Spencer Neumann, director financiero de Netflix, ha afirmado que la compañía no tiene interés en las redes de medios tradicionales, a pesar de que un número récord de empresas en la industria del entretenimiento está siendo vendido o fusionado. Durante una reciente conferencia, Neumann destacó que, aunque se espera que la consolidación de activos de estudios y redes continúe, Netflix no se siente atraído por este fenómeno, al menos en lo que respecta a la integración de medios heredados.
Aunque las otras grandes plataformas se vendan, ellos no
El contexto actual del sector muestra una tendencia marcada hacia la consolidación, ya que múltiples jugadores han optado por aliarse o deshacerse de activos en medio de un paisaje cambiante impulsado por la transformación digital y los nuevos hábitos de consumo de los espectadores. Esta ola de fusiones y adquisiciones puede influir en la dinámica competitiva del mercado, obligando a los actores establecidos a repensar sus estrategias.
La postura de Netflix podría reflejar una confianza en su modelo de negocio centrado en la producción de contenido original y la oferta de un servicio de streaming que ha revolucionado la forma en que los consumidores acceden a títulos de entretenimiento. La compañía se ha destacado en este enfoque, priorizando la creación de series y películas exclusivas que atraen y retienen suscriptores.
Sin embargo, la consolidación en el ámbito de los medios podría tener repercusiones para Netflix en el futuro. Las sinergias derivadas de fusiones podrían permitir que otras compañías ofrezcan paquetes de contenido más atractivos, lo que podría poner presión sobre Netflix para adaptarse y evolucionar. En este sentido, algunos analistas especulan que Netflix puede tener que reconsiderar su postura si la competencia se intensifica de manera significativa.
Muchos creen que sí, pero Avatar no inventó nada. De hecho, la primera película en 3D de la historia del cine es de 1914, aunque Niagara Falls está totalmente perdida. Hasta que dieron con el formato perfecto, en Hollywood hicieron varias pruebas cogiendo, quitando y modificando: antes de que llegara el color o el sonido, ya existieron las 3D gracias a películas como The power of love, de 1922, que permitía elegir uno u otro final según el cristal con el que miraras. Sin embargo, nunca pasaron de la invención de feria hasta que, en los años 50, se convirtió en el mejor antídoto contra el poder de la televisión. Y no, James Cameron todavía no tenía nada que decir aquí.
Del 3D a Avatar
Entre 1953 y 1955 se estrenaron un centenar de películas en tres dimensiones, ya fuera de monstruos de Universal, de aventuras (Raza de violencia, Jesse James contra los Dalton) o de catástrofes. Todo valía a la hora de reinventar el cine y protegerlo contra la malvada Caja Tonta, hasta el punto en que el mismísimo Alfred Hitchcock hizo una película en 3D (Crimen Perfecto, sin demasiado éxito). Sin embargo, el público que lo acogió con fervor al principio acabó harto de tener que ponerse las famosas gafas de dos colores, y la bestia del 3D pasó a mejor vida…
Hasta los años 80, claro. En una época como esta, repleta de kitsch, juventud y novedades de color chillón, ¿cómo iban a faltar las gafas 3D? Después del éxito de Viernes 13, parte III, donde el espectador podía ver el cuchillo llegando hasta él, todo el mundo se lanzó a convertir sus películas a las tres dimensiones, anunciándolo en el cartel con un distintivo más grande que el título de la propia cinta. Cutreríos como Amityville 3-D, Tiburón 3-D, Pesadilla en Elm Street 6: La muerte de Freddy, Metalstorm, Spacehunter o Hyperspace hicieron que el público uniera el sistema con lo barato… pero divertido.
A tanto llegó el fanatismo por las tres dimensiones que incluso en Francia hicieron que, para disfrutar de la cuarta parte de la erótica saga Emmanuelle, uno tuviera que ponerse las famosas gafas rojas y azules. El truco se volvió a gastar y a inicios de los 90 ya solo se utilizó para promocionar las nuevas pantallas IMAX y experimentos como el de Spy Kids 3D, en el que un letrero indicaba cuándo debíamos ponernos las gafas, o The Polar Express. Pero entonces llegó James Cameron.
