Para mí, durante años, Kirby fue blanco. No es que tenga daltonismo, es que en la portada de Kirby’s Dream Land, su primer juego de 1992, no había rosa por ninguna parte, y como el juego se hizo para Game Boy no había manera de notar los colores. Masahiro Sakurai quería un juego deliberadamente fácil para enseñar a aquellos novatos en los títulos de acción, y, de hecho, Kirby solo era un sustituto momentáneo: todos en el equipo estaban convencidos de que en algún momento encontrarían a su héroe y dejarían de utilizar, durante los testeos, a esa bola llamada “Popopo” a la que acabaron cogiendo tanto cariño que decidieron convertirla en protagonista: su éxito fue inmediato y fulgurante. ¡Y sigue durando aún ahora, 33 años después!
I’m a pink, pink ball in a pink, pink world
En 1993, Kirby volvió para un segundo juego, el mítico Kirby’s Adventure para NES (que introducía la opción de copiar las habilidades de tus enemigos al aspirarlos) donde se revelaba que la bola blanca era, realmente, rosa, para sorpresa de todo el equipo. Vendió increíblemente bien a pesar de que, por aquel entonces, la mayoría de los juegos ya se hacían para sistemas de 16 bits y la NES se consideraba, casi, cosa del pasado. Fue tan exitoso, de hecho, que el año siguiente, en mayo, decidieron que era la hora de lanzar a Kirby más allá de los videojuegos.
Hoshi no Kirby: Dedede de Pupupu na Monogatari (algo así como Kirby de las estrellas: La historia de Dedede que vive en Pupupu) era un manga escrito y dibujado por Hirokazu Hikawa que seguía las aventuras de los amigos Kitby y Chirby tratando de encontrar el tesoro de Dream Land. Obviamente, por el camino se irán encontrando, especialmente a medida que fueron saliendo juegos, con Meta Knight, Rey Dedede, Waddle Dee y el resto de personajes míticos de la saga, pero viviendo sus propias aventuras y ampliando el lore. Duró 12 años muy bien aprovechados, recopilados en 25 tomos de manga, pero la revista CoroCoro decidió, en 2006, que era el momento de que llegara a su final.

Pero once años más tarde, en 2017, y sin ningún tipo de anuncio final, simplemente se volvió a publicar. ¡Y sigue haciéndolo aún! Eso sí, no hace falta que te preguntes qué estará pasando en la trama, porque lo cierto es que es un manga famoso por lo repetitivo que resulta: se basa en el slapstick y la comedia tontorrona y, al contrario de otros cómics basados en videojuegos, como los de Sonic, no hay mucho lore al que agarrarse: eso no ha evitado que se hayan vendido más de 10 millones de unidades de los tomos y que siga siendo objeto de deseo de los coleccionistas.
También se han publicado 34 novelas infantiles donde Kirby hace equipo con Waddle Dee y se meten en distintos ambientes (aguas termales, montañas nevadas, festivales de música, etcétera) que, efectivamente, tampoco amplían en exceso su historia: al fin y al cabo, Kirby sigue teniendo ese alma con el que le creó Sakurai. O sea, sencillo para poder enganchar a un público nuevo pero lo suficientemente complejo como para que los grandes expertos tarden en conseguir el cien por cien.

Si te quedas con ganas de aún más, porque todo Kirby es poco para ti, también puedes ver los 100 episodios de la serie Right back at ya!, que esta vez sí, ahondaba en los orígenes de la bola rosa y cómo acabó convirtiéndose en el protector de Dream Land como parte de los Star Warriors. ¡Y pensar que todo nació de un diseño que casi descartan a la primera por ser demasiado simplón!

