Valve es una de las empresas más valoradas del videojuego. Donde todas las demás compañías tienen altibajos y, en general, parecen no tener fandoms claros, en Valve existe una veneración casi universal. A todo el mundo le gusta Steam. Nadie habla mal de Half-Life, de Portal, de Left 4 Dead. Parece una opinión común que un mundo sin Valve sería peor y, si bien hay críticas legítimas y recurrentes a ciertos aspectos del negocio de Steam, no son tan comunes o ruidosas como con todas las demás compañías. Ni siquiera Nintendo, famoso por lo leales y ruidoso de sus fans, ha conseguido algo así.
Eso no significa que todo lo que Valve esté bien o que todo lo que haga vaya a ser incontestado. Son capaces de hacer las cosas mal, de no prever de forma adecuadas las cosas y cometer errores. Incluso de acabar pinchando de forma notoria cuando menos lo esperamos. De hecho, lo han hecho en el pasado, aunque de formas que no les han afectado notablemente. Pero parece que esta vez pueden haber encontrado un problema más grande de lo que esperaban. Y es que la Steam Machine no es nada de lo que el público esperaba.
Una máquina para nadie
Presentándola el 22 de junio de forma completamente por sorpresa lo que más sorprendió es el precio. Por 1.039€ de base por el modelo de 512GB de almacenamiento interno sin mando, se presentó con cuatro modelos. Siendo el más caro de ellos el que tiene 2TB de almacenamiento y Steam Controller incluido, costando 1.428€. Algo que ha llevado a la pregunta más importante, ¿merece la pena?
Con un procesador AMD Zen 4 de 6 núcleos, una gráfica AMD RDNA3, una única unidad 16 GB de RAM DDR5 y 8 GB de VRAM GDDR6, la realidad es que son unas características bastante decepcionantes. Lo más similar en rendimiento sería una PlayStation 5 base, ni siquiera una Pro. La cual, al momento de escribir estas líneas y aun con las numerosas subidas de precio por parte de Sony, cuesta con mando incluido 589€. Algo más de la mitad de los 1.108€ que cuesta la versión con mando más básica de la Steam Deck.
Si se hace una comparación con otros PCs, la realidad es un poco más ajustada. Si hiciéramos un ordenador por piezas de estas características costaría alrededor de los 900 euros, por lo que el precio de la Steam Machine no parece tampoco fuera de lo lógico: ofrece algo dentro de los estándares del mercado, ya ensamblado y con garantía de calidad de Valve. Pero con un problema. Esto no es un ordenador, sino un ordenador consolizado. Y se supone que debe competir con las consolas.
Es ahí donde la Steam Machine no consigue convencer. El grueso de personas que esperaban esta máquina no era para sustituir a su ordenador, si no para sustituir a sus consolas. La idea era tener un ordenador en el salón que se comportara como una consola, y ahí es donde no queda claro que funcione.
Expectativas fallidas
El problema de la Steam Machine es que, por su precio, es posible comprarse cualquiera de las consolas. O varias de ellas. Tener un combo de PlayStation 5 o Xbox Series X|S y Switch 2 es perfectamente viable por lo que cuesta solo la Steam Machine. Teniendo en cuenta además que la consola de Nintendo cuesta menos de la mitad que la nueva máquina de Valve y tiene un rendimiento igual o mejor y que además tiene capacidades portátiles, hace difícil ver cuáles son las ventajas de la máquina de Valve.
Excepto una. El catálogo de Valve. La Steam Machine se vende por su catálogo: es donde tienes todos tus juegos de Steam y poder jugarlos en el salón es una gran ventaja. Pero, ¿hasta qué punto lo es? La limitada potencia de la Steam Machine hace que muchos juegos AAA no vayan a funcionar como deberían en la máquina. Y los juegos nuevos se van a ver mejor en otras máquinas que en la Steam Machine.
Ahí está la clave del problema de la Steam Machine: es una máquina sin un objetivo claro. Es una máquina creada para ser cómoda y dirigirse a un público que quiere un ordenador consolizado con el que jugar a sus juegos de ordenador en la televisión, no necesariamente a novedades o juegos muy potentes, pero tiene un precio muy superior al de todas las demás consolas del mercado. Y no solo eso: su precio es superior ya no solo al del alquiler o la hipoteca de la mayoría de las personas, sino que lo es del sueldo mínimo interprofesional de la mayoría de países donde se vende.
¿Qué podría haber hecho Steam al respecto? Dos cosas: o subsidiarla o haber esperado. Podría haberla vendido a 700 o 800 euros y haber perdido dinero, aceptando la ganancia en imagen de marca que eso supone, suponiendo una oferta más competitiva con respecto de las consolas de sus competidores. También podría haber esperado a lanzarla hasta 2027 para ver si el problema de la crisis de componentes aminoraba y podían bajar el precio a uno más razonable donde el lanzamiento no fuera el problema que tienen ahora entre manos.
Porque es imposible saber si la Steam Machine funcionará o no, pero algo es evidente: es una máquina cara sin un público claro. Puede triunfar, pero tiene todo en su contra para ello. Ahora solo el tiempo y los consumidores dirán. Pero sobre el papel, Valve no ha hecho un buen movimiento con la Steam Machine.