Elon Musk quiere hacer buenos a los videojuegos otra vez… utilizando IA. El chiste se cuenta solo

Cada día que pasa va quedando más claro que lo que se prometió como “la gran revolución cultural” se ha quedado en el simple refugio de los mediocres. Estoy hablando, por supuesto, de la inteligencia artificial, capaz de hacer textos sin corazón, imágenes sin alma, vídeos sin naturalidad, extractos de un futuro del que los autores de ciencia-ficción llevaban años previniéndonos. ¿Qué hemos hecho nosotros? Por supuesto, abrazar los dibujos con seis dedos, las mandíbulas descoyuntadas, las caras borrosas y los movimientos antinaturales. Y, de entre todas las personas del mundo, ¿quién diríais que ha decidido apoyar la IA como si fuera la salvación de la creatividad? Por supuesto, el rey de los mediocres: Elon Musk.

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Make video games garbage again

Imagina que eres la persona más rica del mundo. Eres la mano derecha del presidente de los Estados Unidos, posees una empresa aeronáutica, los coches eléctricos más conocidos y hasta una red social propia que has destruido maltratándola. ¿Cuál es el siguiente paso? Pues, para Elon Musk, los videojuegos. ¿Significa eso que ha juntado un grupo de gente que durante varios años creará el futuro de la industria? Por supuesto que no: ha confiado en una empresa de inteligencia artificial.

Literalmente Musk ha dicho en Twitter que ha creado un estudio de videojuegos que utilizará la IA para “hacer los videojuegos buenos otra vez”. ¡Porque no es como si estuviéramos literalmente ahogándonos en juegos pendientes debido a que la mayoría son excelentes! Por supuesto, con “buenos” se refiere a sus ideas fantasiosas de poder anti-woke que cree que la mayoría silenciosa comparte (en lugar de la minoría que grita más fuerte de lo que debería).

La empresa en cuestión, es, por supuesto, xAI (dentro de la obsesión de Musk por la letra X), que hasta ahora ha llevado Grok, la inteligencia artificial de Twitter que literalmente nadie está utilizando. Nadie sabe muy bien a qué se refiere con “hacer juegos usando la IA” (todos los juegos de la historia tienen IA de alguna manera, de eso se trata). ¿Será que todavía le duele lo de aquella vez que fue abucheado en un torneo de Valorant y ha decidido crear sus propios juegos? Sus seguidores en Twitter creen que es la mejor idea que jamás ha existido. El resto solo queremos que esta distopía horrible acabe de una vez.

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Antes de Bluesky ya hubo una red social que trató de competir directamente con Twitter… y se hundió: la triste historia de Pebble

Cuando algo tiene éxito, no son pocos los que corren a copiarlo con la esperanza de conseguir también el éxito. A veces sale bien, como aquella vez que Instagram copió a Snapchat para hacer sus Stories, pero la mayoría de las veces sale mal, como aquella copia de Facebook manufacturada por Google llamada Google+ que a nadie terminó de interesarle demasiado. ¿Y qué pasa con Twitter? En el fondo, es la red social más sencilla de todas: solo hace falta texto, imágenes y un par de funciones. Es fácil copiarla, pero… ¿Para qué necesitamos otro Twitter, si ya tenemos uno y no nos gusta demasiado?

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Pebble hace bam-bam

Aunque ahora todos parece que hemos cogido nuestras maletas virtuales para mudarnos a Bluesky, en noviembre de 2022 este éxodo aún no estaba tan claro. Claramente algo había que hacer tras la llegada de Elon Musk al poder de la red social, pero nadie tenía muy claro el qué. ¿Mudarse a Mastodon? ¿A Threads? ¿A Bluesky? ¿Cuál era el camino correcto? Hay muy pocas migajas, y se las tienen que repartir entre varios, al fin y al cabo.

Nada más llegar a Twitter, Musk decidió echar a gran parte de la plantilla, que de pronto se quedaron compuestos y sin trabajo. Fue el caso de Sarah Oh y Gabor Cselle, que decidieron hacer lo que mejor sabían: crear Twitter 2. O, por resumir, T2, que para evitar litigios evolucionó en Pebble un tiempo después. Pebble era una alternativa a Twitter que permitía, como aquella, 280 caracteres, con la intención de que fuera tan parecida a la red social que ellos amaban como fuera posible, pero con más seguridad y moderación.

