center, el 73% de los adultos en Estados Unidos cree que tiene poco o ningún control sobre los datos que recopilan las empresas. Y un informe de Cisco de 2024 añadió otro dato: el 75% de los consumidores no compraría productos de una compañía en la que no confíe para proteger su información. Para mucha gente, limpiar enlaces puede sonar a detalle menor. Para periodistas, activistas y otras personas que trabajan con comunicaciones sensibles, quitar identificadores incrustados en un simple enlace puede cambiar bastante las cosas.

Max prueba hoy Shorts: su feed vertical para descubrir series y películas

Max ha empezado hoy a probar Shorts, un feed vertical de Clips cortos dentro de su app pensado para que descubrir series y películas cueste menos. La función aparece justo cuando el verdadero problema del streaming ya no es solo tener mucho donde elegir, sino decidir algo entre catálogos cada vez más grandes. De momento, la prueba está limitada a un grupo reducido de usuarios de iPhone en Estados Unidos.

Por ahora, Shorts solo lo ve ese pequeño grupo de usuarios en iPhone dentro de EE. UU. La propuesta es bastante directa: enseñar escenas breves de películas, series y producciones originales para que el usuario vaya pasando de un clip a otro, entre al título completo con un toque o lo deje guardado en su lista para más tarde.

El movimiento de Max encaja con un cambio más amplio dentro del sector. Las plataformas ya no compiten solo por tener el mejor catálogo, también por lograr que la gente encuentre algo que le interese antes de cerrar la app por puro agotamiento.

Ahí es donde entran los vídeos cortos. Se están convirtiendo en una nueva vía de acceso al contenido largo, sobre todo entre el público más joven, que ya tiene el hábito de descubrir entretenimiento deslizando vídeos en TikTok, Instagram Reels o YouTube Shorts.

Varios estudios citados este año señalan que, en 2025, el consumo diario de vídeo corto en redes ya ha pasado por delante del de la televisión tradicional y del streaming en formato largo.

Para montar ese escaparate, Max recurre a una herramienta interna que localiza escenas con potencial. Después, la elección final queda en manos de editores humanos. La idea es que el feed de Shorts no dé sensación de collage improvisado, sino de algo más afinado y en sintonía con los gustos del usuario.

Max, de todos modos, no va sola en esta dirección. Disney+ ha lanzado Verts, Amazon Prime Video tiene Clips y Netflix ya había hecho pruebas con Fast Laughs. Son versiones de una misma lógica: usar fragmentos breves para que descubrir qué ver se parezca más a la experiencia de una red social.

Y hay más. Max también está probando una búsqueda conversacional basada en consultas en lenguaje natural, otro intento de quitar fricción cuando el usuario ni siquiera sabe bien qué le apetece ver.

Aun así, no todo el mundo compra la idea. Algunos analistas dudan de que reutilizar escenas de contenidos largos sea suficiente para generar más interacción o para empujar reproducciones completas. Tampoco hay por ahora datos públicos claros que demuestren un efecto real sobre las visualizaciones o la retención.

El despliegue de Shorts sigue siendo pequeño y muy concentrado en Estados Unidos, y las primeras reacciones están divididas. Para algunos usuarios, el feed puede resultar útil. Para otros, añade una capa más a una interfaz que ya empieza a parecerse demasiado a la de las redes sociales.

Lo que sí parece bastante evidente es que la pelea del streaming ya no se decide solo por el contenido, sino por la forma en que ese contenido aparece ante el usuario. Aún no se sabe cuándo llegará Shorts al resto de usuarios y mercados.

Instagram despliega Replace Audio: ya permite cambiar la música de publicaciones antiguas

Instagram ha empezado a activar hoy Replace Audio, al menos según los primeros reportes de usuarios. La función permite cambiar la música de una publicación antigua sin borrarla ni subirla otra vez, aunque por ahora el despliegue no parece igual para todo el mundo. En la práctica, deja editar el audio de un post o de un carrusel ya publicado y conservar sus métricas de rendimiento.

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Los likes, los comentarios, los compartidos y, en principio, también el alcance acumulado siguen ahí. Para quien usa Instagram de forma ocasional, es una comodidad. Para los creadores, en cambio, tiene bastante más peso: evita perder señales de interacción que luego cuentan para la visibilidad, la monetización y futuras colaboraciones con marcas.

Ahí estaba uno de los problemas viejos de Instagram. Hasta ahora, si alguien quería cambiar la canción de un Reel, de un vídeo o de una publicación con música, muchas veces no tenía otra salida que borrar el contenido y volver a publicarlo. Y con eso desaparecían también todas las interacciones que había sumado hasta ese momento.

Replace Audio plantea una salida mucho más sensata. Si un audio deja de encajar, si cambia una tendencia o si la canción original ya no rinde como antes, el usuario puede sustituirla sin volver el contador del post a cero. Las primeras reacciones de creadores en redes han ido, en general, por ahí: la recepción a Replace Audio ha sido positiva precisamente porque evita ese reinicio.

