En el Festival de Venecia han decidido batir todos los récord de la manera más espectacular posible. Se han pasado casi 25 minutos aplaudiendo a NAZA, un documental que documenta de manera sistemática la matanza de civiles palestinos en Gaza. Algo que le ha valido la mayor ovación de la historia no solo del Festival, sino de cualquier festival que se haya registrado en la historia del cine.
Una película de un tema controvertido
NAZA es una película que se rodó en secreto en los tejados de Tel Aviv, entrevistando hasta a 24 oficiales y soldados israelís. Tardando tres años en editarse, utilizando por nombre el término para referirse a los daños colaterales que se esperan en cualquier clase de ataque, la película es la gran favorita para ganar el Festival de Venecia. Algo bastante evidente cuando se pausaron 25 minutos aplaudiendo la película.
Si bien generalmente ganar el León de oro suele ser indicativo de un buen recorrido a futuro en los Oscar, debido a su tema parece que NAZA puede ser la excepción si eso ocurriera. Pero como aún está por ver si llega a ganarlo, lo que es seguro es una cosa: no va a dejar indiferente a nadie dado el impacto que ya ha logrado entre el público de Venecia.
Supergirl es uno de los mayores fracasos del año, incluso haciendo números que no deberían ser los de un fracaso. Con 38 millones de dólares a nivel doméstico y 68 millones a nivel mundial, la película ha resultado en un auténtico fracaso de expectativas, no alcanzando ni remotamente lo que se esperaba de ella. Resultando en el primer pinchazo del nuevo DCU.
Supergirl no es tan super en taquilla
Con unas expectativas de un primer fin de semana que hiciera entre 50 y 55 millones de dólares de taquilla, sus 38 millones se queda muy lejos de su propósito inicial. Y es que la película no ha sido precisamente barata de producir. Con 170 millones de coste de producción, es una película con un coste desproporcionado incluso para las películas de superhéroes. Haciendo que el coste para que las cuentas salgan sea enorme.
Los cálculos para considerar cuánto debe hacer en taquilla para que sea rentable son complicados. Las salas de cine se quedan parte de lo recaudado, como es evidente, y dentro del presupuesto no se cuenta los gastos de marketing, que actualmente puede llegar a ser de más de la mitad del propio presupuesto de la película. Por eso se calcula que, para que la película no genere pérdidas, debería tener que generar al menos 300 millones en taquilla. Si es que no 375.
Además, a eso cabe sumar que no ha gustado tampoco entre la crítica ni entre el público. Con un 56% de críticas positivas en Rotten Tomatoes, las opiniones del público parecen más divididas: con un B- en CinemaScore, solo un 59% del público masculino la recomendaría, apuntando a un problema que va más allá de la calidad de la película. Y que bien puede acabar lastrando a la película a largo plazo.
Toy Story 5 está causando división entre la crítica. No causando la sensación esperada, parece que es una película que no ha terminado de encandilar como lo hicieron las anteriores. Todas las anteriores películas de la franquicia han conseguido mejores críticas agregadas tanto en Rotten Tomatoes como en Metacritic de hasta diez puntos, haciendo que esta sea la peor película recibida de la historia de la franquicia. Algo que pone en riesgo su estreno, si es que el público acaba siendo de la misma opinión, algo que está por ver.
Esto también hace interesante hacerse una pregunta. Toy Story 4 es hoy considerada una película poco menos que terrible, ¿pero por qué? A la luz de la consideración de esta quinta entrega es interesante volver a ella y ver qué ocurrió con ella y por qué, intentando entender si había algo malo en ella o solo hemos sido injustos con una película que en realidad estaba bien, incluso si no estaba a la altura de la trilogía original. O quizás, incluso estaba a la altura de la misma.
Algunos problemas logísticos
Para empezar, es una película que no le ayudó su contexto. Estrenándose nueve años después de Toy Story 3, en 2019, quienes crecieron viendo Toy Story ya no tenían la misma relación con la franquicia. Difícilmente con hijos propios, pero tampoco con la misma relación con sus juguetes o con Toy Story, era difícil capitalizar las emociones que buscaba explotar. Haciendo que fuera un trabajo mucho más difícil de lo que debería ser.
