George R.R. Martin ha reconocido estar combatiendo contra la depresión. En el último post en su blog, publicado el pasado lunes, se ha abierto sobre cómo ha perdido recientemente a algunos amigos cercanos y cómo “cumplí 77 años el pasado septiembre, y te diré, hacerse viejo no es divertido”. Reflexionando en cómo con la edad se van perdiendo muchas cosas importantes con las que es difícil simplemente seguir viviendo.
Un hombre que no le gusta que le metan prisa
También ha hablado sobre Vientos de invierno y cómo eso ha supuesto una importante carga para él. Muchas personas han cuestionado su capacidad para acabar el libro, haciendo bromas sobre que morirá antes de hacerlo y llegando a amenazarle de muerte por no haberlo acabado, algo que el propio Martin encuentra muy ofensivo.
A su vez, ha hablado muy brevemente sobre las siete nominaciones de El caballero de los siete reinos y lo contento que está al respecto. Demostrando su entusiasmo por la serie.
Todo esto, si bien no son las noticias que esperan sus fans, nos demuestra la importancia de tomarnos en serio la salud mental y respetar de verdad a los autores. No haciendo bromas sobre la capacidad de los mismos de acabar una obra, por más que queramos verla concluida, especialmente por cómo eso puede acabar afectándoles en su día a día.
Cada temporada de anime hay al menos una serie que llama la atención del público por algún motivo. Ya sea por la calidad de su animación, por su trama o sus personajes, siempre hay al menos una serie que se convierte en la niña bonita del público. Eso es inevitable y pasa como un reloj todas y cada una de las temporadas: con cada nueva estación, hay una nueva estación que se convierte en la sensación de la nueva época.
Es inusual, de todos modos, que una serie llame la atención para mal. Que sea vilipendiada y odiada de forma si no universal, sí sistemática por algún motivo concreto. Generalmente es porque su animación está muy por debajo de lo esperado, pero en algunos casos es por otra razón. Y en esos casos, rara vez son buenas razones. Como demuestra la víctima de estos ataques de esta temporada: Chainsmoker Cat.
Una serie sobre la crudeza de la adicción
Chainsmoker Cat, la cual está actualmente en emisión en Netflix, tiene una premisa muy sencilla: Yaniko, una chica gato que vive en un apartamento minúsculo, intenta vivir su día a día con una gravísima adicción al tabaco que está perjudicando seriamente a su salud física y mental, además de a todos aquellos a los que la rodean. Siguiendo ese grave problema de adicción, la serie nos muestra como es la vida de una persona que no es capaz de salir de un círculo vicioso del cual le gustaría poder escapar, pero no sabe cómo hacerlo.
La serie, en cualquier caso, hace muchas cosas para suavizar ese impacto. Para empezar, no son estrictamente personas. La mayor parte de los personajes de la historia son personas gatos, lo cual le da a todo cierto aspecto irreal y fantasioso. Y además, a pesar de la absoluta gravedad de los asuntos que trata, esto es una comedia dramática. Una tan oscura como el tema tratado.
Esto es algo importante de recalcar. Chainsmoker Cat es una comedia escatológica y negrísima donde los momentos más duros siempre están puntuados por un gag. Yaniko puede tener una ansiedad terrible hasta el punto de provocarle un terrible vómito. Hecho de arcoíris. O puede tener una necesidad tal de fumar, pero sin dinero para comprar tabaco, que se plantea fumarse un cigarro que se le ha caído. Incluido uno que lo ha hecho sobre una caca en la calle.
Todo esto alivia la tensión dramática de un modo brusco y brutal que a mucha gente no le hará ni pizca de gracia, pero tienen una función concreta: hacer que sea soportable las miserias de Yaniko. Y lo consiguen muy bien. Es necesario conectar con esa clase de humor y entender que pretenden comunicar con ello: lo brutal que es esa clase de vida. Cómo la adicción lleva a situaciones donde, o te ríes de la propia situación o caes en la más pura desesperación. Porque la idea de simplemente no hacer lo que estás haciendo no es una posibilidad para Yaniko. No para el adicto.
