La imposible pero real relación entre Batman y Paris Hilton

Tal y como lo leéis: la multimillonaria de 42 años podría, técnicamente, pasearse por las páginas del Hombre Murciélago en cualquier momento porque está más que estipulado que ambos conviven en el mismo universo.

Batman. El señor de la Noche. Guardián de Gotham. Amigo del bisabuelo de Paris Hilton. Vale, no, espera un momento, ¡¿qué?! Tal y como lo leéis: la multimillonaria de 42 años podría, técnicamente, pasearse por las páginas del Hombre Murciélago en cualquier momento porque está más que estipulado que ambos conviven en el mismo universo. ¿Que no os lo creéis? Abrochaos el bat-cinturón porque esta historia es para no creérsela.

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¡Santos Hiltons, Batman!

Seguro que recuerdas algunas de las portadas ridículas del ‘Batman’ de los años 50: Batman y Robin conocen a los tres mosqueteros, luchan contra El Papagayo en Sudamérica, adoptan al Bat-perro, se convierten en sirena… Cada mes, tres aventuras absolutamente estrambóticas esperaban a los niños en una época en la que el cómic de superhéroes no era nada más que un divertimento para chavales. Lo bueno es que el héroe no era un icono universal, y estos disparates quedaban solo en los corros infantiles… Hasta que llegó 1966.

Unos años antes, la llegada de ‘Los cuatro fantásticos’ rompió el cómic de superhéroes en dos: por primera vez, Marvel demostró que se podían hacer historias más o menos maduras aunque fueran directas a los niños. Los tebeos traspasaron las fronteras de los colegios y llegaron a las universidades: DC no se podía quedar atrás, y en 1964 Carmine Infantino reimaginó a Batman con un tono más oscuro y realista y un nuevo traje que no pudo lucir lo suficiente. El culpable, William Dozier, un productor de ABC encargado de hacer una serie de cierto superhéroe enmascarado del que jamás había oído hablar.

De poco importaba que Infantino y John Broome estuvieran cambiando la historia del cómic en ese momento: Dozier compró una docena de cómics de Batman entre los que había un recopilatorio de historias de los años 50 (el ‘Giant Batman Annual’ de 1965) y dio por hecho que el personaje no había evolucionado en absoluto. Dicho y hecho: la serie de 1966 protagonizada por Adam West sería exactamente así de camp, absurda y sin complejos. Pero esa es otra historia. De momento vamos a utilizarla para entender el contexto.

Prensa que te prensa

La serie de televisión lo cambió todo. De pronto, Batman nació para muchísima gente que empezó a llevar su logotipo en camisetas, gorras, tarteras, juguetes y todo tipo de merchandising imaginable. Fue tal el éxito que, como si fuera ‘Los Simpson’ ahora, los famosos empezaban a hacer fila para tener un papelito en la serie. Bruce Lee, Otto Preminger, Jerry Lewis, Joan Collins, Zsa Zsa Gabor… Todo el que era alguien en los años 60 salió haciendo el ridículo conscientemente en ‘Batman’.

La serie fue tal exitazo que consiguió revivir unas tiras de prensa que llevaban un par de décadas sin aparecer en los periódicos estadounidenses. Solo que, esta vez, tendrían como base los episodios televisivos. Whitney Ellsworth y Joe Giella se ocuparon de ella y, sobre todo, de dibujar a las estrellas invitadas. Si en la televisión estaban, tendrían que estar también en los cómics, ¿no?

Enero de 1967. Batman y Robin se encuentran a un hombre sentado en el Batmóvil (“¡Extraño! ¿Quién haría algo así en Gotham City?”, dice nuestro héroe). Su nombre permanecería en el misterio hasta el día siguiente, pero el lector más avezado conseguiría ver la caricatura realista de Conrad Hilton. Hilton nació en 1887 y con apenas veinte años ya estaba metido en el negocio de los hoteles. De hecho, la primera cadena hotelera del mundo tuvo (y tiene) su nombre: era famoso para todo el mundo… ¡Incluso para Batman!