Al mismo tiempo, también fue la época donde Pixar empezaría a demostrar que era falible. Después de Toy Story 4 estrenarían Onward, Soul y Luca que, sin ser malas películas, no conectarían con el público del mismo modo que sus anteriores películas, demostrando que habían perdiendo parte de su chiste. Algo que ya se sospechaba tras el desempeño más que cuestionable de El viaje de Arlo unos años atrás.
Tampoco es que la película fuera mala. Fue una película que puede considerarse más floja que la trilogía original, pero no necesariamente es como se percibió en el momento. Con un 96% de aprobación en Rotten Tomatoes y un 84 en Metacritic, con una recepción positiva del público del 89% en Post Trak por parte del público, estos son buenos números para cualquier película. La peor valorada de las películas hasta el momento, pero no infamemente peor valorada que el resto, y mucho mejor valorada que Toy Story 5, con un 74 en Metacritic y un 93% en Rotten Tomatoes.
Si a eso sumamos que tuvo 69 nominaciones a premios, de los cuales ganó 29, difícilmente se puede considerar un fracaso. Si bien son pocos considerados con las 97 y 42 de Toy Story 3, siguen siendo grandes números. Demostrando que si bien no era tan buena como las originales, era una buena película.
El problema de la gente
Además, Toy Story 4 tuvo otro problema: se encontró con polémicas totalmente ajenas al hecho en sí de la película. A pesar de que en Pixar no tenían intención alguna de crear ninguna clase de discurso político con la película, la crispación existente en la esfera anglosajona de las redes sociales hizo que hubiera una hipervigilancia, aún hoy presente, que llevó a que la película se viera afectada por la misma. Lo cual llevó a varios boicots que, aún hoy, hace que se perciba de una manera diferente de lo que es.
Debido a que en la película aparecen de forma extremadamente breve dos madres lesbianas, hubo varios boicots acusando a la película de incentivar una agenda LGBTIQ+, tanto por parte de asociaciones conservadoras como por parte de entidades individuales de extrema derecha en redes sociales. Esto emponzoñó el discurso y el debate publicó de la película, tiñendo la opinión de la misma durante semanas y meses, afectando a la misma hasta el día de hoy.
Todo esto ha llevado a que se tenga una opinión terrible sobre la calidad de Toy Story 4. Una película que si bien no es perfecta, no es el terrible choque de trenes que se suele vender. Peor que la trilogía original, pero en ningún caso el desastre del que se suele hablar hoy en muchos círculos, tanto entre críticos y fans. Por eso, y ahora que se estrena su quinta parte, que parece que no ha salido tan bien, es un buen momento para recordar que Toy Story 4, después de todo, quizás no estaba tan mal.
AppleTV+ tiene una de las series del año, o eso parecen pensar ellos, porque han decidido dar luz verde a una segunda temporada poco después del estreno de su primera temporada. Hablamos de La maldición de Widow’s Bay, una serie que ha pasado desapercibido entre muchas personas, pero que tras su estreno el pasado 29 de abril ha conseguido hacerse con no pocos adeptos por una cosa muy sencilla: su singular mezcla de comedia y terror.
Una isla de lo más turística
La serie, creada por Katie Dippold, transcurre en una isla de Nueva Inglaterra donde, en el pueblo de Widow’s Bay, empieza a haber un resurgimiento de la misma gracias a los esfuerzos de su alcalde para convertirlo en un atractivo destino turístico. ¿Su problema? Los demás residentes de la isla creen que la isla está maldita y, en general, no quieren turistas en su isla, así que se encargarán de que se propague esa idea por el pueblo y más allá de cualquier modo que sea necesario.
Con este propósito tan singular, esta primera temporada ha creado un perfecto equilibrio entre comedia y terror al hacer que los vecinos de Widow’s Bay sean… menos que ideales. Algo que continuará en la segunda temporada, ya que según su creadora, “lasegunda temporada tratará sobre cómo todo va genial en la isla y no hay nada de qué preocuparse”. Algo que era de esperar viendo cómo eso es exactamente lo que ha estado ocurriendo hasta el momento en la primera temporada.
Porque la primera temporada ni siquiera ha acabado todavía. Concluirá el próximo miércoles 17 de junio y, con un 97% de aprobados en Rotten Tomatoes, es la serie más celebrada de la temporada. Por lo que si estás buscando una serie ahora mismo y te gusta el terror o la comedia, tienes aquí la serie perfecta a la que engancharte, porque si algo está demostrando AppleTV+, es que es la nueva casa de las series de prestigio.