Un problema de expectativas
En ese sentido, Chainsmoker Cat, en lo que hemos visto hasta ahora en el anime, y por lo que se puede leer del manga que adapta, es una brillante representación en tono de comedia negra de la adicción. Entonces, ¿por qué está generando airadas reacciones en redes sociales, afirmando que nunca debería haberse emitido? Por un problema de expectativas.
Muchas personas romantizan la enfermedad mental y la adicción. Cuando se presentó el anime, estas personas pensaban que Chainsmoker Cat trataría de una chica que tiene problemas de adicción, pero que en el fondo no son para tanto. Que sería adicta, pero no mucho, que tendría problemas, pero no graves, y que sería básicamente funcional, y por lo demás sería una chica gato sexy a la que podrían fetichizar como a una waifu a la que tener como un interés romántico en la que proyectar sus intereses. Pero no es eso. Es una genuina representación de lo que es la adicción. Y eso no es romantizable.
Otras muchas personas simplemente no entienden que la enfermedad mental y la adicción son condiciones que van más allá del carácter de la persona. Que no se arreglan con voluntad y el deseo de mejorar. Esta clase de persona lo que ven en Chainsomer Cat es un anime que apela al público anterior: a gente que romantiza a “vagos y maleantes”, que “no quieren hacer nada con sus vidas”, y que en realidad “no les va tan mal”. Pero en realidad no es así: la adicción es un problema grave que requiere ayuda especializada o, como mínimo, una tremenda fuerza de voluntad y muchísima ayuda y validación externa para conseguir romper con el ciclo de adicción.
Chainsmoker Cat es una serie que alienara a mucha gente. Trata temas muy duros, su comedia es oscura y escatológica, y no es la clase de historia para desconectar y sentirse bien que es el grueso de anime ahí fuera. Pero no se merece el trato que se le está dando en redes. Es una historia sensible y bien pensada sobre un tema importante y relevante para muchas personas. Y como tal debería ser pensado.
Seis años después de su estreno en Netflix, Gambito de Dama sigue siendo un referente en el ámbito del entretenimiento, no solo por su narrativa y actuaciones destacadas, lideradas por Anya Taylor-Joy, sino también por su tratamiento de la salud mental. La serie, que se convirtió en la más vista en la historia de la plataforma con 112,8 millones de visualizaciones, aborda de manera realista la depresión y la adicción de su protagonista, Beth Harmon, lo que ha sido elogiado tanto por críticos como por psicólogos.
Una serie que entretiene y retrata la realidad de muchas personas
Según un informe del British Journal of Psychology, Gambito de Dama se establece como un importante documento cultural para entender la representación de problemas mentales. La serie logra evitar el sensacionalismo al retratar la lucha interna de Beth, proporcionando una visión clara de cómo las recaídas pueden estar conectadas a traumas no resueltos. La narrativa muestra con crudeza el impacto del aislamiento y la vergüenza en su vida, contribuyendo a su adicción.
Aunque algunas críticas han indicado que la recuperación de Beth podría resultar poco realista, los investigadores destacan que su proceso refleja de forma acertada la complejidad del abuso de sustancias y la recuperación relacionada. Al superar sus sentimientos de vergüenza y aislamiento, Beth también enfrenta su adicción, lo cual es presentado de manera equilibrada en la serie. Esto permite que muchos espectadores se identifiquen con sus luchas, convirtiendo la serie en una representación significativa de problemas que suelen permanecer ocultos.
Además de su éxito crítico, Gambito de Dama hizo historia al ser la primera serie de un servicio de ‘streaming’ en recibir el Emmy a Mejor serie limitada o antología, y logró obtener dos Globos de Oro: uno por Mejor miniserie o telefilme y otro para Taylor-Joy como Mejor actriz de miniserie o telefilme. Esta combinación de éxito comercial y contenido significativo asegura que la serie permanezca en la conversación sobre la salud mental y el entretenimiento.
