El ciclo de vida de PlayStation ha sido de seis o siete años desde su mero inicio, cuando PS2 apareció cinco años y pico después de la primera. Solo en ese espacio de tiempo creó sagas, mostró que un nuevo tipo de videojuegos era posible y maravilló al público de la época, algo que solo fue a más en PS3 (seis años y medio después), PS4 (siete años después) y PS5 (otros siete años después). Y con la tontería estamos ya en 2026, seis años después del lanzamiento de la última consola de Sony, y no son pocos los que están empezando a hacer cuentas: ¿Qué pasa con PS6? ¿Saldrá en 2027 o, viendo lo a trompicones que ha ido la generación, es mejor esperar?
Queda mucho por jugar
En los 2000, hacer un juego para la consola de Sony no era tan complicado: los estudios podían hacer títulos de todo tipo porque había mercado, no eran producciones tan caras y en un año podían sacarse nuevos títulos de algunas de las sagas más importantes. Sin embargo, con el aumento en la calidad de los gráficos, los mundos abiertos, las cinemáticas espectaculares y los gameplays cada vez más complejos estamos llegando a ciclos de desarrollo de hasta cinco o seis años por juego AAA. Y eso se traduce en que, de manera inevitable, la consola tiene menos juegos importantes y es inevitable sentir que, total, para jugar a los indies ya nos valía Steam.
Claramente PS5 no ha llegado al cénit de su vida. Le falta GTA VI, Lobezno, Intergalactic o Saros, juegos que sí expriman su potencial. Al fin y al cabo, ¿qué novedades podría tener una PS6 que, a estas alturas, no veamos ya en la consola actual? Las mejoras gráficas a 8K (disponibles en PS5 Pro) son algo que tan solo unos pocos pueden disfrutar, la fluidez y los tiempos de carga son ya fantásticos y no somos pocos los que sacrificaríamos el hiperrealismo cada vez más obsesivo a cambio de más juegos, más divertidos y que se arriesgaran de verdad con un concepto totalmente distinto. Pero claro, pasa lo mismo que en el cine: a más dinero y más desarrollo, más quieren jugar a lo seguro. Y el resultado es aburrido.
A todo esto hay que sumarle la crisis de las RAM por culpa de los centros de datos que albergan, sobre todo, a las IAs. Sin RAM del más alto nivel, no hay consolas, o, desde luego, no a un precio que pueda resultar mínimamente competitivo. Mientras Nintendo sí que puede seguir jugando a lo suyo (porque no está en la batalla del hiperrealismo), a Sony no le queda más remedio que esperar a ver cómo evoluciona el mundo de la tecnología… Y la cosa no pinta bien. De hecho, informes internos indican que la futurible PS6 aparecería en 2029 como pronto, cumpliendo una década y dando tregua a los jugadores. Eso si llega a salir: por mucho que parezca imprimir billetes, está por ver que el público quiera más si no hay un salto para justificarlo.
¿Qué nos espera en una futura PS6 (o una Xbox)? ¿Una apuesta loca por la IA que la mayoría de la gente no quiere? ¿Cambios mínimos con la excusa de vaciar la cartera al público? Lo más lógico es, dado que la consola aún sigue funcionando, que paren un momento y cambien su propia historia: no hay necesidad de evolucionar en absoluto, el público no lo quiere ni está preparado para pagar 700 euros para renovar algo a lo que no ha sacado todo el partido. Que no haya PS6 puede molestar a los más fans, pero es el único paso lógico en estos tiempos que corren. O, al menos, hasta que tengan más que amortizado GTA VI.