El remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time ha causado un gran revuelo. Mucha gente lo ha amado, una cantidad equivalente de gente lo ha odiado y no parece haber un punto medio entre ambos. Es normal que encienda tantas pasiones porque The Legend of Zelda es una franquicia importante para el medio y que ha creado muchos fans a lo largo de sus 40 años de historia. Pero que además, es mucho más importante de lo que muchas personas pueden imaginarse.
Porque cuando salió hace 40 años fue un pequeño cataclismo. Uno que no pudo suceder de no ser porque el terreno estaba abonado para su éxito. Porque el primer The Legend of Zelda fue un juego revolucionario por todos los juegos que existieron inmediatamente antes de él y que llevaron a que pudiera crearse la franquicia legendaria que es hoy. Pero es una historia un poco más compleja de lo que siempre se cuenta.
El origen de los Action RPG es japonés
Antes de The Legend of Zelda existían otros juegos que fueron dando forma a lo que hoy conocemos como el Action RPG. Y quizás el primero y más influyente fue The Tower of Druaga. Este arcade de Namco, diseñado por Masanobu Endō, que no salió de Japón hasta varias décadas después, tenía una particularidad muy marcada: teníamos que avanzar por una torre descubriendo secretos ocultos sin pistas que nos guiaran. Enfrentándonos a enemigos y un tiempo límite en cada fase, era posible no poder pasarse el juego o pasar de cierto nivel si no encontrábamos el secreto de determinados niveles.
¿Cómo podían pasarse el juego la gente? Compartiendo información. En los arcades de todo Japón se ponían libretas para que la gente pusiera en ellas la información que iban descubriendo. A veces verdadera, a veces falsa, para poder ir avanzando en común a través del atemorizante Druaga. Algo que lo convirtió en un enorme éxito que se convertiría en una tremenda inspiración para posteriores RPGs japoneses, pero también juegos muy posteriores, como Dark Souls.
Sería tan influyente que dos franquicias, prácticamente en paralelo, tomarían nota de lo que hizo para construir sus propias ideas. Una fue Dragon Slayer y la otra Hydlide.
Dragon Slayer, desarrollada por Nihon Falcom, es considerada la progenitora del Action RPG tal y como lo conocemos. Muy orientada a la acción y con elementos de dungeon crawling, introduciría la gestión de items como principal novedad con respecto de su antecesor. Por su parte Hydlide, publicado solo tres meses después, destacaría por inspirarse también en un clásico del RPG, The Black Onyx, introduciendo a la fórmula del Action RPG un mundo abierto que explorar. Y también en el que morir. Porque eso había fácil avanzar en diferentes direcciones donde era perfectamente viable acabar donde no se debía ir antes de saber por donde sí había que avanzar.
El juego que fusionó todo y pulió las aristas
Todo esto ocurrió entre mediados de 1983 y finales de 1984. The Legend of Zelda no salió hasta el 21 de febrero de 1986. En tanto, durante 1985 otros juegos siguieron haciendo evolucionar la fórmula de forma constante. Dragon Slayer II: Xanadu introdujo side-scrolling, algo que le llevaría dos generaciones de consolas introducir a The Legend of Zelda, Hydlide II: Shine of Darkness se enfocaría más hacia el RPG poniendo más peso en el equipamiento y las posibilidades del mismo, y otros muchos juegos intentarían inspirarse más en Wizardry que en Ultima o The Black Onyx para hacer sus juegos.
Pero Nintendo sería quien se llevaría el pato al agua. The Legend of Zelda encontrarían la fusión perfecta de todos los elementos: un mundo abierto fascinante y complejo, al estilo Hydlide, pero que no castigara en exceso el fallo y que enfatizara tanto el combate, como la exploración, como hacía Dragon Slayer. Algo que hicieron dando énfasis a los objetos con usos muy concretos, al estilo de The Tower of Druaga, pero con dungeons más específicos, más cercanos a The Black Onyx, sin abandonar su propia personalidad: un toque de narrativa propia en forma de la trifuerza y unos pocos rasgos propios en el manual y unas pocas líneas de diálogos.
El resultado lo conocemos todos. El juego fue recibido con entusiasmo y fue considerado, por muchos, una obra maestra. Vendió 6.51 millones de copias a lo largo de la vida de la NES y fue uno de los mayores súper ventas de la consola. Creando tras de sí toda una franquicia que aún hoy perdura en el tiempo.
Una franquicia que ha cambiado mucho. Qué duda cabe. Pero la gloria de ese primer The Legend of Zelda surge de estudiar lo que estaban haciendo todos los demás y saber coger solo un aspecto concreto de cada uno para crear el juego perfecto para ellos. En ese sentido, The Legend of Zelda no creo el Action RPG, pero lo refino y le dio forma. Y no ha parado de hacerlo durante años. Por eso es fascinante. Porque nos dio una magistral clase de diseño. Y aún hoy es un juego excelente al que volver para jugar de nuevo.