Si hubo una edad de oro del cine de terror esos fueron los años 80. Las franquicias nacieron y se asentaron como nunca, demostrando que había un hueco en el mainstream para un género que nunca se había respetado del todo. Eso tuvo también sus inconvenientes, pero nos dio a grandes personajes aún hoy recordados. Entre ellos, uno de los más longevos e interesantes nos prometía perseguirnos allá donde éramos más vulnerables: nuestros sueños. Y quizás por eso no ha sido olvidado.
Freddy Krueger es el protagonista absoluta de Pesadilla en Elm Street por encima de cualquiera de los otros personajes. Y lo es por muy buenas razones. Además de tener un aspecto icónico, con su cara quemada, su jersey a ratas y su guante de cuchillas, su humor socarrón y sus tendencias psicosexuales le daban algo que no tenían los otros asesinos en serio: una personalidad marcada. Algo que se desarrollo durante un buen puñado de películas.
Ahora llegan seis de sus películas a HBO Max y es una buena excusa para recuperarlas y hablar de ellas. Incluso si se dejan fuera una de nuestras favoritas, una terrible y otra que cabría reivindicar.
Una franquicia con un inicio excelente
La primera película de Freddy Krueger, Pesadilla en Elm Street, dirigida por Wes Craven en 1984, es uno de los clásicos de culto del terror por una muy buena razón. Estableciéndolo como una amenaza, nos presenta a un asesino en serie que persigue a los hijos de quienes lo mataron en sus sueños. Con un final sorprendente y escalofriante y marcando el tono irónico del personaje por el cual sería conocido, es una primera entrega ejemplar de la cual beberían todas las subsiguientes entregas.
Pesadilla en Elm Street 2: la venganza de Freddy, dirigida por Jack Sholder y estrenada sólo un año después de la original, es una rara avis. Freddy es mucho más violento y cruel, pero no tiene tanta importancia en la trama. La película es más un psicodrama sexual sobre estar en el armario de un chico gay, en el cual Freddy se presenta como el terror a ser visto como homosexual, de un modo tan desconcertante como hilarante. Una película a reivindicar, absolutamente demencial, y que es imposible entender cómo consiguieron que fuera la segunda entrega de una franquicia.
La tercera y la cuarta entrega, Los guerreros del sueño y El amo del sueño, toman por canónicos los eventos de la primera entrega e ignoran todo lo ocurrido en la segunda entrega. Demostrando así que, tras pensarlo un poco —las películas fueron estrenadas en 1987 y 1988 respectivamente—, aquello fue un giro raro para el personaje.
Estas películas se centran en un grupo de jóvenes que están internados en un centro psiquiátrico que tienen pesadillas recurrentes en los cuales son perseguidos o aparecen en la casa de Freddy Krueger. Esto llevará al regreso del monstruoso personaje encarnado de Robert Englund, con cruentas muertes de muchos de los chicos, pero con un toque más fantasioso y épico en el conjunto. Algo que se rebajará en la cuarta entrega, que abusará de elementos humorísticos hasta el punto de hacer más payaso que terrorífico a Freddy, acabando con un anticlimático final feliz.
Un final sin lustre y unas omisiones excelentes
La quinta entrega, El niño de los sueños, se estrenaría en 1989 y es donde la franquicia sufre su mayor altibajo. Odiada por la crítica, funcionó bastante bien entre el público de la época, buscó darle un origen explícito a Freddy Krueger. Algo que consigue con gracia en una película de nuevo excesivamente ridícula en sus excesos y con un final bastante desconcertante.
Pero mucho peor es la última película. Hasta aquí, todo entra dentro de lo aceptable y divertido, cosa que no podemos decir de Pesadilla en Elm Street, el origen. Reinterpretación de la película clásica de Wes Craven dirigida por Samuel Bayer y producida por Michael Bay, arrebata a Freddy de todos sus aspectos icónicos, incluido al actor que hacía del mismo, para hacer un drama criminal con tintes de terror que narra una ridícula historia de orígenes donde Freddy no es más que un pedófilo oportunista. Fea, sin ritmo, personalidad o interés, es exactamente todo lo que se denuncia que son los remakes modernos, pero fue un tremendo éxito de taquilla y la película más taquillera de la franquicia, incluso si fue absolutamente vilipendiada por la crítica y vapuleada por el crítico.
¿Qué se han dejado fuera? Como hemos dicho, una película olvidable, una obra maestra y otra a reivindicar, que son respectivamente Pesadilla final: La muerte de Freddy, La nueva pesadilla de Wes Craven y Freddy vs. Jason. Las tres disponibles en Movistar+ y AppleTV+.
La nueva pesadilla de Wes Craven fue un cierre para la franquicia sin mucho sentido que tiene su gracia como artefacto kitsch, pero no tiene demasiado sentido tras una larga deriva de la franquicia. La nueva pesadilla de Wes Craven es la mejor película de la franquicia y una obra maestra del cine de terror que reinterpreta y parodia el propio éxito de la película original, adelantándose a lo que años después haría sensiblemente peor en Scream. Y Freddy contra Jason es la segunda película más taquillera de la franquicia que, incluso con la banda sonora de nu-metal, es un crossover muy interesante que entiende a sus protagonistas mejor que el grueso de películas de las franquicias de ambos personajes.
Por eso no debería extrañarnos que aún hoy se recuerde con cariño a Freddy. Tiene al menos dos obras maestras del terror, dos películas infravaloradas a recuperar, y un puñado de películas interesantes. Algo que puedes comprobar ahora en streaming, ya que además, estamos a las puertas de Halloween. El momento perfecto para quitarnos el sueño, no vaya a venir Freddy a por nosotros.