Tras varias pruebas desde que fundaron la empresa en noviembre de 2022, finalmente el 25 de abril de 2023 se lanzó Pebble con un sistema de invitación que, de primeras, tan solo permitía postear a 1000 usuarios que debían invitar a otros cinco amigos hasta tener 6000, y después seguir ampliando. Todo esto sin app, tan solo por la web. Y si te estás preguntando si fue un éxito, piensa a ver si la gente se está mudando a Pebble o a otros sitios.

Tan solo siete meses después de abrir, Pebble cerró sus puertas: tan solo 3000 personas lo usaban de manera diaria, y, con esa afluencia, simplemente no era viable. La web se convirtió en una instancia de Mastodon y ahí se terminó la aventura. Otro granito más en esta vasta arena que es Internet, un pie de página en la historia que al menos se atrevió a plantar cara. Oye, ¿quién sabe? Quizá con un poco más de publicidad estaríamos mudándonos a Pebble en vez de a Bluesky…

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¿Ha llegado el final de Twitter o es solo un espejismo? Te contamos por qué todo el mundo se está yendo a Bluesky

Ha sido un goteo diario. Cuando Twitter fue comprada por Elon Musk y empezó a tomar decisiones erráticas, como poder ver los mensajes de la gente que has bloqueado o permitir que su red social se llenara de crispación y mensajes de extrema derecha, no fueron pocos los que acabaron marchándose con viento fresco, bien a una alternativa con relevancia menor (Mastodon, Threads, etcétera) o bien a hacer su vida online lejos de la red social. Durante un año y pico hemos vivido con la duda de cuál sería la sucesora de Twitter, pero solo ahora, cuando al fin ha llegado el éxodo masivo, hemos sabido cuál era la solución.

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Azul como el cielo

Lo que funcionaba en Twitter, en sus inicios, no era la plataforma en sí, sino la gente que te encontrabas en ella. Cuando lo más que te podías encontrar era un troll o alguien aburrido que quería rebatirte. Cuando la mala gente era baneada y las conductas de odio no estaban permitidas. Cuando era un patio de recreo para la creatividad, el humor y el colegueo. Un tiempo después, se ha convertido en Mordor, un lugar en el que la gente que no querías que entrase lo ha hecho, y su mayor placer es molestarte. A ti, específicamente.

Los usuarios de Twitter de toda la vida nos sentíamos como en una cárcel en la que sigues metido porque no tienes una alternativa real: al fin y al cabo, ninguno de los otros destinos tenía la suficiente gente como para crear una comunidad real. Sin embargo, después del éxito de Donald Trump en las elecciones, con Elon Musk como su segundo a bordo, los usuarios más progresistas han decidido buscar una isla donde estar seguros en Bluesky, la plataforma creada por Jack Dorsey al marcharse de Twitter y que básicamente es como una versión primigenia de aquella red social.

Los vídeos solo pueden ser de un minuto, los gifs tienen píxeles, no hay encuestas y no puedes adjuntar fotos en los mensajes directos, pero tiene algo que va totalmente en contra de la dirección actual de Twitter: puedes bloquear listas completas de personas. En solo dos clicks, puedes asegurarte de que no leerás nada que vaya contra tus ideales y que nadie va a venir a tus comentarios a liarla. ¿Es una cámara de eco? Sí. Por supuesto. Después de lo que llevamos viviendo desde 2020, es exactamente lo que necesitamos. Un poquito de tranquilidad. Puede que haya menos gente, pero está creciendo a pasos agigantados… y se nota en la interacción.

Menos gente, más público

El algoritmo de Twitter está tan dañado que actualmente, poniendo el mismo mensaje, tienes más visualizaciones en Bluesky con un cuarto de seguidores. Dicho de otra manera: no vale de nada tener decenas de miles de followers si la interacción es nula porque la red social decide ocultar tus mensajes o mostrárselos tan solo a los que van en tu contra para fomentar el confrontamiento. Y gran parte de la gente ya se ha dado cuenta: los usuarios de Bluesky, que en julio rozaban los seis millones, ahora ya superan los 18, aumentando a un ritmo de un millón por día.