Bat-hotel, dulce Bat-hotel

Hilton apareció en la tira para pedir ayuda con el Hotel Batman que había diseñado (“¡Santo Taj Mahal!”, dice Robin) en el que las camareras llevaban un uniforme inspirado en el de Robin y en el que el lago de ocho kilómetros cuadrados estaba diseñado con el logotipo del Cruzado Enmascarado. Incluso tenía un bat-coche de golf que, como apuntala Batman, “Funciona con BATerías, seguramente”. Este Batman, las cosas que tiene.

En realidad, como véis, todo es un plan de Hiedra Venenosa para robar a los invitados del hotel, pero no es esto lo que nos importa. Lo cierto es que la aparición de Conrad Hilton en el tebeo supuso un tumulto en el sector hotelero. Al fin y al cabo, esto era publicidad gratuita para su cadena… Y, aparentemente, se negó la publicidad en la prensa que sacara la tira diaria. No penséis que, después de la polémica, diraría poco: de enero a marzo, el tatarabuelo de Paris Hilton se convirtió en un habitual de las aventuras del Dúo Dinámico.

Concretamente, el 17 de marzo fue el final de Conrad Hilton en las tiras de Batman, una vez atrapada Hiedra Venenosa. Nunca jamás volvió a salir y el papel de estrella invitada fue tomado por el cómico Jack Benny. Queda claro, pues: Paris Hilton y Batman aún podrían unirse en un loco crossover. ¿Quién sabe? Cosas más raras han pasado.

Snowflame, el supervillano que conseguía su poder esnifando cocaína

Poco imaginaba el guionista que a sus cuarenta años recién cumplidos crearía el personaje más extraño de toda su carrera… o que aquella macarrada tendría una vuelta de tuerca tres décadas después: esta es la historia de Snowflame.

Los años 80 fueron una época muy curiosa en los cómics de superhéroes. Las ventas iban tan por las nubes de manera continua y las sagas eran tan potentes que los autores iban encadenando éxitos, permitiéndose hacer virguerías que ahora mismo estarían rotundamente prohibidas por cientos de comités. Por ejemplo, Len Wein, Gerry Conway y Steve Englehart crearon un crossover no oficial entre Marvel y DC en las páginas de ‘Strange adventures’, ‘La liga de la Justicia’ y ‘Thor’ en la que ellos mismos (y la esposa de Englehart) salían hablando con los superhéroes.

Englehart, por entonces, ya era un nombre propio de los cómics: suyas son sagas como La Madonna Celestial o La Corona Serpiente en ‘Los Vengadores’, por ejemplo. Pero poco imaginaba el guionista que a sus cuarenta años recién cumplidos crearía el personaje más extraño de toda su carrera… o que aquella macarrada tendría una vuelta de tuerca tres décadas después: esta es la historia de Snowflame.

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¡Siente el calor de Snowflame!

Hay gente que no se da cuenta de lo mucho que las editoriales se copiaban entre sí en los 80. Tanto, que DC tuvo un grupo llamado Guardianes del Universo antes de que a Marvel se les ocurrieran sus homónimos de la galaxia. Este equipo nació en 1960 y estuvo unido a los Green Lantern Corps hasta que un crossover lo cambió todo (o eso pensaban): ‘Millennium’ empezó en 1988 y duró ocho semanas, en cada una de los que salió un cómic de la colección principal.

A lo largo de este crossover, Herupa Hando Hu, un Guardián, y Nadia Safir, una Zamaron (de verdad, entendemos que no leáis cómics, no parece nada sencillo) escogieron a diferentes héroes de alrededor de todo el planeta para formar un nuevo equipo: Los Nuevos Guardianes. Una mujer australiana que se convirtió en una fuerza cósmica, un hombre peruano que fue uno de los primeros superhéroes homosexuales de la historia, una mujer china, un hombre-planta…

Los ocho miembros de los Nuevos Guardianes eran la manera de DC de abrirse a un mundo más diverso. Los personajes acabaron siendo desde entes cósmicos hasta robots o fueron mordidos por vampiros supremacistas blancos con SIDA. No, no nos lo estamos inventando: The Hemo-globin fue el primer villano al que se enfrentaron ‘Los nuevos guardianes’. Pero el que lo cambió todo e hizo que la serie pasara a la historia de la infamia fue el de su número 2: Snowflame.

