Las películas mezclas de animación e imagen real son escasas. Que funcionen bien aún menos. Existe cierta tendencia a pensar que estos son dos mundos que deben permanecer perfectamente separados y la experiencia dice que esto no es necesariamente cierto: la animación funciona bien con la imagen real, si se hace con cabeza. Algo que nos demostró en los 90s una película que ahora ha llegado a Disney+, aunque la crítica la aborreciera. No hablamos de otra que de Space Jam.
Un ejemplo de la jordanmania
Dirigida por Joe Pytka en 1996, la película tenía una premisa muy sencilla, ¿y si los Looney Tunes tuvieran que enfrentarse a un partido de baloncesto que no pudieran ganar bajo ninguna circunstancia? Obviamente, tendrían que conseguir un aliado que pudiera hacerles ganar. Esa es la lógica de los dibujos animados. Y si es 1996, solo hay una persona con la que puedes contar para eso: Michael Jordan.
En 2026 es imposible concebir lo que era Michael Jordan entre, aproximadamente, 1992 y 1998, especialmente en EEUU. La Jordanmania fue un auténtico movimiento revolucionario que fue más allá del baloncesto, e incluso más allá del deporte. Michael Jordan era el deportista total, una marca en sí misma, no solo consiguiendo dominar el baloncesto y consiguiendo ser noticia no solo por sus logros en la cancha, sino también fuera de ella. Abriendo la NBA, y en general a los deportistas, a unos niveles de popularidad mainstream que hasta entonces eran impensables.
En ese sentido, el éxito de la película estaba cantado. Mezclar a Michael Jordan, el real, con los Looney Tunes, no tan populares como en las décadas anteriores pero aún con un evidente tirón, era una fórmula de éxito evidente. Y así fue.
Costando 80 millones, consiguió recaudar 250 millones de dólares. Y se convirtió en un fenómeno de masas. Arrastrando la popularidad del propio Jordan, se convirtió en la décima película más taquillera del año, en la película de baloncesto más taquillera de la historia —hasta 2022, que la superó The First Slam Dunk, anime de Takehiko Inoue—, y encandiló sobremanera al público, especialmente a los niños. No así a los críticos, que la consideraron una película con poca sustancia y menos aún interés. Incluso si consiguió imponerse igualmente en un puñado de premios especializados.
Un nuevo legado un poco pobre
A pesar de su éxito, la película tardaría años en tener una secuela. ¿Por qué? Porque pensaron en diferentes maneras de abordarlo. Pensaron en volver al baloncesto, pero no había otra estrella como Jordan. Pensaron en hacerlo con otros deportes y otros deportistas que tuvieran un tirón equivalente al de Jordan, como Tony Hawk en el skate o Tiger Woods en el golf, pero ninguna de estas ideas fructiferaron. Hasta que en 2021 decidieron hacerlo más sencillo y volver al baloncesto con una nueva estrella.
Space Jam: A New Legacy es los Looney Tunes volviendo a encontrarse en problemas con un partido de baloncesto, pero esta vez recurriendo a otro gran jugador del momento: Lebron James. Con un problema. No existen la Lebronmania. Si bien es cierto que Lebron es un jugador muy popular y que ha conocido un tremendo éxito en la NBA y que en muchos sentidos puede considerarse que incluso ha superado a Jordan, ni el deporte ni su situación particular cara al público es la misma. Algo que se ha hecho notar en la película.
Si bien entusiasmó al público, este no respondió pasando por cines en consecuencia. Recaudando 163 millones con un coste de 150, siendo destrozada por la crítica por su falta de originalidad o calidad y sin ningún premio en su haber, esto dicto el final de Space Jam. Incluso cuando ya había planeada una secuela. Una en la que los Looney Tunes iban a contar con Dwayne Johnson, alias The Rock, para pelear en tensos duelos de wrestling.
Sea porque tienes nostalgia de la película original, porque eres una de las personas que le entusiasmo la secuela, ambas, o que tengas mera curiosidad por ellas, ahora las dos películas de Space Jam están disponibles en Disney+. Y si bien ya no son el triple que una vez fueron o pretendieron ser, siguen siendo unas películas bien disfrutonas para un buen domingo de palomitas y Coca-Cola.