De hecho, es la aplicación más descargada en las App Stores, y todos podemos ver en nuestro conteo de seguidores de Twitter que está haciendo daño real a la otra red social, que poco a poco va bajando, casi goteando, hasta un resultado que al dueño de SpaceX le da, a estas alturas, igual. Al fin y al cabo él ya tiene lo que quería, que era un puesto en política. El resultado natural es el que todos estamos intuyendo: Bluesky y Twitter quedarán separadas por afiliación política, creando sendas cámaras de eco. Salvo unos pocos valientes gritando a la nada y otras cuentas de éxito que no quieran desembarazarse tan rápido de su ego, todo parece indicar que tendremos dos redes sociales potentes, con Threads como el remanso de Stephen King y los usuarios de Instagram.

Y sí, da pereza. Claro que da pereza. Empezar de cero no es plato de buen gusto para nadie, pero hay herramientas y extensiones que hacen que puedas encontrar a tus amigos fácilmente y volver a construir la comunidad desde cero. Puede que tardes en encontrar las cifras que tenías antaño, pero ganarás algo mucho mejor que eso: la tranquilidad mental. El saber que no hay bots, anuncios de criptomonedas ni personas que utilizan tu cara para desprestigiarte. Que no vas a perder tu trabajo por lo que diga un nombre seguido de números que claramente es una multicuenta.

De momento, Bluesky está en sus inicios, y todo el mundo se está tratando con la cordialidad esperada (y esperable). De momento no ha conocido su tope de usuarios y, más allá de los problemas con los servidores, debería prepararse para dar la bienvenida al tuitero número 20 millones. Teniendo en cuenta que Twitter tiene 586 millones de usuarios activos aún le queda mucho, pero nadie creyó que llegaría a tanto. Quién sabe, quizá solo se quede como una red social y marginal, pero es probable que vaya a más, aunque solo sea por el efecto llamada. Porque entrar como un elefante en una cacharrería tiene sus consecuencias. Y no son positivas.

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Bluesky, el “Twitter bueno”, alcanza una cifra récord de usuarios (y Trump tiene bastante que ver en ello)

Si no vives en una cueva (tecnológicamente hablando), te habrás enterado de que los usuarios de Twitter están migrando a Bluesky. Sí, seguramente supieras algo hace meses, cuando Elon Musk, el actual dueño de la red social a la que ahora llama X, introdujo aquel cambio tan impopular. Ya sabes, ese cambio. ¿Qué han sido muchos y no sabes a cuál me refiero, dices? Perdón, culpa mía.

La cuestión es que, durante todo este año, miles y miles de usuarios de Twitter han convertido Bluesky en su nuevo hogar, ya sea como “un sitio más” en el que escribir y leer a otros usuarios, o directamente en un sustituto de la red social que en su día nos enamoró. Un contexto que, como no podía ser de otra manera, ha beneficiado enormemente a Bluesky, que en la última semana ha sumado la friolera de 700.000 nuevos registros, superando los 14,5 millones de usuarios.

“Pero ¿qué ha pasado?”, te preguntarás. En muy resumidas cuentas: Donald Trump. Si Twitter ya era, de base, poco menos que un estercolero discursivo donde la moderación brilla completamente por su ausencia en pos de una falsa “libertad de expresión”, y donde solo se censuran aquellos temas que molestan e incomodan a Musk, la victoria de Trump en las elecciones de Estados Unidos puede significar un punto de inflexión en la red social que ha aupado al que ya fue en su día presidente.

Y la mejor muestra de este momento tan destacado en el panorama de las redes sociales viene de la mano de las swifties (una vez más). Las fans de Taylor Swift han “escapado” de las garras de Twitter, donde Musk (que hizo campaña por Trump) no tuvo reparos en publicar todo tipo de comentarios tóxicos sobre la artista (que apoyó públicamente a Kamala Harris, la rival de Trump en las elecciones estadounidenses), y donde los mensajes de odio han corrido como la pólvora (una vez más, la moderación ni está ni se le espera).