El nuevo documental titulado Ozzy: No Escape From Now, disponible en Paramount+, ha generado un debate significativo sobre su público objetivo. Presenta dos audiencias principales: los seguidores del metal, conocidos como metalheads, y los cuidadores. Esta dualidad puede crear confusión sobre el enfoque del filme, ya que ambas categorías suelen tener pocas intersecciones entre sí.
Un documental triste y muy humano
El contenido del documental se centra en una representación visceral y emocional de la vida de Ozzy Osbourne, abordando temas de dolor, fragilidad y depresión. A lo largo de sus 90 minutos, el espectador se adentra en los momentos más oscuros de la vida del ícono del rock, lo que contrasta notablemente con su legado de clásicos del heavy metal. Aunque hay algunos destellos de positividad, estos son superados por la narrativa sombría que priman en la película.
La dirección del documental parece apuntar a generar un diálogo sobre los desafíos de la salud mental, no solo en artistas como Osbourne, sino también en la esfera más amplia de quienes cuidan de personas con enfermedades o discapacidades. Sin embargo, esta ha sido una elección significativa, ya que puede alienar a los fanáticos que buscan una celebración del legado musical de Osbourne. La representación de su vida en sus últimos años nos invita a reflexionar sobre la vulnerabilidad humana más que sobre su impactante carrera musical.
El acceso a Ozzy: No Escape From Now a través de Paramount+ facilita que un público diverso lo consuma. Esto podría abrir oportunidades para que más personas se interesen en la vida del artista, específicamente en los aspectos que son menos discutidos debido al estigma que rodea la salud mental. Sin embargo, puede que este enfoque no logre resonar de la misma manera entre quienes buscan entretenimiento más que una exploración profunda de los desafíos de la vida de Osbourne.
Paramount+ es la app de la plataforma de streaming de mismo nombre de ViacomCBS. En ella se puede disfrutar de cientos de episodios de series de televisión, programas y películas de todos los estilos.
Starfish Neuroscience, la empresa fundada por Gabe Newell, CEO de Valve, ha anunciado el desarrollo de un chip cerebral que permitirá a los usuarios jugar en Steam sin necesidad de un controlador físico. Este innovador dispositivo está previsto para su lanzamiento a finales de 2025 y promete transformar la forma en que interactuamos con los videojuegos.
Un chip neuronal mucho mejor que el de Elon Musk
El chip se distingue por no requerir intervención quirúrgica y funcionar sin batería, utilizando aproximadamente 1.1 mW de energía. Esto representa un avance significativo en comparación con otros proyectos similares, como Neuralink de Elon Musk, que requiere un procedimiento quirúrgico más invasivo. La tecnología de Starfish Neuroscience permitirá el acceso simultáneo a múltiples regiones del cerebro, lo que podría abrir nuevas oportunidades no solo para los gamers, sino también en el ámbito médico.
La empresa también está enfocada en el tratamiento de trastornos neurológicos y psiquiátricos, ofreciendo soluciones innovadoras para enfermedades como el Parkinson y la depresión. Se destaca un enfoque en la terapia de tumores mediante hipertermia de precisión, que utilizaría calor para eliminar tumores sólidos con mínima intervención. Esta diversidad de aplicaciones médicas subraya el potencial del chip más allá del entretenimiento.
Desde 2019, Newell ha explorado la interfaz cerebro-computadora y ha expresado interés en colaborar con otros para adoptar esta tecnología. Aunque las fechas específicas de pruebas con humanos no han sido confirmadas, se espera que el dispositivo esté en fase de pruebas a partir de 2024. Los avances de Starfish Neuroscience sugieren un futuro donde la comunicación entre la mente y la máquina no solo enriquecerá la experiencia del usuario, sino que también mejorará la calidad de vida para las personas con condiciones médicas complejas.
Con el lanzamiento de este chip, todos los ojos están puestos en Gabe Newell y su nuevo proyecto, que podría redefinir tanto el mundo de los videojuegos como el campo de la neurociencia.