Qué gustito, qué placer, estar en la cocaína

El cómic se iniciaba directamente en la selva con el grupo enfrentado a un enemigo vestido de rojo con un aura blanca a su alrededor, que afirmaba “La cocaína es mi dios, y soy el instrumento humano de su voluntad”. La sutileza salía volando por la ventana y el tebeo solo acababa de empezar: Snowflame se hacía cada vez más fuerte al esnifar el poder de la planta de la cocaína sobre la que peleaba.

La mansión del villano, en mitad de la selva, tenía una piscina, chicas bailando en ropa interior y al propio personaje diciendo frases como “¿Sabes cuántas bolsas tenemos que vender a los distribuidores para comprar un Rolls-Royce? ¡Diez, Manuel!”. De fondo, personajes aparecían esnifando directamente. ¡En un cómic de DC! ¡Pensad en la absoluta locura que es esto! Es más, el propio Snowflame lo hacía para enfrentarse a nuestros héroes, sin plantas de por medio, afirmando que estaba ante “El regocijo definitivo, el éxtasis divino, la euforia de la electricidad que ahora surge de cada molécula de mi cuerpo”. Madre mía, ‘Oso vicioso’ en versión músculos.

Finalmente, el fuego que envolvía a Snowflame le hacía explotar… Y ahí se acababa su historia. Bueno, a priori. ¿O es que no sabéis que en los cómics de superhéroes nadie vive ni muere? Solo se transforma. Pasemos 32 años hacia el futuro: septiembre de 2020. La sociedad estaba recluida en sus casas, con miedo al Covid. Fue el momento perfecto para que Blake Northcott y Sean Murphy trajeran de vuelta al supervillano favorito de los niños.

No estaba muerto, estaba de parranda

Número 23 del volumen 5 de ‘Catwoman’. Selina viaja a Isla Nevada (sutil no es, desde luego) para asistir a una subasta presentada por -exacto- Snowflame, que explica cómo se libró hace años: “La clave para fingir tu propia muerte: explosiones. Si se lleva por delante a la suficiente gente, nadie va a mirar entre el lío para identificar partes de cuerpos”.

Eso sí, de reformado no tenía nada: seguía tomando droga (que incluso ofrece a Catwoman), reconociendo que “nunca lo ha dejado el suficiente tiempo” para saber si la confianza en sí mismo es natural o provocada por la cocaína. Por supuesto, Catwoman tiene que acabar con el cartel de la droga al completo enfrentándose a su antiguo amor, Snowflame (porque sí, dejan caer que estuvieron liados un pequeño periodo de tiempo).

Y efectivamente, el poder le sigue viniendo de esnifar sin control. Hay cosas que nunca cambian. Lo último que vemos de él es cómo una pantera gigante aparece de entre las sombras para zampárselo, con sus superpoderes eliminados gracias a un antídoto del pueblo de Isla Nevada. Desde entonces, no hemos vuelto a saber más de él, pero es posible que, viendo que ni siquiera es un rival digno de la novia de Batman, no vuelva a salir por las páginas de DC más que para ser un alivio cómico de vez en cuando. ¿Sinceramente? No se le echará mucho de menos.

El guionista de cómics asesino: la terrible historia de Blake Leibel

Hay un guionista que decidió ir un paso más allá… Y cometió, basado en su propio tebeo, uno de los peores crímenes de la historia de Hollywood.

En 1994, el número 54 de Green Lantern, de DC, ofreció una imagen que a la postre se volvió lamentablemente icónica: la novia de Kyle Rayner, había sido asesinada por Fuerza Mayor y había metido su cuerpo en la nevera. Este momento dio nombre a un tópico de los cómics acuñado por Gail Simone: mujeres en neveras. La lista de nombres de personajes femeninos asesinados, torturados o mutilados en los cómics es inacabable, y va desde la mismísima Elektra hasta Gwen Stacy. Sin embargo, por terrible que sea este tópico, hay un guionista que decidió ir un paso más allá… Y cometió, basado en su propio tebeo, uno de los peores crímenes de la historia de Hollywood.