Con este panorama, no es de extrañar que las swifties, al igual que otros miles de tuiteros, hayan decidido hacer de Bluesky su morada. La red social fundada en su día por Jack Dorsey (el también fundador de Twitter) es como deseábamos que fuera Twitter si Musk no la hubiera comprado. Un sistema de moderación muy activo, empleados muy presentes en la propia red social, actualizaciones frecuentes, la posibilidad de bloquear de forma masiva mediante listas… Son muchas las razones que han llevado a más de 14,5 millones de usuarios a habitar Bluesky. Y lo mejor de todo es que esto es solo el comienzo.

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La paradoja de Twitter: las etiquetas de contenido falso animan más a los usuarios a creerse las mentiras

Etiquetar como “controvertidos” los tuits en los que aparecen afirmaciones falsas sobre fraude electoral hace poco o nada por cambiar las creencias preexistentes de los votantes de Trump, y puede hacer que sean más propensos a creer las mentiras, según un nuevo estudio.

Un estudio afirma que etiquetar publicaciones con afirmaciones falsas sobre fraude electoral puede hacer que los votantes de Trump sean más propensos a pensar que son ciertas.

El estudio analizó los datos de una muestra de 1.072 estadounidenses encuestados en diciembre de 2020. Los investigadores publicaron un artículo revisado por pares sobre sus hallazgos este mes en Harvard Kennedy School’s Misinformation Review.

Cuanto más falso es un tuit, más se lo creen sus votantes

“Estas etiquetas ‘controvertidas’ están pensadas para alertar a un lector sobre información falsa/desinformada, por lo que es chocante descubrir que pueden tener el efecto contrario”, explica uno de los autores.

A los participantes se les mostraron cuatro tuits de Donald Trump en los que se hacían afirmaciones falsas sobre fraude electoral y se les pidió que los clasificaran del uno al siete en función de su veracidad. Un grupo de control vio los tuits sin la etiqueta “controvertido”, el grupo experimental los vio con la etiqueta. Antes y después de ver los tuits, también se pidió a los sujetos que clasificaran sus opiniones sobre el fraude electoral en general.

El estudio reveló que los votantes de Trump que inicialmente se mostraban escépticos sobre las afirmaciones de fraude generalizado eran más propensos a calificar las mentiras como verdaderas cuando aparecía una etiqueta de “cuestionado” junto a los tuits de Trump.

Mientras tanto, los resultados mostraron que las creencias de los votantes de Joe Biden no se veían afectadas en gran medida por las etiquetas de “cuestionado”.

En su estudio, los investigadores esperaban que las etiquetas controvertidas apenas influyeran en los votantes de Trump con un alto nivel de conocimientos políticos, dado que investigaciones anteriores habían demostrado que las personas políticamente comprometidas pueden desestimar los esfuerzos correctivos en favor de sus propios contraargumentos.

Los investigadores no predijeron la posibilidad contraria: el correctivo como confirmación. Los votantes de Trump encuestados con conocimientos se resistían tanto a las correcciones que las etiquetas de comprobación de hechos en realidad reforzaban su creencia en la desinformación.

Estudios anteriores e investigaciones de expertos en desinformación han argumentado que cuestionar directamente las creencias de los teóricos de la conspiración puede ser contraproducente, llevándoles a retractarse o a redoblar sus convicciones.

Las redes sociales llevan años intentando crear distintos tipos de sistemas de etiquetado que señalen a los usuarios cuándo un contenido contiene afirmaciones falsas, engañosas o no verificadas. Twitter solía etiquetar algunos tuits con información falsa como “controvertidos”, una práctica que en los últimos años ha sustituido por su función de revisión por pares “notas de la comunidad” y una actitud más laxa hacia la moderación de contenidos en general.

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Una cuestión más amplia que los investigadores de la desinformación han tratado de responder es si las etiquetas y las comprobaciones de hechos que intentan desacreditar falsedades son realmente eficaces, ya que algunos estudios han descubierto la posibilidad de que estas advertencias sean contraproducentes.

Este campo de investigación tiene implicaciones para las plataformas de redes sociales, los medios de comunicación y las iniciativas destinadas a prevenir la desinformación, especialmente en un momento en el que la polarización política es alta y las falsas acusaciones de fraude electoral son omnipresentes.

Después de que el CEO de Tesla, Elon Musk, comprara Twitter por 44.000 millones de dólares en 2022 y le cambiara el nombre por X, la plataforma ha vuelto a incorporar voces de extrema derecha que habían sido baneadas, incluido el propio Trump.