El 1 de diciembre de 2003, Tsugumi Ohba y Takeshi Obata publicaron el primer capítulo de la que estaba destinada a ser una de las grandes series del manga contemporáneo, solo que por aquel entonces aún no lo sabían. Sin embargo, Death Note marcó a toda una generación y aún se sigue homenajeando y parodiando hoy en día, casi 20 años después de su atolondrado final. Tuvo adaptación a anime de 37 episodios, varios videojuegos, cuatro películas y dos series en acción real japonesas y hasta dos secuelas cortas. Sin embargo, nadie esperaba que lo que hundiría la muy lucrativa franquicia sería… Netflix.
Light, apunta en el cuaderno: Netflix
A lo largo de los años se rumorearon todo tipo de nombres para el inevitable americanada basada en Death Note. Zac Efron, Shane Black (ojalá ver un universo alternativo donde hiciera su versión) e incluso el indie Gus Van Sant estuvieron trabajando en ella, e incluso se filtró que querían eliminar del todo a Ryuk y convertir la historia en una de venganza sin shinigamis de por medio. Finalmente, el escogido para la victoria fue un cineasta más o menos independiente que cuatro años después de perpetrar esta adaptación se convertiría en uno de los mayores Reyes Midas de Hollywood: Adam Wingard.
Wingard venía de saborear el éxito con Tú eres el siguiente, una película que apenas costó 1 millón de euros y recaudó 26, y todos pensaron que era el indicado para traer el universo del manga a Seattle por unos 40 millones de dólares. Aunque parezca mentira, en aquel momento todos los estudios de cine se pelearon por los derechos de tamaña franquicia, y al final quien se llevó el gato al agua fue Netflix, que no imaginaba que la noticia sería recibida con absoluta frialdad por los otakus de todo el mundo.
Tenían razones para tener la mosca tras la oreja. Aunque Death Note hizo muchas cosas bien (como, por ejemplo, el diseño de Ryuk, al que ponía voz Willem Dafoe), la gran mayoría fue un tremendo dislate: se intentó alejar tanto del material original para ser su propio proyecto con sus propias reglas que se perdió por el camino. De hecho, parecía no entender a sus propios personajes, muy humanizados pese a la locura casi psicópata del manga original. Por supuesto, en cuanto se concretó el casting los fans la crucificaron por su obvio whitewashing (utilizar actores occidentales en lugar de orientales, y cambiar todo lo relacionado con Japón), y poco pudo hacer Wingard para sobrellevar la ola de insultos que le vino en redes sociales.
Lo mejor que se puede decir de Death Note ahora, ocho años después de su estreno, es que lo intentó. Sin embargo, fracasó con todo el equipo: la propuesta no se entendió, no era lo suficientemente interesante y, para colmo, la crítica la despeñó, suspendiéndola de manera prácticamente total. Para colmo, antes del estreno, Wingard ya había anunciado que Netflix quería al menos una secuela que estaba en producción. De hecho, la última noticia de la misma la tuvimos en 2021, donde se prometió que tendría en cuenta las críticas de la gente para no volver a repetir sus mismos errores. A día de hoy no hemos vuelto a saber nada, y quizá sea mejor así.
Wingard supo levantarse del fracaso absoluto y se convirtió en uno de los arquitectos del “Monsterverso” gracias a las dos películas que enfrentan a Godzilla con Kong. Con semejante pastizal como han recordado, no creo que esté por la labor de volver a la historia de Light y compañía: las adaptaciones a imagen real de mangas son solo para los más valientes.

