La serie militar LGBTQ de Netflix, titulada Boots ha suscitado una inesperada revisión por parte del Pentágono tan solo una semana después de su estreno. La serie, que aborda temas relacionados con la comunidad LGBTQ en un entorno militar, ha generado un amplio debate sobre la inclusión y la representación de diversas identidades en las fuerzas armadas de Estados Unidos.
¡Marchen, apunten, fuego!
La portavoz del Pentágono, Kingsley Wilson, emitió una declaración en respuesta a la crítica de la serie calificándola como “basura woke”, aunque el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, no ha hecho comentarios públicos al respecto. La serie se centra en las experiencias de soldados LGBTQ, explorando los retos y la convivencia en un ámbito tradicionalmente percibido como conservador. Este enfoque ha sido recibido con reacciones mixtas tanto dentro como fuera del ámbito militar.
Desde su lanzamiento, Boots ha llamado la atención no solo por su temática audaz, sino también por el contexto en que se presenta. Históricamente, las fuerzas armadas han tenido una larga trayectoria de exclusión hacia las personas LGBTQ, aunque en años recientes ha habido un movimiento hacia una mayor aceptación e inclusión. En este sentido, la revisión del Pentágono podría reflejar una tensión entre el avance de la representación en medios y el conservadurismo existente en ciertos sectores del gobierno.
Además, se especula que el escrutinio por parte de las autoridades militares podría derivar de un deseo por controlar la narrativa en torno a la representación de las fuerzas armadas en un contexto tan inexplorado. La controversia en torno a ‘Boots’ podría ser un catalizador para discusiones más profundas sobre inclusión y diversidad en el ejército, lo que llevará a un examen más amplio de cómo estas historias son presentadas y percibidas por el público en general.
Todo lo relacionado con Star Wars es un éxito inmediato, siempre y cuando no toques a los jedis. Ese es un campo de minas tremendamente peligroso que es mejor no tocar. Nadie quiere que se pueda dar una vuelta de tuerca a lo ya conocido e incluso expandir lo ya sabido se ve, más veces que no, con escepticismo por unos fans bastante agresivos con su franquicia. Especialmente si eso incluye hablar de que había jedis que fueran mujeres o no caucásicos.
Esto es algo que experimentó en sus carnes una de las series de Star Wars más interesantes de los últimos años. Star Wars: The Acolyte quiso hacer algo diferente, mirando en una de las épocas más ricas y vividas del universo de Star Wars, con un casting impresionante, pero los fans la odiaron. ¿Por qué? Esa es una buena pregunta, porque no parece que fuera porque la serie estuviera en absoluto mal.
Jedis cuando ser jedi aún no era extraño
Situándose al final de la era de la Alta República, aproximadamente 100 años de La amenaza fantasma, la serie se sitúa en una época de paz. Existe relativa estabilidad en la galaxia y los jedis aún están en un momento de apogeo, aunque todo eso está a punto de cambiar.
La serie comienza con Osha, una ex-padawan que abandonó su entrenamiento como jedi debido a una agitación interna que tiene con respecto de su conexión con la fuerza, que se reencuentra con su maestro jedi, de nombre Sol, para investigar una serie de crímenes terribles. Algo que les llevará a descubrir una verdad terrible: la orden sith, que se pensaba que había desaparecido de la galaxia, sigue en pie. Y tiene una profunda conexión con ellos dos.
A partir de aquí, la serie es una notable mezcla de historia de detectives, de kung-fu y una clásica película de Star Wars. Teniendo como resultado una mezcla muy fresca y diferente que la hace mucho más interesante que la mayoría de obras derivadas de la franquicia.
Otra de las razones por la que resulta interesante es por su casting. Con unos personajes particularmente ricos, de interacciones vividas, consigue destacar en particular el Maestro Sol de Lee Jung-jae, conocido en occidente por su papel como Seong Gi-hun en El juego del calamar. Demostrando así su versatilidad al defender, de forma excelente, no sólo un papel completamente diferente por el cual le conocemos, sino al hacerlo también en un idioma que no es el suyo.
Un review bombing por woke
Sin embargo, como hemos dicho, la recepción de la serie fue menos que positiva. Hubo críticas legítimas, con mucha gente a la que genuinamente no le gustó por diversos motivos. Eso ocurre incluso con las mejores series. Pero también hubo un grupo de gente que se sintieron violentados por ciertos aspectos de la serie que no deberían ser en absoluto problemáticos para nadie: que sus actores principales, que además eran los jedi más prominentes, eran mujeres y personas de color.
