El movimiento Stop Killing Games, iniciado por el creador de contenidos Ross Scott, ha cobrado relevancia en la industria del videojuego tras la decisión de Ubisoft de cerrar los servidores de The Crew. Este movimiento busca cuestionar la legalidad y ética de los editores que deciden cerrar juegos que ya han sido vendidos a los consumidores. Durante una reunión de accionistas, el CEO de Ubisoft, Yves Guillemot, fue preguntado sobre las metas del movimiento y afirmó que los juegos no están destinados a “durar para siempre”.
Unas declaraciones que van contra los consumidores
Guillemot destacó que “se proporciona un servicio, pero nada está escrito en piedra y, en algún momento, el servicio puede ser discontinuado”. El CEO afirmó que la compañía está trabajando en minimizar el impacto en los jugadores, pero la realidad es que “el soporte para todos los juegos no puede durar indefinidamente”. Estas declaraciones se dan en un contexto donde Ubisoft se enfrenta a una demanda por el cierre de los servidores de The Crew.
El movimiento Stop Killing Games también ha recibido críticas de parte de la asociación Video Games Europe, que advierte que las propuestas para mantener vivos los juegos más antiguos podrían limitar la libertad de los desarrolladores y aumentar los costos de creación. Este dilema resuena en toda la industria, ya que no es solo Ubisoft la que cierra títulos. BioWare ha anunciado el cierre de Anthem para enero de 2026, y Concord, de Sony, fue descontinuado poco después de su lanzamiento.
Estos cierres de servidores y la discusión sobre su legalidad y ética reflejan un cambio en la percepción del valor de los videojuegos, planteando importantes preguntas sobre la relación entre editores y consumidores en un mercado que avanza rápidamente.