Aviso: si sois muy aprensivos, es mejor que no sigáis leyendo porque la historia de ‘Síndrome’ es digna de un true crime.

El guionista rico

Si hay dos palabras que no suelen ir unidas en la vida real son “guionista” y “rico”. Sin embargo, Blake Leibel lo era. Nacido en 1981, su familia era una de las más poderosas de todo Canadá. Su padre era un magnate de la construcción. Su madre, por su parte, formaba parte de los Chitel, fundadores de una de las fábricas de plástico más poderosas de Toronto. Todo iba bien, hasta que un día decidieron separarse y ambos hermanos se dividieron a los padres.

Blake se quedó con Eleanor, mientras que Cody se marchó a vivir con su padre (quien, como curiosidad, fue el primer regatista olímpico en dar positivo en una prueba de dopping en 1976). La paga de Blake al cumplir la mayoría de edad, en 1999, pasó a ser de 18000 euros al mes. Nada, poco más o menos lo mismo que cualquiera de nosotros. Así, no tendría mucho problema en mudarse a Los Angeles y buscar una carrera como artista, ni que fuera por hobby.

La cosa es que tuvo cierta suerte: en 2008 se convirtió en director de tres episodios de la serie animada de ‘La loca historia de las galaxias’ y en 2009 pudo dirigir y guionizar ‘Bald’, una película promocionada con el eslogan “Sin dinero. Sin pelo. Sin vergüenza” en la que un estudiante universitario empezaba una página web erótica con las chicas más sexys del campus para ganar dinero y regalar un transplante de pelo a su compañero de piso. De hecho, es calificada como si “las peores partes de Annie Hall conocieran a las peores partes de American Pie”. Pero aquí no estamos para juzgar su carrera, sino para entender cómo y por qué se convirtió en El Asesino de los Cómics.

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El límite entre ficción y realidad

Leibel ya había escrito algunos cómics antes de 2010, como ‘When Kingdoms Collide’, ‘Operation: Redux’ o ‘United free worlds’. Se trataba de tebeos ultraviolentos, pero nada que se saliese de lo normal. Otros autores como Mark Millar también se recrean en la violencia y en su vida real siguen siendo personas de provecho. Sin embargo, Blake Leibel no era Mark Millar. Cuando en 2010 lanzó al mercado ‘Síndrome’, una novela gráfica creada por él, guionizada por Daniel Quantz y RJ Ryan e ilustrada por David Marquez (que ha pasado por Marvel, DC y cualquier lugar que imaginéis). Ninguno de sus compañeros de trabajo notó nada raro en él pese a lo truculento de la historia.

En la primera página del tebeo se planteaba la pregunta “¿Por qué deberíamos perdonar la vida a un asesino que no se arrepiente?”, a lo que se daba la respuesta “Porque no haces el bien haciendo el mal”. A lo largo del cómic, las situaciones grotescas (una mujer descabezada, una familia entera asesinada, una persona colgada y desangrada…) se van entrelazando en una historia sobre un asesino en serie y la obsesión de cuatro personajes.

El cómic no tuvo mucho recorrido (no importaba, Leibel lo lanzó con su propia editorial y recordemos que recibía 18000 dólares mensuales para sufragar cualquier gasto). Cuatro años después de su salida, Iana Kasian, una joven ucraniana, emigra a los Estados Unidos para trabajar como modelo en California. Allí conoce a Leibel, que acababa de romper con su mujer, Amanda Braun, tras unas semanas erráticas: el destino, parecía, les había juntado. Los regalos carísimos se sucedían (incluyendo un Mercedes descapotable), ambos se fueron a vivir juntos y, finalmente, el 3 de mayo de 2016, nace su hija Diana. 23 días después, Iana estaría muerta.

