En un principio, El juego del calamar nació como relleno para Netflix. Un simple extra para septiembre que envolviera series como Misa de medianoche, la temporada 3 de Sex Education o la película Kate. Sin embargo, todos los ojos se pusieron, durante meses y de forma casi fija, en una serie coreana al estilo Battle Royale que tenía un tono propio, ambientación única y prácticamente obligaba a tragarse los episodios como pipas. La cosa debió haber acabado ahí, en 2021. Sin embargo, cuatro años después Netflix quiere sacar toda la leche de la vaca… demostrando que no ha entendido en absoluto su propia serie.
La franquicia del calamar
La premisa de El juego del calamar era sencilla pero potente, y sorprendía en un servicio ultra-capitalista como Netflix: un comentario socio-político sobre la lucha de clases, hasta qué punto los poderosos están dispuestos a jugar con las personas más humildes para su propia diversión y cómo, de manera individual, si quieres llegar a lo más alto desde la nada, no lo harás sin mancharte las manos de sangre. El resultado fueron 9 episodios fantásticos que terminaban en un pequeño cliffhanger por si sonaba la flauta.
Sonó, y de qué manera. El streamer pronto confirmó que habría una temporada más (dividida en dos partes) y corrió a preparar su reality show, la prueba exacta de que no había entendido absolutamente nada de la crueldad del guion original, confundiéndolo con un macabro Humor Amarillo o un Grand Prix repleto de sangre. Por el camino, en el reality, mostraban a personas que necesitaban el dinero (4,56 millones de dólares, el tercer mayor premio dado en un programa de este tipo, solo detrás de Beast Games y Factor X), mercantilizado la miseria y convirtiéndose, probablemente sin darse cuenta, en todo lo que criticaba El juego del calamar.
Por supuesto, y viendo que la cosa seguía dando dividendos, no se quedaron ahí, y crearon un videojuego en el que los jugadores podían competir entre sí y que se podía bajar desde la app de Netflix gratuitamente. Lo último que hemos sabido es que el mismísimo David Fincher dirigirá la versión estadounidense de El juego del calamar, porque hay que estirar el chicle todo lo que pueda dar de sí antes de romperse. El director es interesante, desde luego, y seguro que encuentra un ángulo curioso, pero, más allá del dinero… ¿No hay nadie dentro de la empresa que vea por qué seguir con la franquicia es una idea terrible?
Franquicia roja, franquicia verde
Sabemos, porque se ha dicho por activa y por pasiva, que no habrá una temporada 4 de El juego del calamar y que, de hecho, su creador la dirigido las dos últimas buscando las cantidades de dinero que no cobró haciendo la primera, casi con desgana (francamente, se nota). Pero las cifras de espectadores siguen contándose por millones, así que, obviamente, hay que tirarse de cabeza.
Hwang Dong-hyuk, la persona que creó la idea y la serie en sí, ha dado también ideas de futuros spin-offs, aunque, francamente, no suenan tan interesantes. Según declaró a Entertainment Weekly, “Tengo la idea de un spin-off durante los tres años entre la temporada 1 y la 2, cuando Gi-hun busca a los reclutadores. Hay tres años y quizá podría mostrar lo que estaban haciendo durante ese periodo, no en la zona de juego, sino su vida fuera”. El no-juego del no-calamar.
Es sorprendente que se haya ultra-capitalizado una serie anti-capitalista, pero es, supongo, el signo de los tiempos. Un éxito no puede quedarse ahí, sino que hay que expandirlo de una y mil maneras hasta que se agote y ya de más pereza que otra cosa. Que pase con una serie como Stranger Things -que pasará- es el símbolo de los tiempos. Pero que pase en El juego del calamar es, directamente, tener un diamante entre manos, hacer una copia de plástico e intentar que el resto del mundo se crea que sigue siendo valioso. Pero es difícil no ver que, como en el cuento del emperador, Netflix va desnudo y nadie se ha atrevido a decírselo.