La actriz protagonista, Amandla Stenberg, es afrodescendiente. El actor protagonista, Lee Jung-jae, es coreano. Si a eso sumamos el hecho de tocar que sean jedis, encendió la mecha de muchos fans que lo vieron como un ataque, considerando la serie como woke, llegando a llamarla The Wokelyte, iniciando un proceso de review bombing y acoso donde intentaron por todos los medios sepultar a la serie. Consiguiendo que la percepción y la recepción de la serie, tras sus primeras semanas, fuera absolutamente terrible.
Algo que contrasta con su recepción original. Durante sus primeros cinco días logró 11.1 millones de visualizaciones, convirtiéndose en la serie más vistas de Disney+ de 2024 hasta el momento. Los críticos, además, llegaron a un consenso favorable sobre la serie. Y sólo después del inicio del review bombing con las acusaciones de ser una serie woke se empezó a difundir la idea de que fuera mala o un fracaso de alguna clase.
Eso no quita para que aún sea posible ver la primera y única temporada de la serie. Una serie singular dentro del universo de Star Wars, tanto por su tono como por la época que visita, que si bien no será plato de gusto para todo el mundo, bien se merecía una oportunidad. Porque le pese a quien le pese, The Acolyte tenía muchísimas virtudes por las que merece la pena volver a ella.
La reciente película de Pixar, Elio, ha generado controversia no solo por su contenido censurado, sino también por su desempeño en taquilla. La producción, que costó entre 150 y 200 millones de dólares, ha recaudado solo 73 millones, marcando el peor estreno en la historia del estudio. Los cambios significativos en la trama y personajes se deben a las directrices de Disney, que forzaron la eliminación de temas relacionados con la identidad de género y la protección ambiental.
Una película con una fuerte censura interna
El director original, Adrian Molina, abandonó el proyecto tras recibir críticas y ver cómo su visión se desmoronaba. Inicialmente, Elio era concebido como un personaje queer que reflejaba experiencias personales de Molina, un director abiertamente gay. Sin embargo, después de las intervenciones de los ejecutivos, se relegaron elementos de su carácter original que lo hacían más inclusivo y auténtico. La actriz America Ferrera también dejó el proyecto en respuesta a cambios constantes en el guion, lo que resultó en una falta de representación latina en el liderazgo.
Los críticos apuntan a que Pixar ha retrocedido en sus esfuerzos por mostrar diversidad, a pesar de que se podría haber mantenido una postura más fuerte ante la censura interna. Así mismo, se ha señalado que la falta de identidad de la película ha dejado a los espectadores desconectados emocionalmente. La película, que inicialmente había sido bien recibida en proyecciones de prueba, no logró captar el interés del público en general, lo que llevó a alarma dentro del estudio.
Con Elio siendo un claro ejemplo de las luchas internas de creatividad y representación dentro de Pixar, el futuro del estudio se plantea incierto. Los cambios impuestos no solo han afectado la autenticidad de la película, sino también la imagen de Pixar como un pilar de innovación y diversidad en la animación. En tiempos donde los directores pierden su voz y las historias se convierten en sombras de lo que podrían ser, el camino hacia el futuro parece más complicado que nunca.
Neil Druckmann, el director de Naughty Dog, ha abordado recientemente la reacción negativa en torno a su próximo título, Intergalactic: The Heretic Prophet. Este juego, que presenta a una mujer de color calva como protagonista, ha sido objeto de críticas por parte de un grupo minoritario en línea considerado anti-woke. En respuesta a los comentarios tóxicos, Naughty Dog decidió deshabilitar los comentarios en el tráiler de revelación durante los Game Awards del año pasado, tras enfrentar una avalancha de respuestas hostiles sobre la apariencia del personaje principal, Jordan.
Neil Druckmann, cansado de los comentarios tóxicos
En una entrevista con Last Stand Media, Druckmann instó a centrarse en la creación artística y a desestimar el ruido de las críticas. “Es simplemente algo que ocurre en la actualidad con los medios, que debes ignorar en su mayoría, mantenerte firme y hacer lo que crees”, afirmó. Esta respuesta sugiere un compromiso de Naughty Dog con la autenticidad en el arte, desafiando las expectativas en un momento en el que las críticas han cobrado vida propia en el ámbito de los videojuegos.
Intergalactic: The Heretic Prophet ha sido descrito como un juego cuya narrativa se centra en la fe y la religión, en un intento por distanciarse de la controversia que rodeó proyectos anteriores de Naughty Dog. El juego está inspirado estilísticamente en Cowboy Bebop, lo que apunta a una experiencia de acción con un enfoque narrativo distintivo. Aunque aún no se han revelado detalles sobre la jugabilidad, algunos comentaristas señalan que se percibe como una propuesta asegurada, a pesar de la controversia que la rodea.