Las historias de auge y caída gustan mucho. Probablemente porque cuentan la clase de historia que se conoce como va a acabar: alguien vuela demasiado cerca del Sol y acaba quemándose. Es interesante ver qué es lo que precipita ese fracaso. Y pocas historias en televisión de auge y caída son como las de Euphoria. La mayor serie de televisión de los últimos años cuya tercera temporada está siendo un absoluto fracaso. Pero era fácil prever que eso iba a pasar. Porque todas las señales estaban ahí desde su segunda temporada.
Una serie que conoció tiempos mejores
No siempre ha sido la cosa así. Si algo se puede reconocer es que hubo un tiempo en que Euphoria era todo. Copaba las conversaciones en redes sociales, se hacían edits constantes e incluso la crítica parecía encantada con la serie. Incluso si su representación de la adolescencia siempre ha sido exagerada, era atractiva e interesante por unas buenas actuaciones y un cuidado visual que mantenían interesados tanto al público como a la crítica. Los personajes importaban. Era fácil empatizar con ellos. Y era atractiva visualmente. Era fácil engancharse.
¿Qué ocurrió para que dejara de funcionar? Lo más evidente es que la serie comenzó a perder parte de ese atractivo con el tiempo. Es algo que se hizo notar por parte de la crítica del paso de la primera a la segunda temporada. Donde de la primera se destacaban sus actuaciones, su aspecto visual y sus historias, de la segunda ya solo se destacaban estos dos primeros aspectos. Y en la tercera temporada solo ha ido a peor.
Las tramas de la tercera temporada son absurdas y no parecen ir a ninguna parte. En muchas ocasiones, ni siquiera parecen tener ningún propósito más allá de ofender o buscar alguna clase de impacto en los espectadores. Algo que en ocasiones han conseguido. Pero siempre a costa de algo importante: sus personajes.
La mayor queja sobre esta tercera temporada, vapuleada por crítica y público por igual, es que no es lo mismo. Y es normal. Las historias, vagamente coherentes, no permiten a actores y actrices desarrollar a sus personajes de maneras interesantes y emocionalmente impactantes como antes, haciendo que tengan mucho menos impacto. Y debido a la pérdida de interés en lo visual, la serie ya no genera el mismo interés.
El problema de no saber cuándo dejarlo ir
Pero hay otro problema que cabe señalar y que es muy importante para una serie como Euphoria: ha pasado mucho tiempo entre temporadas. Entre la primera y la segunda temporada pasaron casi tres años. Entre la segunda y la tercera han pasado más de cuatro. Eso hace más de siete años para tres temporadas en lo que es, definitivamente, una serie con un público objetivo claro: personas de entre 18 y 25 años. En el tiempo que ha pasado en la producción de tres temporadas alguien que estuviera en lo más bajo de la horquilla de su público objetivo ha dejado ya de estarlo.
Esto es un problema. Y lo es porque la gente crece, madura, sus gustos cambian. Quizás esta tercera temporada, tal y como es, hubiera funcionado igual hace cuatro años. Pero no ahora. No especialmente cuando está acompañada de enormes polémicas con algunas personas de su reparto y con otras con una imagen completamente alejada de lo que hacen en la serie, a causa de cómo ha evolucionado su carrera. Porque hacer una temporada al año no es un capricho: es una necesidad para no perder al público objetivo ni que tus propios actores dejen de ser atractivos para el mismo.
Producciones tan dilatadas en el tiempo como las de Euphoria no tienen sentido. Menos aún en una serie cuyo público objetivo es joven y tan joven que tres temporadas en siete años significa, literalmente, un tercio de su vida. Y ese es el problema de la serie: que no han sabido capitalizar su éxito o dejarla ir.
Euphoria podría haber funcionado con cinco temporadas en cinco años o aceptando que una tercera temporada tras siete años no tenía sentido. Pero o no han sabido dejarlo ir o no han sabido cómo acelerar la producción de la serie, haciendo que se convierta en un fracaso. Porque ya no existe el público. Porque ya no saben hacer una buena temporada de Euphoria. ¿Pueden salvar la serie en una hipotética cuarta temporada? No si tardan otros cuatro años en sacarla. Y viendo su historial, es dudoso que eso ocurra.
