¿Qué nos gusta más a los gamers que jugar? Exacto, pelearnos entre nosotros por tonterías. Nintendo o Sega, PlayStation o Xbox, Overwatch o Fortnite… La cosa es pelearse y hacer de menos al rival aunque sean consolas o juegos distintas y complementarias. Sin embargo, ninguna pelea fraticida jugona será nunca tan increíble como la que lleva acompañando a varias generaciones por un pequeño juego de Disney que salió en Mega Drive y Super Nintendo casi a la vez, hecho por dos estudios distintos y, de hecho, con un resultado totalmente diferente. Han pasado 33 años desde su lanzamiento, y ya va siendo hora de desempolvarnos la nostalgia para decidir… ¿Cuál es el mejor Aladdin?
Yo soy el rey
Pero antes, un poco de contexto: ¿Cómo llegamos hasta este momento en el que la industria de los videojuegos no tenía uno, sino dos adaptaciones distintas del mismo juego (además de las versiones para portátil)? Pues esta fue la primera vez que Disney se metió en el mundo de las consolas en persona, queriendo olvidarse de otras adaptaciones terribles que habían licenciado a lo largo de los años. Así, BlueSky se encargaría de la versión de Mega Drive y Capcom (que tenía un acuerdo previo con Disney) de la de Super Nintendo. Dos estudios veteranos, frente a frente, dispuestos a dar lo mejor de sí para conseguir las futuras licencias del estudio.
Aunque en un principio Disney desechó a BlueSky tras ver un solo nivel, al final volvió a confiar en ellos con la esperanza de que en seis meses pudieran crear el juego perfecto de Aladdin coincidiendo con su salida en VHS. Para asegurarse de que todo salía bien, Mike Dietz y su equipo de animadores animaron 1400 fotogramas para asegurarse de que el estilo era perfecto. El resultado fue que la versión de Mega Drive tenía un movimiento perfecto, una animación impecable que resulta en una auténtica obra maestra de su generación. Sin embargo, Super Nintendo no se quedó parada mientras tanto.
Al fin y al cabo, Capcom estaba detrás, y hay que ser honestos: aunque ambos son juegos de plataformas algo estándar (por más que los hayamos mitificado), al de Mega Drive le faltaba algo para ser perfecto en su jugabilidad. Era más fácil morir por culpa de un juego mal diseñado, por así decirlo, mientras que el de Super Nintendo parecía saber mejor lo que se estaba haciendo: sus mecánicas eran increíbles, y no había manera de que pudieras morir por culpa de un mal diseño: si fallabas al saltar, agacharte o pegabas cuando no era, se trataba exclusivamente de tu culpa. Más justo, imposible.
Mucho se habló de la música de Mega Drive, y es cierto que suena mejor, pero no dejan de ser las canciones de la película en MIDI con uno u otro ritmo. Personalmente me gusta que la de Super Nintendo sea más clásica y simple, pero va por gustos. Pero los juegos en sí mismos son distintos: en Mega Drive, Aladdin se entrega a la acción, espada en mano, mientras que en Super Nintendo es más bien un saltarín entre distintas plataformas, armado con manzanas. Para gustos, los colores: el uso de la espada es un disfrute absoluto, pero los niveles creados por Capcom son una fantasía.
Porque esa es otra: los niveles de Mega Drive eran más espectaculares, pero los de Super Nintendo más complicados y repletos de recovecos. Suplía la falta de espectacularidad por el gusto de tener un reto ante ti. Es normal que los fans se sigan peleando por estos juegos años después porque, como veis, son tan similares como diferentes, y van dirigidos al mismo tipo de público. Pero la pregunta es clara: ¿Cuál es mejor? La respuesta no le va a gustar a quien busque un puñetazo en la mesa definitivo: si buscas espectáculo, el de Mega Drive. Si buscas, mejor, un juego con mayor complejidad en el gameplay, el de Super Nintendo. Porque las mejores peleas no se ganan: se empatan, disfrutando de ambas cosas en momentos diferentes de la vida. Y ahora, ¿a alguien le apetece una partidita?