Mejor que el 2D, peor que el 5D
Puede que en los 50 y en los 80 hubiera un boom de las películas en tres dimensiones, pero nada nos podía preparar para lo que se venía tras el estreno de Avatar: la película más taquillera de la historia del cine hizo que los cines tuvieran que adaptarse para el futuro, las tres dimensiones, esta vez un sistema mucho más preciso y que se veía a través de unas gafas -todo sea dicho- mucho menos icónicas. A partir de 2009, nadie dejó pasar su oportunidad de lanzar su película, fuera la que fuera, convertida al sistema 3D. Rodadas así desde el principio, y dado que incrementaba muchísimo los costes, hubo muy pocas intentonas, pero la conversión era un sistema relativamente sencillo, y quedaba aparente. ¿Cómo no intentar cavar en la cueva del oro?
Nombra una película del inicio de los 2010, la que sea: tuvo su versión 3D. Mira, te voy a dar unos pocos ejemplos que seguro que no esperabas: Furia de Titanes, StreetDance 3D, Space Chimps 2, Resident Evil: Afterlife, Jackass 3D, Battle Royale, El Oso Yogui, Los viajes de Gulliver, conciertos de Justin Bieber, Katy Perry o Glee, Torrente 4, Thor, Green Lantern, Destino Final 5, Ghost Rider 2, Abraham Lincoln: Vampire Hunter o La vida de Pi son solo algunas de las cientos y cientos de producciones de todo el mundo que se subieron al carro. Y, a veces, hasta triunfaron.
No solo fue cosa del cine: las televisiones en 3D también empezaron a proliferar, con las marcas afirmando que eran el futuro también de la tele. Aún nadie emitía en 3D, pero sí podías comprarte películas especiales para ver con sus gafas correspondientes. Y, por supuesto, no podemos olvidar la Nintendo 3DS, que en 2011 trató de subirse al carro mientras aún funcionaba. Pero poco a poco, y de manera inevitable, tras la novedad, las ganas de marearse del público fueron cayendo en picado, y para 2019 el sistema ya significaba muy poco, lanzándose exclusivamente para aprovechar los sistemas de los cines o el renovado IMAX.
¿Y ahora, qué? Tras el lanzamiento de Avatar: El camino del agua y la futura tercera parte, parece claro que James Cameron ha encontrado el lugar exacto en el que dar al público para que se lance a ver películas en 3D. Pero él, y solo él. En 2024, tan solo se estrenaron 12 películas estadounidenses así, y la mayoría con la excusa del IMAX (el nuevo gran salvador del cine en salas, pero esa es otra historia). De esas 12, solo 4 no eran de animación, dejando ver claramente que la tendencia está rota y solo es un juguete para los más pequeños. Al público, después de todo, no le interesaban tanto las tres dimensiones.
O, quién sabe, quizá en el 2051 alguien vuelva a descubrirla y a causar otro fenómeno que dure unos años más. Mientras tanto, todos nos hemos olvidado de su existencia, salvo cuando llega el momento de ir al cine en Navidad y acordarnos de lo molesto que era ponerse las gafas y aguantar con ellas tres horas de muñecos pegando saltos. James Cameron nos engañó a todos con un sistema de hace más de un siglo y, francamente, ya va siendo hora de decirlo. Y sí, si tienes una televisión en 3D sabes perfectamente de lo que hablo. Y sé que todavía duele.
Hemos podido leer en Variety que las últimas previsiones de Gower Street Analytics aseguran que los ingresos mundiales por la taquilla del cine alcancen los 33.000 millones de dólares en 2025, lo que supone un aumento del 8% con respecto a los 30.500 millones de 2024.
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Se prevé que el mercado norteamericano genere unos 9.700 millones de dólares, un 9% más que en 2024, mientras que los territorios internacionales (excluida China) aportarán 16.800 millones de dólares, lo que representa un aumento interanual del 7%. Se calcula, de forma conservadora, que China aportará 6.600 millones de dólares.
Según las previsiones, EMEA (Europa, Oriente Medio y África) aportará 9.100 millones de dólares, Asia-Pacífico (excluida China) generará 5.300 millones de dólares y Latinoamérica contribuirá con 2.400 millones de dólares al total internacional.