Su utilidad tampoco se queda en una simple herramienta de edición. Dentro de la economía de los creadores, una publicación que ha funcionado bien puede servir como carta de presentación ante anunciantes y agencias. Borrar un contenido exitoso solo para corregir el audio implicaba perder una prueba pública de tirón, y eso no era un detalle menor.

También abre la puerta a mantener activas publicaciones antiguas adaptándolas a sonidos más actuales. De paso, da una segunda vida a contenidos que, en una plataforma tan marcada por tendencias musicales que cambian a toda velocidad, podían quedarse viejos antes de tiempo.

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Hay otro caso claro en el que Replace Audio puede resultar útil: cuando Instagram silencia un vídeo por cuestiones de derechos. Si expira una licencia o aparece un conflicto con la música usada, algunos contenidos se quedan mudos; ahora la plataforma permite cambiar ese audio por otro disponible dentro de su biblioteca. El golpe se reduce, aunque el problema de fondo siga ahí.

Eso sí, el despliegue no parece uniforme. Algunos usuarios aseguran que todavía no les aparece la función, y otros comentan que en ciertos casos la opción solo se activa cuando Instagram ya ha silenciado el contenido por temas de derechos de autor.

La mayoría de los primeros reportes se han concentrado en Norteamérica y Europa. Sigue habiendo muy poca información sobre su adopción o sobre posibles restricciones en mercados de América Latina. Por ahora no se sabe cuándo llegará Replace Audio a todos los usuarios.

Eric Trump entra ahora en los robots militares humanoides: contrato del Pentágono por 24 millones

Foundation Future Industries, una empresa de robótica humanoide en la que Eric Trump aparece como inversor y principal asesor estratégico, acaba de conseguir un contrato del Pentágono, el Departamento de Defensa de Estados Unidos, por 24 millones de dólares para desarrollar robótica pensada para el campo de batalla. El acuerdo ha puesto a la compañía bajo una lupa mucho más intensa: no solo trabaja en sistemas de uso militar, también mantiene un vínculo directo con la familia presidencial, y eso vuelve a abrir la discusión sobre posibles conflictos de intereses.

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La participación de Eric Trump ya habría despertado atención de todos modos. Pero el foco aumenta por otro motivo: la empresa no se limita a trabajar para defensa y su consejero delegado, Krishna Pathak, ha dicho en público que la idea es dar a estos robots capacidades letales.

La compañía vende su proyecto como una apuesta por la robótica humanoide para entornos duros, entre ellos el militar.

Para quienes la critican, el problema tiene dos caras. Foundation Future Industries quiere abrirse paso en un terreno especialmente sensible y lo hace con Eric Trump en un cargo estratégico, mientras su padre, Donald Trump, está en la presidencia. Ese cruce entre política, defensa y negocio ha disparado las dudas sobre un posible conflicto de intereses y sobre eventuales tratos de favor.

De momento no existe una prueba pública de irregularidad. Aun así, el hecho de que una firma ligada a la familia presidencial haya obtenido un contrato militar ya ha hecho saltar las alarmas entre observadores de Washington y grupos de control.

Y este caso no aparece aislado. Según varios informes, fondos de inversión vinculados a Donald Trump Jr. y Eric Trump apoyaron empresas de tecnología de defensa que después recibieron al menos 3.200 millones de dólares en contratos federales, además de alrededor de 3.100 millones en opciones de contrato futuras.

Cuando se habla de “robots asesinos”, normalmente se alude a sistemas autónomos letales capaces de identificar objetivos, seleccionarlos y matar sin intervención humana directa en cada decisión.

Quienes defienden estos sistemas sostienen que podrían reaccionar más rápido y operar en escenarios demasiado peligrosos para los soldados. Sus detractores ven otra cosa. Ven una línea roja, por el vacío de responsabilidad que aparece si una máquina se equivoca y mata a civiles, por los sesgos que pueden colarse en la identificación de objetivos, por la deshumanización de la guerra y por riesgos técnicos muy concretos, desde pirateos y falsificación de señales hasta fallos en medio de combates caóticos. El Comité Internacional de la Cruz Roja lleva tiempo insistiendo en lo mismo: el uso de la fuerza exige un control humano significativo.

Estados Unidos, China y Rusia pisan el acelerador en el desarrollo de armas autónomas, mientras la guerra de Ucrania se ha descrito una y otra vez como un banco de pruebas para sistemas no tripulados y nuevas formas de combate automatizado.

Más de 120 países respaldan un nuevo tratado sobre este tipo de armas. El secretario general de la ONU, António Guterres, las ha llamado “moralmente repugnantes” y, en diciembre de 2024, la Asamblea General aprobó una resolución sobre el asunto. Pero las grandes potencias militares, entre ellas Estados Unidos y Rusia, siguen negándose a una prohibición total. Ahí es donde Foundation Future Industries queda en una posición especialmente delicada, porque cada nuevo contrato reaviva la misma pregunta: quién debe decidir cuándo una máquina puede matar.