007 First Light se lanzó el pasado 27 de mayo siendo aclamado de forma unánimemente por la crítica. Alabando su capacidad para recrear al personaje en videojuego y ofrecer una experiencia accesible para los jugadores más casuales mientras ofrece también una experiencia desafiante para quienes tienen callo con la franquicia Hitman, está llamado a ser uno de los serios candidatos a juego del año. Y parece que los jugadores opinan lo mismo, ya que ha logrado vender un millón y medio de copias en sus primeras veinticuatro horas.
007 no puede parar de triunfar
Esto ha convertido a 007 First Light en el lanzamiento vendido más rápidamente en la historia de IO Interactive. Un mérito considerando que la franquicia Hitman, históricamente, ha funcionado muy bien.
007 First Light está ya disponible en PlayStation 5. Xbox Series X|S y PC, y saldrá en Nintendo Switch 2 en la segunda mitad del año. Con una puntuación de 88 en OpenCritic y 87 en Metacritic, es uno de los juegos más aclamados del año. Y siendo que parece que las películas van a seguir lo visto en el videojuego, no hay razón para que todos los fans del personaje no se animen a probar uno de los juegos más interesantes del año.
En Disney han reconocido que están teniendo problemas para llegar al público joven. Star Wars llega al público mayor de 30 años, pero parece que ya no llama la atención entre los niños como lo hacía antes. Si a eso sumamos que las series están funcionando mucho peor de lo que esperaban, parece que tienen una crisis creativa entre manos. Especialmente considerando que hace ya siete años que no tenemos una nueva película de Star Wars, invitando a pensar que este universo muy, muy lejano puede estar en crisis. Especialmente porque The Mandalorian and Grogu ha sido abiertamente despreciada por la crítica.
Una película con poco sentido
El Mandaloriano es una serie que, en su estreno, fue muy apreciada. Dirigida por Jon Favreau, supo hacer todo lo que necesita hoy una franquicia de ciencia ficción para ser relevante. Tener un personaje con carisma, una mascota adorable que la gente quiere achuchar, hacer una inteligente mezcla de géneros y tener un tono esperanzador y más anclado en la aventura que otra cosa. Una fórmula ganadora que ha funcionado de forma sistemática en los últimos años, como ha demostrado Project Hail Mary.
De hecho, las dos primeras temporadas fueron un gran éxito. Tanto crítica como público disfrutaron muchísimo de las aventuras del Mandaloriano y Grogu, el bautizado por el público Baby Yoda. El problema es que en la tercera temporada la cosa se empezó a torcer. La crítica fue menos que entusiasta con una temporada errática y que parecía no tener claro a dónde quería ir, y el público no respondió de forma muy diferente: los números no fueron terribles, pero no fueron los de sus dos primeras temporadas. Y el discurso del público no fue tan entusiasta como el de las dos primeras temporadas. Comenzando a demostrar signos de agotamiento.
The Mandalorian and Grogu es un cierre para la serie en forma de película. Con todos los involucrados en aquella, quiere ser una gran fiesta para los fans. Pero la pregunta es, ¿existen aún fans de El Mandaloriano como para justificarlo? Y sobre todo, ¿tiene sentido como película?
Parece que la respuesta, sobre todo para esto segundo, es no. La crítica ha vapuleado a la película acusándola de ser como un episodio alargado, pero peor producido, sin realmente ser satisfactorio en ningún sentido posible. Salvo aquello donde nunca ha habido quejas. El Mandaloriano está genial, Grogu es adorable y la música es excelente, pero el CGI, la acción y la estética no parece el de una película, con una calidad muy por debajo de lo que se esperaría de una película de alto presupuesto. Ya no digamos de una producción de Disney. Aun encima, de una serie que destacó, precisamente, por el cuidado de todos estos aspectos.
Una galaxia muy, muy lejana que no entusiasma
Que la crítica y el público no siempre van de la mano no es algo desconocido. Pero con El Mandaloriano y con Star Wars, en general, suele haber cierto solapamiento. Algo que no son buenas noticias para Disney, incluso con unas proyecciones de los expertos tremendamente pesimistas.
Según los analistas, la película hará 80 millones de dólares en sus cuatro primeros días de proyección. Una cifra excelente para cualquier otra película, pero nefasta para una película de Star Wars: ninguna película de la franquicia ha hecho nunca menos de 100 millones. Algunas de ellas, consideradas fracasos por ello. Algo que hace pensar que The Mandalorian and Grogu puede ser el principio de algo que ya se estaba notando en las series. La gente quizás ya no está tan dentro de Star Wars como lo estaba hace diez años.
