Sony ha anunciado por sorpresa en su blog que, a partir de enero de 2028 dejarán de publicar sus videojuegos en formato físico. La razón de ello es adaptarse “a las tendencias de los consumidores mientras su preferencia general por el medio digital supera significativamente los discos físicos”. Esto no significa que dejen de sacar videojuegos, sino que “los nuevos juegos estarán disponibles en PlayStation Store y en las tiendas únicamente en formato digital”.
Han querido aclarar, además, que esto no tendrá efectos retroactivos, ya que “esta transición no va a afectar a los juegos que ya se hayan lanzado o que se lanzarán antes de enero de 2028 en formato de disco”. Lo cual nos hace sospechar que tiene que ver con PlayStation 6 y con que su lanzamiento sea, al menos de momento, para finales de 2027. Confirmando así que sería una consola exclusivamente digital.
Todo esto es grave de por sí. Aunque no lo parezca. Pero lo es aún más con el otro anuncio que han hecho inmediatamente después en su blog. Y es que Sony ha anunciado una actualización en sus tiendas de PlayStation Store de PlayStation 3 y PS Vita que cerrarán en julio de 2027.
Esto, que puede parecer lógico dada la edad de las consolas —PlayStation 3 salió en noviembre de 2006 y PS Vita en diciembre de 2011—, solo demuestra lo insidioso del movimiento de Sony. Todos los juegos que hayas comprado digitalmente en estas consolas ya no serán tuyos. Todo lo que hayas adquirido con los años no podrás descargarlo. Si tu disco duro falla y compras uno de repuesto o adquieres una consola de segunda mano, no podrás bajar los juegos que son tuyos: habrán desaparecido para siempre con la tienda. Y ese es el problema.
La caducidad del digital
Existe un argumento a favor que es que, cuando compramos un juego digital, sabemos que estamos comprando una licencia. Algo con fecha de caducidad. Que hemos tenido muchos años para jugar en nuestra PlayStation 3 o nuestra PlayStation Vita. Y eso es justo. Sony no oculta en ninguna parte que lo que nos vende es una licencia de uso: el juego no es de nuestra propiedad. Ahora bien, ¿por qué debemos aceptarlo?
Imaginemos este mismo caso en cualquier otro aspecto de la vida. Que compráramos un libro y en 20 años viniera alguien de la editorial y dijera que debemos cederle nuestra copia del mismo, que es ilegal que lo tengamos en nuestra estantería. Esto nos parecería absurdo, si es que no directamente un abuso de poder por parte de la editorial. Incluso si en la compra del libro hubiéramos aceptado que estamos adquiriendo una licencia de uso del libro, no el texto en sí, entenderíamos que el libro, el objeto físico, es nuestro. Y con los juegos digitales ocurre lo mismo: no poseemos el juego, la propiedad intelectual, pero sí el objeto digital, la copia jugable del mismo. Y el retirarnos la capacidad de jugarlo no debería ser posible.
Sin embargo, Sony considera que sí deben ser capaces de hacerlo. No solo con sus juegos. Esta misma semana han confirmado que retirarán de su catálogo más de 550 películas y series de Studio Canal de las bibliotecas digitales de PlayStation sin reembolsos ni compensación alguna. De nuevo, excusándose en la licencia digital y a pesar de que miles de usuarios han pagado por ese producto, les privaran de algo por lo que han pagado.
La legalidad o no de esto es irrelevante. No existe ningún escenario donde, como consumidores, deberíamos permitir esta clase de comportamientos. Ni Sony ni ninguna otra empresa del mundo tiene absolutamente ningún derecho a decidir lo que privarnos de aquello que hemos adquirido.
Adiós a los descuentos de escandalo
¿Quiere decir esto que debemos apoyar necesariamente al formato físico? No necesariamente. Quiere decir que hace falta plantarse y decir “hasta aquí”. Esto demarca una clara línea roja en una larga serie de decisiones anticonsumidor en la industria del videojuego que ya hemos visto antes en otras muchas industrias. Hemos visto como en la música el salto al streaming ha llevado a que los artistas se les pague migajas en comparación con el físico. En el cine y las series con el salto al streaming y el digital hemos visto un problema con la preservación como no se veía desde los 50s del siglo pasado. Y en el videojuego parece que pueden pasar ambas.
No solo ambas, también puede pasar una exclusiva del medio: precios absolutamente abusivos. Sony tiene un completo monopolio sobre quien puede vender en su tienda online. Con su reciente cambio de políticas en la tienda, ahora es más difícil vender en la misma, por lo que gracias a este cambio será más difícil publicar en PlayStation. Y siendo que no se permiten otras tiendas digitales, no se puede comprar en otro lugar que no sea la PlayStation Store.
¿A qué lleva esto? A que los usuarios estén obligados a comprar al precio que dicte Sony. Incluso si este es abusivo. De momento pueden combatirlo gracias al físico, que suele bajar de precio gracias a una combinación de dos factores: el hecho de que al tener varias versiones compiten entre sí, bajando de precio, y el hecho de existir la segunda mano, que hace que la depreciación del producto por su uso haga que salgan más baratos. Lo cual fuerza, a su vez, que los juegos en digital bajen más rápido de precio, ya que los precios de los juegos físicos bajan a un precio lo suficientemente sostenido como para que los digitales deban hacerlo también.
Si sumamos que Sony tiene un monopolio completo en las tiendas digitales en su consola y la ausencia de una presión externa para bajar precios, ¿qué es lo más probable que ocurrirá con los precios? Lo que ya ocurre con los juegos digitales de Nintendo, que están en exactamente situación: que nunca bajan de precio y sus descuentos son ridículamente pequeños. Afectando directamente al consumidor.
Un mundo sin juegos físicos
Todo esto además afectará muy particularmente a los hábitos de personas que consumen videojuegos de maneras particulares. Hay quienes compran videojuegos, se los pasan y los venden para comprarse el siguiente. Hay quienes solo compran juegos de segunda mano. Hay quienes se compran un juego entre varios personas. Muchos de ellos, la mayoría, porque no se pueden permitir el precio de unos juegos de precios cada vez mayores. Algo que el digital cada vez pone más trabas.
Esto sin contar con el factor coleccionismo. O el factor de la preservación del medio. Especialmente porque el segundo requeriría hablar de algo muy delicado: la única preservación real pasaría porque las empresas permitan que podamos poseer los juegos y emularlos como quisiéramos. Algo de lo que deberíamos tener derecho, igual que tenemos derecho a escanear un libro y leerlo donde queramos.
Lo que pretende Sony es una medida anticonsumidor que no beneficia a nadie y puede perjudicarnos de una manera terrible. Si es que no puede acabar afectando de manera muy negativa al videojuego a medio y largo plazo. Por eso es hora de plantarse y decir que no, que este movimiento, sin otros muchos movimientos equivalentes en favor de los usuarios, no es algo que se pueda permitir. Porque de otro modo, lo que va a hacer Sony va a repercutir en los usuarios. Y muy negativamente.