No existe videojuego que vaya a causar más revuelo que GTA6. Ninguno va a generar más titulares. Ninguno va a tener más publicidad. Y el motivo no es que vaya a ser el mejor videojuego del año, sino que va a ser el videojuego más espectacular y más caro de la historia del medio hasta el momento. ¿Lo será de la historia? No: lo será hasta el próximo que lo supere. Pero lo será hasta que eso ocurra y eso es algo que siempre genera titulares.
Eso significa que antes de GTA6 hubo otros. Y uno de los primeros en ser marqueteado de este modo fue un título que, hace ya cuarenta años, se jactaba de revolucionar lo que era posible en ordenadores domésticos de una manera inconcebibles para todo el mundo. Su nombre era Defenders of the Crown y era un juego tan absolutamente espectacular como no especialmente memorable en lo jugable.
Un juego absolutamente asombroso
Defenders of the Crown es un juego desarrollado por Cinemaware y desarrollado por Kellyn Beeck. Originalmente publicado en Commodore Amiga en 1986, su principal punto de venta es que definía un nuevo estándar para la calidad de los gráficos de los ordenadores de la época. Y era cierto. Tanto en colores como diseños como en presentación es lo que hoy definiríamos como un juego cinematográfico. Pues incluso si era un juego de estrategia, su presentación parecía salida de una película.
Sus colores eran impresionantes. Sus animaciones eran espectaculares. Y todo esto se hizo notar en las ventas. Vendiendo 750.000 copias para 1989, unas ventas espectaculares para la época, se considero un gran éxito. Todo un éxito para la época. Pero tenía una gran debilidad: como juego era bastante pobre.
Si bien es cierto que incluía elementos de estrategia, acción y romance, ninguno de ellos era especialmente destacable. Gráficamente era espectacular y todo ello llamaba la atención, pero jugarlo no era especialmente interesante o gratificante. Esto hizo que, con el tiempo, el juego perdiera parte de su interés hasta convertirse, como es hoy, en una pieza histórica que no tiene un estatus de culto. Simplemente se le considera una pieza tecnológica relevante de la época, pero no un gran juego.
¿Qué sentido tiene un remake?
Ahora los desarrolladores Black Tower Basement están haciendo un remake del juego llamado Defender of the Crown: The Legend Returns. Si bien es gráficamente muy bonito y basándose en el juego original, como es lógico no es la misma pieza de tecnología punta que era el juego original. Entonces, ¿en qué basa su interés? En dos fundamentos básicos: la nostalgia y en pulir los aspectos en el que el juego puede tener más profundidad.
Este remake tiene tres modos. El modo retro es el clásico de Amiga, pero con algunos retoques para que sea más fácil de jugar y sentir que todo va como debería. El modo clásico es una versión más refinada, con unos clásicos actuales y sistemas y mecánicas actualizados para hacer el juego mucho más pulido. El modo reino es un juego completamente nuevo que, partiendo del original, añade lo que podríamos definir como toda una capa roguelike con el cual hacer una versión completamente nueva del juego original.
Es aquí donde el juego brilla. Ya no solo en ser una chuchería digital, una delicia gráfica, sino en ser un videojuego como tal. Al refinar esos aspectos y sacar el juego del mérito técnico es donde realmente se consigue algo interesante.
Para comprobarlo, además, no vas a tener que esperar. Defender of the Crown: The Legend Returns está disponible desde el 13 de agosto en PC, PlayStation 5, Xbox Series X|S y Nintendo Switch.