Los números tras su estreno, en cualquier caso, han sido algo mejores de lo esperado. Con 12 millones de dólares en su primer día, las previsiones ahora han incrementado hasta los 90 millones. ¿Significa esto que The Mandalorian and Grogu está camino de ser un éxito por sorpresa? No. Significa que puede ser un fracaso menor de lo que se esperaba. Pero salvo que acabe haciendo unos números mucho mayores, parece que va a engendrar una conversación que nadie quiere tener. Que quizás Disney está agotando sus franquicias.
Quizás el público ya no está ahí. Está cansado de Star Wars. Son décadas de la misma franquicia, de supremacía cultural, y no siempre calidad a la altura del mito. Es posible que solo necesite un descanso o encontrar la tecla adecuada. Es imposible de saberlo. Quizás, sí, Star Wars esté agotado y ya no interese como antes. Pero lo que parece evidente es que The Mandalorian and Grogu ya no interesa como en sus dos primeras temporadas. Y que en Disney deben empezar a plantearse qué están haciendo con Star Wars.
Mortal Kombat 2 se estrena el próximo viernes 8 de mayo y existe una gran expectación. Las previsiones son apoteósicas, ya que la anterior película fue un gran éxito de taquilla y público, incluso si la crítica no le entusiasmó. Algo que parece que comparte con su secuela, al menos en parte. Ya que ha dividido enteramente a la prensa: hay tantos enamorados de ella como auténticos haters.
Una película divisiva
Según IGN, que le han dado un 8 sobre 10, la película “entiende completamente que su atractivo está en la emoción de ver a personajes destrozarse los unos a los otros, no tanto las motivaciones en ello”. Slashfilm, que coincide en su nota, la ha denominado “como si la mezcla del chocolate y la crema de cacahuete fuera una película”, afirmando que “fácilmente una de las mayores sorpresas del año”. Y en Cinemanía, con tres estrellas y media sobre cinco, la han definido como es “altamente disfrutable tanto para nostálgicos como para aquellos que en su vida han cogido un joystick”.
Eso no significa que todo sea entusiasmo. Para Polygon, que no le ha puesto nota, “llamarla película es, de hecho, tremendamente generoso”. Según AV Club, Mortal Kombat 2 “combina fruslerías de directo a vídeo con aburrimiento propio de un blockbuster” y para Mashable es directamente “otro desastre feo y sin sentido”.
La película, divisiva como ha sido, parece que lo es menos por defectos que por una clara diferencia en la sensibilidad de los críticos que la abordan. Algo que bien puede jugar en su favor. Quienes les gustara la primera película, parece que encontraran en esta segunda un viaje incluso más intenso y disfrutable. Quienes la odiaran, parece que no hay nada aquí para ellos. Lo que parece seguro es que no va a dejar indiferente a nadie y que Mortal Kombat 2 va a ser una de las películas de la temporada, para bien o para mal.
La película The Bride!, dirigida por Maggie Gyllenhaal, ha tenido un estreno global desalentador, recaudando solo $13.6 millones en su primer fin de semana. De esta cantidad, el mercado doméstico aportó $7.3 millones, lo que representa un rendimiento notablemente bajo en comparación con otras producciones de la industria. Este resultado no solo marca un fracaso en términos de taquilla, sino que también interrumpe la racha de apertura de nueve películas del número uno de Warner Bros., que había gozado de un éxito continuo en los últimos lanzamientos.
Una película que ha fracasado en todos los ámbitos
Con un costo de producción estimado en $80 millones, la situación se torna aún más preocupante para el estudio, ya que los ingresos obtenidos insinúan una pérdida significativa en comparación con la inversión realizada. Este debut ha sido recibido como un completo rechazo por parte del público, quien ha mostrado poca disposición a apoyar el enfoque innovador de Gyllenhaal en la novela clásica de Frankenstein, que incluye giros inesperados y un elenco destacado.
La película, que reimagina la historia del monstruo de Frankenstein desde una perspectiva femenina, tiene el potencial de ser vista con más aprecio en el futuro a medida que se desarrolle su repertorio crítico y de audiencia. Sin embargo, la desilusión es palpable, ya que los resultados iniciales sugieren que The Bride! podría ser uno de los mayores fracasos del año. La aceptación del público será crucial en las próximas semanas, ya que un desempeño inadecuado en la taquilla podría afectar la carrera profesional de Gyllenhaal como directora.