Sacado de las viñetas

“Ellos matan. Nosotros matamos. Al final todos nos convertimos en monstruos”. Otra persona que hay que conocer en esta historia es Constance Buccafurri, la amante de Leibel (de la que Iana, por supuesto, no conocía nada). A mediados de mayo, con su hija recién nacida, el guionista fue a casa de su amante y abusó sexualmente de ella. Todo pasó en un solo día: él salió de la cárcel pagando 100.000 dólares pero para cuando volvió a su apartamento, la ucraniana se había marchado con su hija y su madre, que estaba de visita, a un hotel cercano.

Imaginad por un momento la vida de Blake Leibel, una persona que había tenido siempre absolutamente todo: dinero, carrera como guionista, mujeres… al que, de repente, meten en la cárcel y, al salir, descubre que su novia se ha negado a verle. El hombre fingió arrepentimiento e insistió en pasar más tiempo con ella, pidiéndole que volviera al apartamento para arreglar sus problemas. Por suerte, Diana y la madre de Iana se quedaron en el hotel esperando a que volviese. Pero nunca jamás volvió.

No vamos a entrar en detalles porque son demasiado truculentos, pero baste decir que el 24 de mayo Leibel cometió un asesinato agónico y brutal que parecía inspirado en los de ‘Síndrome’. Drenó la sangre de su cuerpo y le arrancó el cuero cabelludo: ese era solo el inicio de la horrible tortura que Iana Kasian sufrió. Cuando la policía llegó, alertada por la madre de Iana, el guionista les dijo que ella estaba bien, solo descansaba. El 26 de mayo, finalmente, una patrulla echó abajo la puerta y entró en una casa que en lugar de suelo tenía sangre. Blake, que había protegido su habitación con armarios y colchones, estaba sentado en estado de shock al lado de un cadáver mutilado y grotesco.

Por suerte, Leibel acabó en la cárcel condenado a cadena perpetua sin posibilidad de revisión, a pesar de mantener que era inocente. El forense afirmó, al examinar los hechos, que “Nunca he visto nada como esto antes. Y dudo que ningún forense de este país o más allá jamás haya visto algo así fuera de, quizá, tiempos de guerra”. El preso está cumpliendo su condena en California, poniendo así fin a uno de los episodios más negros de la historia del cómic… Y, probablemente, de Hollywood.

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El problema con Sue Storm: de la invisibilidad de Stan Lee a la mujer más poderosa de Marvel

¿Cómo ha sobrevivido hasta nuestros días como el personaje más importante y poderoso de la Primera Familia de Marvel?

“Sue Storm, La Chica Invisible. Hobbies favoritos: la moda, cocinar, los cosméticos y leer novelas románticas“; “Si se casa, ¿dejará Los Cuatro Fantásticos? Tu suposición será tan buena como la nuestra. ¡Probablemente dependerá de con quién se case!”. El primer cómic anual de Los Cuatro Fantásticos creaba un perfil de la chica del grupo que incluso en la época daba cierto reparo. Stan Lee no sabía qué hacer con el personaje, su poder era el más débil y los lectores no la querían en el equipo. Entonces, ¿cómo ha sobrevivido hasta nuestros días como el personaje más importante y poderoso de la Primera Familia de Marvel?

Tomando el té y mirando vestidos

Los Cuatro Fantásticos nacieron en 1961, en plena bonanza económica yanqui: la II Guerra Mundial había terminado quince años antes y Vietnam aún era un país exótico del que la mayoría de los americanos no habían escuchado hablar. Superman llevaba 23 años sobrevolando los cielos de Metrópolis y en las oficinas de Marvel, una empresa que acababa de cambiar su nombre de la clásica Timely, unos tales Jack Kirby y Stan Lee preparaban el primer cómic de una colección que lo cambiaría todo.

Los cuatro fantásticos es el primer cómic superheroico en el que los héroes son, dentro de sus capacidades… humanos. Muestran imperfecciones, son personas del día a día y, además, luchan contra extraños villanos extraterrestres o provenientes, en un giro propagandístico que rozaba el absurdo, de más allá del Telón de Acero. Una familia de superhéroes. Reed Richards, el adulto; Johnny Storm, el adolescente; Ben Grimm, el broncas… Y Susan Storm, que bajo el dominio de Stan Lee tuvo la personalidad de “la chica”.

