Los cortos del Studio Ghibli que nunca podrás ver (a no ser que pagues mucho dinero en Japón)

Hay quien cree que el Studio Ghibli se acaba en Mi Vecino Totoro y El Viaje de Chihiro, pero lo cierto es que su producción es casi inabarcable: 24 películas (contando La tortuga roja, que en realidad es una deliciosa co-producción con varias productoras francesas), una serie de televisión, un buen montón de anuncios, cuatro obras de teatro y hasta dos videojuegos (los míticos Ni No Kuni). ¡Ah! Y aún más, si quieres ver todo el trabajo anterior de sus mandamases, como Lupin III: El castillo de Cagliostro, Conan el niño del futuro o Nausicäa del valle del viento. Todo maravillas.

¡Viaje a Japón!

Seguramente más de una vez has planeado tu viaje a Japón soñado o, aún mejor, te has montado en un avión para ir al país del Sol Naciente. Y sabes entonces que una de las cosas que todo cinéfilo de pro tiene que hacer es ir al Museo Ghibli, una parada obligada cerca de Tokyo donde verás originales, podrás saber cómo se anima, ver la mesa de estudio de Hayao Miyazaki y muchas más cosas, con una arquitectura fascinante y en el que, quizá, su único punto negativo (según como se mire) es que no se pueden sacar fotos.

Lo que no todo el mundo sabe es que la entrada a este lugar mágico es un fotograma al azar de uno de sus productos más desconocidos: los cortometrajes que solo pueden verse en el Museo Ghibli y que van rotando a lo largo de los meses. Son pequeñas obras maestras, algunas de ellas dirigidas por el propio Miyazaki, que nunca han sido editadas en formato físico ni se pueden ver de ninguna manera fuera de aquel lugar. Yo he tenido la oportunidad de ver dos de ellos en dos visitas distintas y son puro Ghibli, un empacho de maravilla. ¡Solo lamento no poder verlos todos y cada uno de ellos!

Entre los cortometrajes hay una especie de secuela de Mi vecino Totoro (Mei and the Kittenbus) en el que Mei vuelve a salir de noche con el Kittenbus, una versión en miniatura del Gatobús, y se encuentra todo tipo de aventuras. También es el lugar donde, con suerte, podrás ver Boro the caterpillar, en el que Miyazaki animó por primera vez utilizando CGI en lugar de la clásica animación a mano, porque no encontraba otra manera de hacer esta historia, a la que el director llevaba dándole vueltas desde la era de La princesa Mononoke.

Y seguramente, si sois como yo, ya estáis pensando “Bueno, pero seguro que hay manera de verlos, ¿no? Estarán filtrados en Internet, donde hay de todo”. Y… lo cierto es que no. Hay alguna cosa por aquí y por allá, e incluso transcripciones de los cortos que se pueden comprar en la tienda del Museo Ghibli, pero ahí queda la cosa: no son lost media porque están más que localizados en el mundo, pero sí es algo que no está en Internet. Quizá por eso sea tan refrescante ir al museo y disfrutar de ver algo por primera vez, casi como si fueras un explorador audiovisual en busca de la Atlántida perdida.

Mientras Hayao Miyazaki sigue trabajando en su siguiente película (que insiste en que será la última, pero ya nos hemos comido esa mentira varias veces), siempre queda el sueño y la esperanza de que, pase lo que pase, siempre habrá algo más del Studio Ghibli por desenterrar, aunque solo sea unos cortos en el cine más chulo en el que vais a estar en toda vuestra vida. No creo que tuvierais precisamente pocas ganas de ir a Japón, pero no está de más echar más leña al fuego.

La ‘Power Rangers’ japonesa acaba de meterse en la mayor polémica de sus 50 años en emisión

El 28 de agosto de 1993, la serie Power Rangers hizo su debut en Estados Unidos, convirtiéndose rápidamente en un fenómeno cultural entre los adolescentes. Esta producción, sin embargo, es un reempaquetado de Super Sentai, un programa japonés que ha sido emitido desde 1975. A medida que Super Sentai se prepara para finalizar tras la emisión de No.1 Sentai Gozyuger, la serie enfrenta turbulencias que reflejan tensiones sociales y culturales en Japón.

Beber no es un gran placer

No.1 Sentai Gozyuger, que se estrenó en febrero de este año, introduce una novedad al contar con una mujer como el Ranger Negro, Maya Imamori, una joven actriz en ascenso. Sin embargo, su participación fue abruptamente interrumpida debido a un escándalo relacionado con el consumo de alcohol antes de alcanzar la edad legal en Japón, que es de 20 años. A pesar de sus compromisos como idol japonesa, Imamori fue expulsada de la serie tras ser objeto de rumores y acoso mediático que cuestionaban su vida personal.

La decisión de eliminar a Imamori de la serie ha generado un debate sobre el sexismo y el racismo en la industria del entretenimiento japonés. La actriz, de ascendencia filipina, fue blanco de críticas desproporcionadas y la presión social la llevó a disculparse públicamente, un acto que refleja las expectativas estrictas que enfrentan las idols en Japón.

Como resultado de su expulsión, el episodio en el que iba a aparecer como protagonista fue eliminado y su personaje ahora es interpretado por otra actriz. A partir del episodio 40, que se emitirá el 30 de noviembre, Imamori será reemplazada permanentemente. Este tipo de situaciones, comunes en el entorno de las celebridades japonesas, pone de manifiesto la cultura de la cancelación y las severas consecuencias que pueden acarrear los errores en una sociedad amenazada por la tradición y el escrutinio público.

Nunca antes el anime había dado más dinero que ahora

La industria del anime en Japón ha alcanzado un valor de mercado histórico en 2024, siendo valorada en 3.840 millones de yenes, equivalentes a aproximadamente 25.250 millones de dólares. Este notable crecimiento fue destacado por la Asociación de Animaciones Japonesas (AJA) durante una presentación en TIFFCOM, el brazo comercial del Festival Internacional de Cine de Tokio.

El anime, más millonario que nunca

El evento se ha consolidado como un punto de encuentro esencial para la industria, donde se discuten tendencias y proyecciones futuras. Durante la sesión, el estudio Toho Global, conocido mundialmente por su icónica franquicia Godzilla, también ofreció presentaciones sobre sus planes de expansión internacional, lo que refleja el creciente interés por el anime y su influencia en el mercado global de entretenimiento.

Este aumento en el valor de la industria podría atribuirse a varios factores, incluidos el incremento de la producción, la creciente demanda de contenido de anime a nivel global y el surgimiento de plataformas de streaming que han facilitado el acceso a estos productos. A medida que más personas se interesan por el anime, se espera que su popularidad siga en ascenso, ofreciendo aún más oportunidades para los creadores y empresas involucradas.

Asimismo, el crecimiento de la industria plantea un panorama de desarrollo continuo para las colaboraciones internacionales y el intercambio cultural. Con la proyección de estudios como Toho, el anime japonés no solo refuerza su presencia en su mercado local, sino que también se posiciona como un jugador clave dentro del ámbito global del entretenimiento.

En un momento en que el entretenimiento japonés sigue ganando tracción fuera de sus fronteras, la industria del anime demuestra no solo su resistencia, sino también su potencial para entrar en nuevos mercados y conquistar audiencias diversas, lo que abre la puerta a futuros desarrollos emocionantes.