Este año el cine ha estado trufado de blockbusters arrasando la taquilla, especialmente este final de año, y experiencias audiovisuales que poco tienen que ver con el cine, pero tampoco hemos estado desprovistos de grandes películas a la vieja usanza. Tanto películas espectaculares y cautivantes por lo visual, como películas de grandes guiones e incluso mayores actuaciones que llaman la atención al público cinéfilo y atraen consigo a un público más general.
Ese ha sido el caso de una de las películas más celebradas, si es que no la más celebrada, de Leonardo DiCaprio. Una auténtica sorpresa que ha causado sensación, ha arrasado a su paso y, a pesar de haber costado una morterada de dinero, ha conseguido ser un éxito de taquilla. Siendo una firme candidata para los Oscar de 2026. Porque Una batalla tras otra es una de esas películas del año que no debes perderte.
Una batalla tras otra es una película, cuanto menos, con una premisa interesante. El protagonista de la misma, “Ghetto” Pat Calhoun, es un porrero con una hija mestiza de dieciséis años. Salvo porque la hija es de otro hombre, un militar que tuvo un romance con su pareja y que ahora, cuando intenta entrar en una secta secreta de supremacistas secretos, la intentará matar para ocultar lo que considera un vergonzoso pasado. Algo que pondrá en funcionamiento una historia de paranoia, grupos secretos, intentos de asesinato y grupos terroristas que irán mucho más allá de todos los personajes involucrados.
¿Cómo se explica semejante locura de argumento? Básicamente, a través de dos grupos de nombres propios. Por un lado, el de sus dos actores protagonistas: Leonardo DiCaprio y Sean Penn. Por otro lado, el de los creadores de la historia: Paul Thomas Anderson y Thomas Pynchon.
Leonardo DiCaprio hace de un exmiembro de un grupo revolucionario, actual porrero sin beneficio, que hará cualquier cosa por proteger a su hija. Salvo quizás dejar los porros. Sean Penn hace de un militar de ultraderecha desquiciado hasta el punto de estar dispuesto a unirse a una secta. Y en el caso de ambos son capaces de dar sentido a dos personajes que rozan la caricatura, dándole vida en constantes matices minúsculos, en las que pueden ser fácilmente las mejores actuaciones del año. Algo que sin duda tiene mucho que ver con quienes están detrás de las cámaras.
Thomas Pynchon es un escritor que, para los amantes de la literatura posmoderna, no necesita presentación. Para quienes no, Pynchon es considerado el padre y santo patrón de la literatura paranoica, con un estilo maximalista y absolutamente desquiciado, con personajes siempre al borde de la esquizofrenia. Aunando sectas, planes secretos, guerras en las sombras y una vena poética y referencias constantes, está considerado uno de los mejores, si es que no el mejor, escritor estadounidense vivo. Lo cual también conlleva algo: también se le ha considerado absolutamente impenetrable para el común de los mortales, incluso si no es tan difícil de leer, e imposible de adaptar al cine, algo que sí es más justo.
Al menos, hasta la llegada de Paul Thomas Anderson. El cual ya le ha adaptado dos veces con éxito al cine.
Adaptando en 2014 la extremadamente desquiciada Inherente Vice, considerada la novela más accesible de Pynchon, ahora se ha lanzado a adaptar otra de sus novelas consideradas más sencillas, Vineland, en esta Una batalla tras otra. O para ser exactos, una parte de la novela. Una batalla tras otra hace una versión modulada, mucho menos desquiciada y dejando gran parte de la novela fuera, para convertirla en una gran odisea sobre una lucha de un padre y una hija contra una sociedad que los odia por sus prejuicios.
El resultado es una película que ha arrasado entre crítica y público. Con un 95% en Metacritic, ha recaudado más de 200 millones de dólares en taquilla con un presupuesto de 130 millones. Todo ello la sitúa como una de las grandes favoritas para los Oscar, tanto para sus actores protagonistas como para su director, al estar en la intersección perfecta para estos premios: ser popular como para justificar el premio, pero ser lo suficientemente culta como para que tenga sentido premiarla.
Si todo esto te ha dejado con curiosidad por verla, no tendrás que esperar para hacerlo. O no mucho. Una batalla tras otra llega el próximo 19 de diciembre a HBO Max. Así que prepárate y guárdate 162 minutos para verla, porque si una película tiene potencial de dar que hablar durante 2026, es esta.