¿Sabéis cuál es el motivo por el que Sue se mete en el viaje espacial que, a posteriori, les daría poderes? Porque Reed “es su prometido, y donde tú vayas, yo voy”. En su época, con un estereotipo femenino sustentado en I Love Lucy y los cómics románticos, esto era lo que se esperaba de ella. Una mujer que, paradójicamente, se hacía… invisible. Mientras sus compañeros podían vanagloriarse de tener poderes extravagantes (la Antorcha Humana, Mister Fantástico, la Cosa), ella se quedaba a un lado adoptando, normalmente, el papel de doncella en apuros. Y el público empezó a darse cuenta.

Deberíais echarla

En la página de correo del número 6 es un tal Martin Ross el que abre fuego contra Sue: “¡Es lo más! Pero creo que deberíais echar a Susan Storm. Nunca hace nada”. Estas dos líneas -¿quién dijo que Twitter inventó lo de ser hater?- dieron lugar a una explosión de personas a favor y en contra que culminaron con una pequeña historia en la que los personajes leían las cartas e intentaban explicar que ella era esencial en el grupo.

“¡Unos lectores dicen que no contribuyo bastante, que estaríais mejor sin mí! Y tal vez tengan razón”, se lamentaba Sue antes de que Reed y Ben pusieran las cosas claras, comparando a la superheroína con la madre de Abraham Lincoln, culminando con un “¡Si queréis ver a mujeres peleando, id a ver lucha libre femenina!” y regalándole un pastel de cumpleaños a “nuestra compañera favorita”. No sin antes dejarla sin no saber qué decir y que La Cosa se sorprenda (“¡La primera vez que oigo a una mujer opinar algo así!”). Era la época.

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Sue Storm fue ganando importancia en las tramas, especialmente como punto central del triángulo amoroso entre Reed y Namor, pero sobre todo como contrapunto cómico que siempre hacía referencias a limpiar o comprarse vestidos de alta gama. Sue era una superheroína en un mundo de héroes en el que solo podía compararse con La Avispa, la compañera del Hombre Hormiga. Podía salvar el día de vez en cuando, pero ni siquiera el avance de los derechos de la mujer pudieron evitar que, una vez diera a luz a Franklin en 1968, nadie en Marvel supiera qué hacer con ella.

La mujer invisible

Sue se convirtió en un ama de casa, en un personaje que escuchaba al resto y que, en un momento dado, podía cambiar el curso de una batalla con sus campos de fuerza o sus rayos psiónicos, pero tuvo que venir John Byrne a ponerlo todo patas arriba y darle el papel que le correspondía en el Universo Marvel. No el de madre ni el de esposa, sino el de una de las mujeres más poderosas del mundo.

La Chica Invisible pasó a ser La Mujer Invisible, sus poderes crecieron en intensidad, empezó a desarrollar una personalidad propia más allá de Reed y Johnny… Y, finalmente, en Civil war, decidieron convertirla en todo lo que era y más. Enfrentados en la batalla superheroica, Sue acababa escribiendo una carta para Reed donde dejaba claras sus intenciones: “Johnny yo trabajaremos bajo tierra a partir de ahora, y obviamente ahí no hay sitio para Franklin y Valeria. Por eso te dejo que les cuides y te pido que les des el tiempo que les has negado tan a menudo en el pasado”. Boom.

Puede que Civil war no fuera el mejor cómic del mundo, pero sí supuso, 45 años después de su creación, el despertar final de un personaje que ya nunca volvería a llevar delantal y callar detrás de su marido. De la adolescente obsesionada con los vestidos a la mujer independiente pasaron decenas de guionistas y dibujantes que la han modelado con el paso del tiempo. La sumisa Sue de inicios de los años 60 tenía sentido en su contexto, pero vivimos mejor sabiendo que la Mujer Invisible siempre fue la más fantástica de los cuatro. Ahora solo falta ver si en la próxima película de Marvel son capaces de comprenderlo.