El 2025 será un año de grandes taquillazos y peliculones
«2025 será un año fuerte para la taquilla mundial, impulsada por las sólidas programaciones de los estudios y las producciones independientes», declaró Dimitrios Mitsinikos, Consejero Delegado de Gower Street Analytics.
Las cifras previstas siguen estando por debajo de los niveles anteriores a la pandemia, un 14 % por debajo de la media de 2017-2019. Sin embargo, cuando se calculan utilizando los tipos de cambio actuales, las previsiones para 2025 superan en un 1% los resultados de 2023.
Entre las principales franquicias que impulsarán el calendario de 2025 se encuentran las nuevas entregas de Avatar, el Universo Cinematográfico Marvel, Misión: Imposible, Jurassic World, John Wick y Conjuring. Superman, de James Gunn, inaugurará el nuevo universo de DC, mientras que la secuela de Zootopia, de Disney, aspira a repetir el éxito multimillonario de su predecesora.
Rob Mitchell, director de información teatral de Gower Street, destacó la diversidad de la cartelera y señaló las contribuciones de los aclamados cineastas Bong Joon-ho, Osgood Perkins, Ryan Coogler y Joseph Kosinski.
De cara al futuro, Thomas Beranek, analista jefe de Gower Street, señala 2026 como un año potencialmente decisivo, citando un calendario repleto de nuevas entregas de Los Vengadores, Spiderman, Super Mario Bros, Star Wars, Toy Story, Shrek y el próximo proyecto de Christopher Nolan.
Ahora, con la cinta a punto de estrenarse en los cines de Japón, hay un personaje que se ha cambiado el nombre… Por suerte
Puede que no sea el personaje más amado de toda la saga ‘Super Mario Bros’, pero estuvo ahí desde el principio. Literalmente. Foreman Spike, el enemigo de Mario en ‘Wrecking crew’ (que salió unos meses antes que el primero de los plataformas) solo ha aparecido en tres juegos antes de pegar el salto a la película de los hermanos Mario. Pero ahora, con la cinta a punto de estrenarse en los cines de Japón, el personaje se ha cambiado el nombre… Por suerte.
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No more Mr. Bad Guy
La vida jueguil de Spike consta tan solo de ‘Wrecking crew’, ‘Wrecking crew 98’, una secuela para SNES que no salió de Japón, y ‘Mobile Golf’, un juego del deporte en cuestión para Game Boy Advance protagonizado por Mario en el que era un personaje desbloqueable y que, efectivamente, tampoco salió de Japón. Quizá por eso, después de no aparecer en 21 años, su papel secundario en ‘Super Mario Bros: La Película’ ha dado mucho de lo que hablar.
Entre otras cosas, porque desbanca una teoría habitual, que es que simplemente pasó a ser Waluigi. Es una teoría con sentido: el bigote y la nariz son prácticamente iguales. Este papel planteaba otro problema más importante que las teorías fan para Nintendo: el personaje, que se ha llamado Blackie en Japón desde 1985, ahora pasará a llamarse Spike, según un tuit que ha publicado Nintendo, muy conciso pero que no deja lugar a dudas.
“El nombre en ‘Super Mario Bros: La película’, que se lanzará el 28 de abril de 2023, también será ‘Spike'”. Nintendo no ha dado ninguna explicación al respecto pero no hace falta ser un lince para darse cuenta de que ‘Blackie’ puede tener tintes racistas. Más que un movimiento por igualar el márketing de todos los países, parece un intento por cuidarse las espaldas. No es menos cierto que el personaje permanecía olvidado en la memoria colectiva, así que no parece que vaya a causar más que alguna queja suelta.
Eso sí, habrá que ver lo que pasa con los enemigos que ya se llaman Spike, nacidos en ‘Super Mario Bros 3’ y que ya han durado hasta nuestros días. A todo esto, la película de ‘Super Mario Bros’ ya lleva casi 900 millones recaudados en todo el mundo y no parece que esté dispuesta a aflojar el acelerador. Vamos, que tenga el nombre que tenga, tenemos Nintendo para rato. ¡Ya-hoo!